Función social de la Universidad

Ponencia en el Congreso del Profesorado Argentino (Buenos Aires, noviembre de 1940). Revista del Profesorado, 105-115, julio - diciembre 1940; Revista Médica de Córdoba, 29, N° 3, 181-194, 1941; Universidad de Cuyo, 1941; Escritos y Discursos, 69-86.

Papel de la Universidad

La Universidad es el centro de la actividad intelectual superior, y cumple así un papel social de la más elevada jerarquía. Su función consiste en crear los conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar a la inteligencia, formar los hombres más selectos por su cultura y su capacidad. Como bases fundamentales de su acción debe enseñar el respeto a la verdad, desarrollar la aptitud de buscarla con acierto, e inculcar la noción de que es un deber el servicio social.

"Dictando su cátedra de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas. Abril de 1928" (la fotografía y el epígrafe reproducen el original del archivo de Caras y Caretas en el Archivo General de la Nación).El hombre se destaca y distingue entre todos los animales por su aptitud y su ansia de adquirir conocimientos, su capacidad de acrecentarlos y transmitirlos a través del espacio y del tiempo, y de utilizarlos en provecho de sus semejantes. La elaboración de los nuevos conocimientos es, por lo tanto, la actividad más elevada y más genuina de la mente humana. La investigación es la función primera de la Universidad, ya que primero deben crearse incesantemente los conocimientos que luego han de enseñarse.

Los problemas a resolver son y seguirán siendo infinitos, y corresponde su aclaración a la Universidad como centro superior del conocimiento. Por estas razones, la investigación es la característica esencial que distingue a una Facultad o escuela o instituto universitario. Una institución que no investiga puede ser una escuela técnica o de arte u oficio, pero no es verdaderamente Universidad aunque ostente ese título.

En la Universidad se aprenden los métodos mejores, más acertados y seguros, que permiten instruirse durante toda la existencia, pues un universitario estará obligado a estudiar mientras viva y esté en actividad, ya que todas las ramas del conocimiento están en evolución y adelanto permanente.

El más tremendo error de nuestra enseñanza superior es que está basada en la idea anticuada de la simple transmisión del conocimiento adquirido y no en enseñar a adquirirlo constantemente por la investigación, método que ha dado su vigor a las universidades modernas, por ejemplo a las alemanas y estadounidenses. Por eso nuestras facultades atiborran de conocimientos ya superados, mas no cumplen debidamente su obligación de instruir y formar hombres capaces de tener iniciativas, de plantear los problemas y resolverlos con acierto.

Una verdadera Universidad debe ser el centro cultural de la Nación donde, en una atmósfera moral y de sano idealismo, se forman espíritus selectos y se elabora el progreso intelectual y social por medio del cultivo de la filosofía, las ciencias, las artes, las profesiones clásicas y las nuevas que vayan exigiendo el adelanto técnico y las necesidades colectivas.

La Universidad debe estudiar y enseñar todas las actividades superiores del pensamiento, en forma desinteresada, sin sacrificar nunca la profundidad a la cantidad. No debe limitarse a unas pocas profesiones, pues cae entonces en la rutina y en el aislamiento de las escuelas que se miran como gremios rivales, sin prestar debida atención a las preocupaciones intelectuales más profundas que forman la esencia misma de la cultura superior de un mundo civilizado.

En las grandes Universidades se cultiva la universalidad de los conocimientos humanos, pero en especial las disciplinas desinteresadas y básicas, por amor a la verdad y para educar y armar la inteligencia. Por eso sus escuelas fundamentales son las de Filosofía, Ciencias y Letras, que debieran concentrar las nueve décimas partes de los estudiantes universitarios y ser un escalón obligado para poder luego estudiar cualquier carrera profesional. Una Universidad verdadera debe poseer buenos institutos de Física, Astronomía, Matemática, Química, Biología, Anatomía, Fisiología y Botánica, etc., en actividad científica permanente, con personal full time. Si no los tiene, no está aún suficientemente adelantada y no es una verdadera institución superior.

La función social de la Universidad es, pues, múltiple. Debe crear y difundir los conocimientos cada vez más completos que se alcancen por la investigación. Debe preparar buenos profesionales que apliquen experta y razonadamente, técnicas y métodos útiles a la sociedad presente y futura, y que sean capaces de seguir atentamente el adelanto de sus profesiones durante toda la vida. Y, sobre todo y ante todo, debe formar a los hombres más sobresalientes de la sociedad, por su cultura general y su preparación, que se distingan por su manera más acertada de hallar, plantear y resolver los problemas, por su aptitud de comprender y su capacidad de obrar, por su amor y respeto por todo lo que es bello y elevado, y por su ferviente anhelo de contribuir al bienestar de sus conciudadanos. Debe formar hombres capaces de pensamiento y de acción inteligente, decididos y realizadores, pero no impulsivos o intuitivos, evitando el peligro de que con la idea de formar hombres prácticos se formen individuos de horizontes limitados. No hay que olvidar que los que ahondan la verdad pura hallan más cosas aplicadas que los llamados hombres prácticos.

Toda Universidad argentina debe inculcar en sus graduados el amor a la verdad, el espíritu de libertad intelectual o de tolerancia, el deber del servicio social, y el espíritu democrático, basado en la justicia, que permite que cada hombre pueda alcanzar sus aspiraciones legítimas, siempre que contribuyan a mejorar moral, intelectual y materialmente a sus semejantes. Una democracia no es verdadera si las posiciones dirigentes no son ocupadas por los más capaces y rectos, y si van a manos de corruptores o demagogos o audaces improvisadores.

Patología de nuestra Universidad

Nuestro ambiente universitario experimenta incesantes e innegables progresos por obra de las cátedras y también, en gran parte, por los servicios o instituciones extrauniversitarias. Crece constantemente el número de hombres cultos y de especialistas en las diversas ramas del saber y de la técnica. Pero es indudable que no se adelanta tanto y tan rápidamente como sería de desear y es posible, porque se cometen faltas por omisión o por acción equivocada. No existen orientaciones modernas bien definidas, se realiza poca investigación seria, y los métodos de enseñanza son malos. Más que universidades propiamente dichas, tenemos conglomerados de facultades profesionales rutinarias, con espíritu gremial más que con tendencias de cultura superior.

La actividad principal de la mayor parte de los profesores es la práctica profesional fuera de la Universidad, y no se dedican principal y exclusivamente a la enseñanza e investigación. El full time es tolerado, pero no estimulado ni ayudado debidamente. Es increíble lo que cuesta obtener una posición full time para un hombre capaz, aunque signifique un sacrificio económico para el que la acepte y grandes beneficios para la Universidad.

La intromisión de la política es mayor de lo que conviene, lo que se explica por la falta de autonomía económica de la Universidad y porque la mayor parte de sus componentes tiene sus intereses más importantes fuera de ella. La llamada política universitaria es una lucha de personalismos en afán de predominio, de caudillos que desean el poder para la ostentación y para realizar actos de favoritismo o sólo para construir edificios o crear muchas cátedras deficientes. No desarrollan planes más profundos porque no conocen bien ni comprenden las orientaciones universitarias fundamentales, y en especial, las más modernas.

Mientras que es deseable que la enseñanza universitaria básica y cultural, o sea filosofía y ciencias y letras, alcance a muchos millares de alumnos, es imposible dar una enseñanza profesional seria a grandes masas. Nuestras escuelas médicas con 500 a 800 alumnos por curso provocan la hilaridad y burla mundial, pues se sabe que no puede haber más de 400 a 500 alumnos en toda la Facultad, es decir, 50 a 100 por curso. El problema no es graduar a muchos diplomados, sino formar buenos profesionales útiles a la sociedad. El método actual permite que obtengan el diploma muchos que no son malos, mientras que los buenos no reciben toda la calidad de enseñanza que merecen. En una verdadera democracia todos tienen derecho de aprender, pero el deber de aprender bien y ser útiles a sus semejantes; no hay el derecho de aprender mal o sólo para satisfacciones egoístas o fines puramente individuales.

Es un error gravísimo el multiplicar las cátedras débiles que sólo tienen el nombre de tales y tratar de demoler los institutos. La política sana y mundialmente adoptada consiste en tener pocos departamentos o institutos, pero buenos, con miembros full time dedicados a la investigación y a la docencia, con bibliotecas y medios de trabajo adecuados. Crear muchas seudocátedras es malgastar el dinero, dificultar gravemente el progreso y crear focos de actividad defectuosa que pueden perpetuarse y formar escuela.

No basta gastar dinero para obtener descubrimientos. Es mejor invertirlo primero en hombres, segundo en medios de trabajo, y sólo en tercer término en edificios. Porque tengamos los edificios más grandes no tendremos por eso sólo las mejores escuelas del mundo. Según un conocido símil, importa más el pájaro que la jaula. Mejor es conseguir buenos pájaros cantores que tener gorriones en jaulas de oro. Bienvenidos los edificios, pero primero formar a los hombres.

Es lamentable la falta de esfuerzos coordinados y de una política previsora de largas vistas para ayudar a que se formen y preparen los jóvenes investigadores y los futuros profesores. Los jóvenes necesitan ejemplos, disciplina y oportunidades; actualmente es fácil hallarlos, en nuestro país, con ansia de aprender, con ambiciones justas y nobles, con amor a la justicia, abnegación y generosidad hasta el sacrificio. Pero no hay nada en nuestros planes universitarios para ayudar su desarrollo, son excepcionales las posiciones full time, y hay pocas becas y sitios de trabajo. Nuestras universidades esperan que sus investigadores u hombres de ciencia sean fruto del heroísmo excepcional o de la generación espontánea, o del milagro.

La enseñanza es dogmática y libresca, apela a la memoria más que al entendimiento, tiene por fin aprobar exámenes y no adiestra a observar y comprender; es extensa, detallista y superficial, pero no instruye en lo que es fundamental. Se basa en declamaciones o recitaciones llamadas clases, que se multiplican cada vez más, no dejando tiempo al trabajo personal y a la reflexión. La preocupación de aprobar los exámenes domina todo, da prestigio electoral a los examinadores complacientes, que suelen ser malos profesores, multiplica los períodos de examen y sus turnos, los hace prorrogar, engendra los llamados apuntes que van siendo los pésimos libros en que se forma nuestra juventud, rebaja la enseñanza y amortigua a la inteligencia. Los trabajos prácticos son escasos e imperfectos, a menudos son ficticios y constituyen una mera formalidad molesta más que una fuente de enseñanza. Las masas excesivas de alumnos, en relación con los medios, la insuficiencia de la enseñanza práctica, y el contacto escaso o nulo de los profesores con los alumnos, producen universitarios que no saben pensar con autonomía y acierto, carecen de base, no tienen iniciativa ni capacidad para seguir progresando, y son crédulos a todo error.

Todo este régimen universitario defectuoso y deplorable, agravado por la intromisión de la política externa, ha creado un malestar permanente entre los alumnos, que notan que no aprenden bien, y que miran al profesor como un opresor que los aprieta en los exámenes, más que verlo como a un compañero de trabajo que enseña con su ejemplo y su experiencia. Este malestar y este antagonismo engendran las asociaciones y los movimientos estudiantiles que no tienen razón de ser y que serían incomprensibles en las buenas universidades de las grandes naciones civilizadas.

La extensión universitaria no debe consistir en que, por razones políticas, algunos alumnos perciban sueldos para recitar temas mal aprendidos de higiene a públicos mal preparados. Las universidades pueden, deben dar y dan algunas clases o cursos de divulgación, en que hombres eminentes explican en forma clara y simple problemas importantes, nuevos o profundos, a un público general. Pero no es conveniente ni necesario que usurpen la enseñanza elemental o secundaria o higiénica, que es función de otras instituciones, abandonando con ese pretexto sus deberes fundamentales de centro de investigación original y enseñanza superior.

Malo es no tener investigación, pero peor es tenerla mala; convendría que se concluyera la mala costumbre de publicar anualmente costosos tomos de trabajos sin verdadera originalidad. También es preciso que algunos profesores comprendan que es contrario a la ética el firmar malos trabajos realizados por colaboradores improvisados y obsecuentes. Es también contraria a la ética la propaganda periodística de conferencias, métodos curativos y medicamentos secretos, que desgraciadamente toleran las autoridades, y que a veces no corrigen con energía las facultades.

La función social de la Universidad y la investigación

Sólo puede desarrollarse y mantenerse una civilización cuando un número considerable de hombres selectos trabajan unidos para fines comunes.

Sala de investigación de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Agronomía y Veterinaria.Hemos visto que el papel social de la Universidad consiste en formar un ambiente intelectual superior, crear y propagar los conocimientos, desarrollar y disciplinar las inteligencias y formar los hombres dirigentes por su capacidad y su acción benéfica. La Universidad debe estar abierta a todos los que tengan idoneidad y aptitudes en el límite en que se les puede instruir seriamente y de que sean útiles para la colectividad, sin cerrar los puestos a los graduados de otras escuelas.

La Universidad no sólo tiene por objeto el estudio de la ciencia abstracta o aplicada, sino también la formación del carácter de los hombres superiores por sus aptitudes y su capacidad. La educación científica fundamental, en un ambiente moral sano, desarrolla las cualidades más nobles, como ser el respeto de la verdad, la noción del deber y el espíritu de altruismo y amor al prójimo.

La ciencia afecta y es afectada por el estado social y el sistema político de un país. La Universidad debe preocuparse por los problemas sociales y las necesidades de nuestra Nación, en lo que respecta a legislación, sanidad, industria técnica y comercio, considerando los problemas actuales y los que la previsión nos señala para el futuro.

Debe impartirse enseñanza fundamental para formar hombres cultos e instruidos, dar enseñanza profesional, preparar especialistas y formar hombres de ciencia. La enseñanza universitaria debe contemplar todas las necesidades científicas, prácticas y sociales del país.

Hemos dicho que la función primera y principal de la Universidad es la investigación, o sea la búsqueda continua de la verdad, que es permanente porque las ciencias están en incesante progreso y perfeccionamiento. Los problemas a resolver son y serán infinitos, y corresponde su estudio a la Universidad como centro superior del conocimiento.

El cultivo de las ciencias obedece a varías razones: l ) psicológicas, o sea satisfacer la curiosidad y el ansia de saber; 2) racionales, o sea comprender mejor al mundo exterior; 3) sociales, o sea aplicar los conocimientos al mejor bienestar humano.

La ciencia da, pues, conocimiento y al mismo tiempo poder y bienestar. La potencia de un país, y hasta su independencia, dependen de su adelanto técnico mantenido por la investigación permanente. Un país técnicamente débil no es una nación poderosa, y los países rivales, dueños de una técnica más adelantada, tienen mayores probabilidades de triunfo en las lides humanas del comercio o de la guerra. La industria o la agricultura sin la técnica se estancan, fosilizan y arruinan. Recíprocamente, la ciencia recibe de la industria un poderoso estímulo, como lo demuestra el hecho de que los países industriales suelen alcanzar un mayor desarrollo científico.

No hay ciencias aplicadas, sino aplicaciones de las ciencias. Cultivando las llamadas ciencias puras se descubren sus aplicaciones. Es imposible llegar a hacer investigaciones originales sin consagración absoluta, y ante todo, dominar algunas de las ciencias básicas. El que sabe bien química se distinguirá en cualquiera de sus ramas aplicadas, pero el que sólo estudia una de éstas no conocerá bien ni a esa rama ni a las demás. Es nociva la tendencia de algunas de nuestras escuelas universitarias a multiplicar las materias aplicadas, lo cual suele obedecer a razones profesionales de índole pecuniaria o gremial mezquinas; o en otros casos, a falta de conocimientos metodológicos generales de los dirigentes.

La investigación debe ser realizada por la Universidad, el Gobierno (sanidad, agricultura, industria), la industria privada y la defensa nacional. La falta de investigación no es sólo una desgracia para un país, sino que es un verdadero crimen.

Organización de la enseñanza e investigación universitaria

La enseñanza debe ser individual, objetiva y razonada. Debe desarrollar la aptitud de observar, razonar y comprender por sí mismo. No consiste solamente en aprender las técnicas, que son importantes, pero cambiarán más tarde, sino en una educación que ejercita el razonamiento y desarrolla la capacidad de encontrar, comprender o valorar con acierto los nuevos principios o técnicas.

La enseñanza debe formar el carácter, desarrollar el juicio propio, la iniciativa y la capacidad de acción. Los profesores que estimulan más tales aptitudes son investigadores en actividad. Sus vistas son más amplias, sus conocimientos más sólidos, su ejemplo y su autoridad inspiran más a los jóvenes. Naturalmente que deben tener vocación por la enseñanza, generosidad y gusto en tratar con los jóvenes. Faltándole estas cualidades, un investigador no deberá ser nombrado profesor.

El profesor no se debe elegir por sus piezas oratorias, sino por su capacidad ante la realidad y los problemas nuevos. Debe elegirse como profesor al hombre que lleva a cabo los estudios más originales y forma los mejores discípulos. Debe ser un ejemplo por su conducta personal, su cumplimiento y su espíritu de justicia. Ha de ser estudioso, investigador, original, organizador, laborioso, generoso y estimulante para con los jóvenes.

Debe limitarse el número de alumnos a la capacidad escolar de las escuelas, de tal modo que reciban instrucción práctica y educación individual, bajo dirección competente. El adelanto de un hombre debe ser la diferenciación creciente de sus aptitudes individuales, de modo que contribuyan al adelanto general. Las facultades deben seleccionar los candidatos a ingreso que reúnan las condiciones físicas, intelectuales y morales necesarias para seguir con eficacia los estudios.

La limitación de las matriculas a la capacidad docente de las escuelas se aplica en la mayor parte de los países, cada vez más, pues es la base de todo plan moderno de enseñanza. Se impone por razones docentes, éticas, económicas y sociales que he explicado en otros trabajos. Las principales objeciones que pueden hacerse consiste en la dificultad de una selección inobjetable y en que, en nuestro país, el favoritismo o la presión política o social pudieran llegar a hacerse sensibles.

La investigación y la docencia, en la forma que exige el adelanto moderno, deben realizarse en institutos, o sea centros donde varios investigadores especializados en diversas ramas de una ciencia, trabajan con espíritu de colaboración, con dedicación exclusiva a la investigación o la docencia. Si falta cualquiera de estas condiciones, dicho centro no es un verdadero instituto. En ellos deben trabajar técnicos competentes, vengan de donde vengan, no siendo conveniente ni aceptable que sólo sean aceptados en ellos los diplomados de la misma Facultad. Los institutos son centros de adiestramiento y enseñanza, donde se aprende a trabajar con disciplina, con espíritu cooperativo y no con el aislamiento grato a los mediocres, desarrollando la capacidad crítica y la discusión objetiva con amplia libertad espiritual y a la vez respeto a los semejantes y satisfacción por sus éxitos. No deben ser focos de opresión intelectual donde un cacique impone sus ideas, impide la individualidad y prohíbe todo disentimiento.

Los institutos deben poseer buenas bibliotecas y recursos de trabajo. Puede conocerse la calidad de una Facultad o instituto con sólo examinar su biblioteca, la cual vale por su actualidad y actividad y no por el número de tomos que tiene en depósito.

No llegaremos a tener una investigación seria sin el full time o tiempo integral o completo. Es necesario la dedicación exclusiva, verdadera e intensa, no sólo del profesor, sino también de sus auxiliares y de los trabajadores que concurren al instituto.

El porvenir científico de nuestro país depende de la implantación del full time y de un buen sistema de becas de perfeccionamiento, que permita a nuestros jóvenes adquirir, traer e implantar ideas y métodos que permitan formar un ambiente cultural y científico serio y activo.

Para que las becas rindan los resultados que se esperan de ellas, deben llenarse varias condiciones: 1) buena preparación previa y selección correcta; 2) trabajar en un solo sitio y bajo dirección bien elegida; 3) estar en el extranjero un tiempo suficiente y no excesivo, más de 10 meses y no más de 30; 4) asegurar al becado posiciones adecuadas para que a su regreso trabaje en la actividad que ha aprendido.

El becado va no sólo a aprender técnicas, que pronto serán superadas, sino a adquirir una educación intelectual y ética, que desarrolle su inteligencia y sus aptitudes, para que a su vuelta constituya un foco de acción donde desarrolle una labor original y seria.

Es preciso que tengamos un sistema de becas bien organizado y que mandemos cada año decenas de los hombres más capaces a que se perfeccionen. A estas becas debieron sus progresos rápidos los Estados Unidos, el Japón y otras naciones. Me excuso de exponer este problema con más detalle, por razones de tiempo y porque he escrito al respecto un pequeño folleto editado por la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias.

Los premios son a veces estimulantes y pueden tener algunas ventajas, aunque a menudo estimulan la vanidad y el trabajo apresurado. Pero infinitamente mejor que crear premios es establecer becas externas o internas y posiciones full time o fondos para investigaciones.

Los congresos científicos o profesionales permiten el conocimiento personal de los estudiosos, que es benéfico, así como el intercambio de ideas durante o más bien fuera de las sesiones. Pero su exceso resulta perjudicial porque son caros, llevan a la ostentación y publicidad, al exceso de oratoria y escritos más que a la profundidad, y suele ser poco lo nuevo que se oye en ellos.

Ciudad universitaria

La Universidad tiene por fin dar no sólo una instrucción, sino especialmente una educación que permita el desarrollo integral y armónico de las aptitudes intelectuales, estéticas, éticas y físicas del individuo. Esto sólo se consigue en forma completa en el ambiente de sana moral, comunidad de ideales y cultura superior que se desarrolla en las ciudades universitarias, que tendremos alguna vez como todos los pueblos más adelantados, y que ya ha planeado el Brasil en Sud América.

Para tenerla no basta una simple continuidad de edificios, sino que es necesario el comercio intelectual frecuente y la convivencia con hombres selectos y de conocimientos variados, unidos por ideales comunes, en un ambiente intelectual y social elevado donde florecen las capacidades creadoras de los estudiosos.

En las ciudades universitarias es más fácil la cooperación y el intercambio de ideas. Los estudiantes de una Facultad pueden seguir cursos de otras, lo que interesa mucho a la cultura general.

La ciudad universitaria presenta enormes ventajas de organización y centralización institucional, que son didácticas, económicas, administrativas y culturales. Desde el punto de vista didáctico se obtiene una excelente enseñanza en buenos institutos centralizados, evitándose el derroche. No es posible mantener en una misma Universidad muchas cátedras de física o química, con los aparatos necesarios, los profesores y el personal full time y los recursos suficientes para la enseñanza y la investigación. La política de multiplicar las cátedras malgasta el dinero, es suicida, ilógica, anacrónica y antipatriótica, y lleva a la mediocridad irremediable.

Económicamente se obtiene un mejor aprovechamiento de los recursos en una ciudad de los estudios. No es posible mantener debidamente a varias cátedras de una misma materia y sostener a innumerables bibliotecas. Hay que ir, fatalmente, a la centralización científica y bibliográfica.

Las ciudades universitarias permiten que en un ambiente social, cultural y moral elevado, se desarrollen y eduquen en forma integral las aptitudes del hombre: intelectuales, estéticas, morales y físicas.

Nuestros hombres de más de cuarenta años difícilmente comprenderán la necesidad de las ciudades universitarias. Pero algunos jóvenes y todos los que han vivido en ellas, comprenden que constituyen la forma más evolucionada y perfecta de la Universidad.

Cooperación interamericana

Debemos hacer todo lo posible por estrechar las relaciones culturales interamericanas, fuente de amistad sincera y comprensión mutua entre nuestros países de origen histórico, de una misma lengua y un mismo destino solidario. Siempre he tenido por lema que debemos mirar los adelantos y las glorias de cada nación hermana como si fueran propios, desear su progreso, y hacer todo lo posible por ayudarlo como si fuera nuestro. Debemos instituir becas de ampliación de estudios para que becarios selectos de las naciones de la América puedan trabajar en nuestro país.

Conclusiones

La Universidad tiene por función: crear los conocimientos, propagarlos, desarrollar y disciplinar la inteligencia, formar los hombres superiores por su cultura y su capacidad. Debe enseñar el respeto a la verdad, la aptitud de buscarla y el deber del servicio social.

Su función primera es investigar, para crear los conocimientos. La potencia de un país y hasta su independencia, dependen de su adelanto técnico mantenido por la investigación permanente. El cultivo de las ciencias fundamentales es la base de las aplicaciones prácticas posibles.

La Universidad debe impartir, ante todo, una cultura general fundamental. La base de una Universidad está dada por las Facultades de Filosofía, Ciencias y Letras y por los institutos científicos, como ser los de Astronomía, Física, Química, Biología, etcétera.

La Universidad debe desarrollar armónica e integralmente todas las aptitudes humanas: intelectuales, éticas, estéticas y físicas, preparar los profesionales necesarios, y formar investigadores. Una Universidad argentina debe inculcar el amor a la verdad, el espíritu de libertad intelectual y de tolerancia, el deber del servicio social. Todo hombre puede llegar a ella si alcanza las aptitudes necesarias, pero al cursar los estudios está obligado a prepararse debidamente y a contribuir a mejorar a sus semejantes, al graduarse.

La ciencia afecta y es afectada por el estado social y el sistema político de un país. La Universidad debe preocuparse de las necesidades científicas prácticas y sociales del país y formar los hombres de ciencia, profesionales y especialistas que puedan ocuparse de ellas con fruto.

Nuestra actual organización universitaria se basa en métodos de enseñanza anticuados, en la primacía del examen y la enseñanza oral, con un exceso de alumnos en los cursos profesionales y con la dedicación insuficiente de los profesores, la escasez del trabajo original, la multiplicación excesiva de cátedras y la intromisión de la política.

Es necesario conseguir que la Universidad sea un centro de investigación, con profesores y personal full time, con institutos donde investigadores especializados en diversas ramas de la ciencia trabajen con espíritu de colaboración, con dedicación exclusiva a la investigación y a la docencia.

La enseñanza universitaria debe ser individual, activa, objetiva y razonada, desarrollando la capacidad de observar, ver los problemas y de conocer los métodos que permiten resolverlos con acierto.

El profesor debe elegirse por su obra original y la calidad de sus alumnos.

Debe limitarse el número de alumnos a la capacidad docente de las escuelas, de tal modo que todos reciban una enseñanza y educación individual bajo dirección competente.

El porvenir científico y universitario de nuestro país depende de la implantación del full time y de un buen sistema de becas de perfeccionamiento.

Para el progreso técnico, científico y cultural del país es indispensable que las universidades e instituciones técnicas establezcan numerosas becas de perfeccionamiento en el país y en el extranjero, para el personal docente y técnico, asegurando a los becarios posiciones y medios de trabajo a su regreso.

Debe dotarse a las materias universitarias de institutos o laboratorios dedicados a la investigación permanente, con personal consagrado exclusivamente a sus tareas, y con fondos e instalaciones apropiados. Esto es urgente e imprescindible para que nuestras Universidades cumplan con su deber de contribuir a la cultura mundial como centros de creación de los conocimientos, y para que puedan formar a los investigadores y técnicos capaces que el país necesite para su adelanto, su jerarquía y su independencia.

Para la formación de hombres de ciencia verdaderamente eficaces y que rindan toda su capacidad, es indispensable que a los que demuestren originalidad creadora, competencia y dedicación perseverante, se les asigne una retribución pecuniaria que les asegure tranquilidad y les permita concentrar sus mentes, mantener o aumentar su devoción a la ciencia, acrecentar su capacidad. y desarrollar metódicamente sus investigaciones.

El adelanto científico del país impone en la Universidades e instituciones de alta cultura, la creación de posiciones de profesor de investigación, que serían confiadas a hombres dedicados exclusivamente a la búsqueda científica original en laboratorios adecuados.

Es necesario disponer de recursos para costear investigaciones científicas metódicas en temas especiales.

La ciudad universitaria permite dar una educación integral que en un ambiente elevado desarrolla todas las aptitudes humanas: intelectuales, éticas, estéticas y físicas. Permite el intercambio de ideas entre hombres que cultivan diversas ramas del saber. Tiene enormes ventajas de organización y centralización institucional: didácticas, económicas, culturales y administrativas.

Debemos estrechar las relaciones culturales con las naciones hermanas de América e instituir becas de perfeccionamiento para que sus hombres capaces puedan ampliar sus recursos en nuestro país.


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