Fuente: Conferencia inaugural del Curso del Colegio Libre de Estudios Superiores,
Sociedad Cientitica Argentina, 2 de octubre de 1951;
Colegio Libre de Estudios Superiores, Rosario, 9 de julio de 1952.
Cincuenta
años significan un período preciso en la vida de un hombre. Por ejemplo, hace
cincuenta años que ingresé a la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires y, en ese período, presencié los adelantos de la medicina y adquirí conocimientos y experiencia sobre ella.
En cambio, cincuenta años constituyen un período de tiempo convencional en la historia de la medicina, porque todos los grandes adelantos humanos se han realizado en períodos largos, cuyos límites son difíciles de precisar. Sin embargo, es indudable que los más notables adelantos de la medicina han tenido lugar en los últimos cien años, como consecuencia de la introducción de los métodos científicos, cuya importancia y fertilidad se había demostrado ya poco antes en la química y la física, en las décadas que precedieron a 1850.
Hasta el ultimo siglo la medicina se basaba en la observación y el raciocinio, pero estaba profundamente influida por la rutina, la experiencia empírica, los dogmas, y por una excesiva confianza en la intuición que, a veces, es un juicio sintético rápido, pero más a menudo es tan sólo una impresión o un parecer arbitrarios.
Podemos afirmar que la ciencia, el arte y la práctica de la medicina se han desarrollado y perfeccionado principalmente en la última centuria. La medicina es hoy científica y especializada, exige cooperación y organización, y ha debido conceder un sitio prominente a los problemas sociales.
El fin de la medicina es siempre el mismo en todas las épocas, o sea, asegurar la salud, prevenir las enfermedades, aliviarlas o curarlas. En cambio, han evolucionado profundamente sus métodos y sus resultados. Puede afirmarse que se ha producido una verdadera revolución médica profunda y fructífera, con honda repercusión sobre los individuos y la sociedad.
Estos cambios no pueden sorprender al público general que ha visto aparecer en la última centuria los automóviles, los aeroplanos, la radiocomunicación y millares de descubrimientos de base científica y técnica que han transformado la vida humana.
Pueden enunmerarse algunas de las principales causas de los avances y triunfos de la medicina en los últimos cincuenta años.
Las causas principales de los grandes adelantos recientes ha sido en reconocimiento de que los métodos científicos son aplicables a los seres vivos, porque los fenómenos que tienen lugar en ellos no son caprichosos y espontáneos, sino que están regidos por factores causales que pueden estudiarse por la observación y experimentación, mediante la aplicación de métodos físicos, químicos o fisiológicos y una crítica experimental rigurosa. Aunque en los seres vivientes las causas, condiciones o factores son múltiples y complejos, sin embargo es posible analizarlos y paulatinamente aclararlos por medio de la investigación.
Los resultados portentosos obtenidos mediante la investigación han traído como consecuencia que ésta sea ayudada actualmente, con recursos cada vez más considerables, por gobiernos, industrias y particulares. Uno de los medios más seguros para reconocer la jerarquía de una universidad, un gobierno o un país modernos consiste en examinar lo que hacen de veras para desarrollar y mantener la investigación científica.
Existe actualmente la opinión ya firme de que los adelantos se obtienen mediante Investigaciones, y la experiencia demuestra que los más grandes adelantos derivan de la investigación científica fundamental. De ella provienen las aplicaciones y los progresos técnicos.
Esta convicción ha penetrado en las escuelas médicas adelantadas. Antes se enseñaba la medicina oralmente y, más tarde, sólo por el aprendizaje al lado de médicos prácticos de experiencia individual y empírica. Hoy se da previamente una enseñanza fundamental en las materias científicas básicas, y esos conocimientos se aplican en la enseñanza clínica al lado del enfermo y en la práctica profesional, que emplean a diario los métodos científicos modernos de diagnóstico y tratamiento.
Como el adelanto médico es rápido e incesante y el conocimiento actual ha de seguir prefeccionándose, la enseñanza no se basa ya, como antes, en aprender pasivamente conocimientos adquiridos, que se suponían definitivos y terminados. La enseñanza médica consiste en adquirir métodos que permitirán, además del ejercicio profesional inmediato, estar en condiciones de aprender incesantemente durante toda la existencia.
Los docentes no deben elegirse por su aptitud oratoria, sino que deben seleccionarse por su obra de investigadores originales y por su capacidad demostrada de formar buenos alumnos. La enseñanza de los estudiantes debe ser activa, dirigida; aprendiendo por sí mismos lo más fundamental del estado actual de los conocimientos y los métodos para poder perfeccionarlos o adquirirlos mientras estén en actividad.
Para poder enseñar debidamente se debe aplicar principios que se han impuesto definitivamente: 1) la selección previa cuidadosa de los que ingresan; 2) limitación del número de alumnos a la capacidad docente (sitios de trabajos y materiales de estudio) de las escuelas; 3) full time (tiempo integral o completo) de profesores, ayudantes y alumnos. Se ha generalizado la buena costumbre de enviar becarios a ampliar sus conocimientos y perfeccionar sus aptitudes, yendo a trabajar con maestros de capacidad superior. Para que el sistema rinda beneficios es necesario que, a su vuelta al país, se les aseguren medios de trabajo, ambiente estimulante y la posibilidad de una carrera académica, o profesional, o científica.
Este gran descubrimiento del siglo pasado se perfeccionó en los últimos cincuenta años. Debemos esta noción sobre todo a Pasteur, Koch y sus continuadores. Se reconocieron numerosos gérmenes vivos que causan enfermedades, como ser bacterias, virus, hongos, protozoarios, parásitos animales. Su estudio fue emprendido por ciencias especiales que han adquirido gran desarrollo: bacteriología, inmunología, microbiología, parasitología, entomología médica, etc. El estudio de los transmisores alcanzó gran importancia, en especial el de los insectos y arácnidos.
El reconocimiento de los gérmenes patógenos permite el diagnóstico de la causa de las enfermedades que provocan, y en esa forma orienta el tratamiento específico precoz.
La medicina preventiva se ha desarrollado con rapidez y extraordinarios éxitos, y su espíritu ha penetrado en toda la medicina. Al examinar un enfermo se piensa hoy en cómo se infectó y en conseguir que otros no se infecten de igual manera y que él no infecte a los demás.
Se ha llegado a la convicción de que en medicina y sanidad vale más prevenir que curar. Se obtienen así éxitos incomparablemente más grandes y numerosos.
Se establecieron medidas para la purificación de las aguas de bebida y para evitar las infecciones de origen alimentario.
Se descubrió el papel de los portadores de gérmenes y se establecieron medidas para protegerse de ellos y para quitarles su peligrosidad.
Se identificaron diversos tipos de bacterias patógenas: neumococos (Dochez y Avery), estreptococos (Lancefield) disentéricas, salmonellas, etc., lo cual permitió precisar su papel patógeno, realizar diagnósticos precoces y más exactos y, sobre todo, preparar sueros, vacunas o agentes quimioterápicos o antibióticos, específicos y eficaces.
En el último medio siglo se identificaron las tripanosomiasis humanas, como ser la de la enfermedad del sueño (Duttoni, 1902) y la americana (Chagas, 1909). Se descubrieron las leishismanias viscerales (Leishman y Donovan, 1903; Laveran y Mesnil, 1903), del botón de oriente (Wright, 1903) y la americana (Vianna, 1911). También se identificó la bartonela (Barton, 1901) que provoca la fiebre de oroya y la verruga peruana.
El descubrimiento de los animales transmisores había comenzado en el siglo pasado: pulga de la rata para la peste (Ogata, 1897), mosquito para el paludismo (Ross, 1897), garrapatas y diversos arácnidos para los hematozoarios y rickettsias, etcétera.
En estos últimos cincuenta años se descubrió el papel de la mosca tse tse para transmitir el tripanosoma de la enfermedad del sueño (1903), el de los flebótomos para las leishmaniosis, etc. El reconocimiento del papel del piojo en la transmisión del tifus exantemático (Nicolle, 1909) fue seguido por el de su agente causal (Rocha Lima, 1916, quien lo llamó Rickettsia Prowageki en homenaje a dos sabios muertos por el tifus, al estudiarlo) y luego por el papel de la rata (Moser).
En la última guerra mundial se realizaron amplias investigaciones sobre los insecticidas y se estudiaron centenares de ellos. Entre otros el DDT (Muller, 1940) y el gamahexano (1942); el primero de ellos cortó casi inmediatamente la epidemia de tifus exantemático que se inició en Nápoles al terminar la última guerra mundial. En los últimos años estos insecticidas están eliminando en todos los países el paludismo (malaria), que es una de las enfermedades más difundidas entre la especie humana. Por iguales métodos podrán eliminarse probablemente la tripanosomiasis y la leishmaniosis en Africa, Asia y América.
La prevención por medio de vacunas era ya conocida en el siglo pasado, como ser la vacuna para prevenir la viruela (Jenner), las de la rabia (Pasteur) y del carbunclo (Pasteur). A principios de este siglo, Wright preconizó la vacuna antitífica. En la guerra contra los boers, el ejército inglés tuvo 105 poor mil y 40 por mil de mortalidad por tifoidea; mientras que después de la vacunación obligatoria, en 1914-18, hubo sólo 2,35 por mil de casos y 0,13 por mil de mortalidad. En la primera guerra mundial (1914-18), hubo 15 a 30 por mil de casos de tétanos en los heridos, mientras que en la de 1939-45 sólo hubo de 0,04 a 0,43 por mil. Los buenos resultados obtenidos vacunando con el toxoide diftérico (anatoxina de Ramón) y el tetánico y con la vacuna BCG (Boquet, Calmette, Guérin) contra la tuberculosis, han hecho difundir su empleo, que en muchos países es obligatorio.
El tratamiento por productos inmunitarios se inició también en el siglo pasado. Entre 1890 y 1900 se descubrieron varias antitoxinas, cuyo número y potencia aumentaron en este siglo. Se prepararon sueros antineumocócicos, antidisentéricos, antiponzoñosos (serpientes, escorpiones y arañas) y otros, que dieron buenos resultados.
Pero las más grandes conquistas de este siglo en la lucha contra los gérmenes patógenos han sido la quimioterapia y los antibióticos. El mayor impulso inicial fue dado por Ehrlich, y así desde el rojo tripano y atoxil se llegó al Salvarsan, eficaz contra el Treponema pallidun, y el Bayer 205 (germanina o suramina) y la triparsamida y pentamidina eficaces contra los tripanosomas. Para combatir el paludismo se prepararon la plasmoquina (1926), atebrina (1930) o mepacrina, cloroquina, paludrína, etcétera.
La quimioterapia antibacteriana progresó muy lentamente hasta que Domagk (1935) demostró la acción del prontosil rojo contra los estreptococos. Trefouel, Bovet y Nitti demostraron inmediatamente que su acción se debía a la sulfanilamida, lo cual permitió preparar numerosos derivados de la misma (sulfatiazol, sulfaguanidina, sulfadiazína, etc.) que resultaron altamente eficaces en las infecciones provocadas por los estreptococos, neumococos, gonococos, etc. Este descubrimiento produjo una verdadera revolución en cuanto al número de curaciones y la rapidez en obtenerlas. También, más recientemente, se han preparado substancias con alguna acción contra el bacilo tuberculoso (Conteben de Donagk) o el de la lepra (promin, diasonas, etc.)
Los antibióticos fueron entrevistos varias veces en el siglo pasado. La penicilina fue encontrada por Fleming (1929), al comprobar que el moho Penicillium notatum producía una substancia que impedía el desarrollo del estafílococo. Fue aislada por Florey y Chain (1939) y producida en gran escala y a precio razonable por la colaboración de varios investigadores norteamericanos. Con ella la neumonía dejó de ser "el capitán de los soldados de la muerte'' (Osler). Pronto se aislaron otros antibióticos, como ser la estreptomicina (Waksman y col., 1944) eficaz en la tuberculosis, y luego la cloromicetina (1942, el producto sintético es el cloranfenicol), la aureomicina (1948), la terramicina, etc. La cloromicetina y la aureomicina tienen acción contra algunas rickettsias y virus.
No enumeraremos en detalle, por razón de espacio, los antiguos quimioterapicos: alcaloides de la quina e ipeca y el mercurio, no los más modernos: bismúticos, antimoniales, yodo radiactivo.
Algunos descubrimientos sensacionales, como el bacteriófago (Twort, D'Herelle) y la cristalización de algunos virus (Stanley, 1945), han permitido hallar substancias proteicas que, inoculadas a una bacteria o a una planta, se autogeneran a expensas del huésped como lo hacen los virus vivientes.
Las aplicaciones a la medicina de todos estos estudios sobre el papel patógeno de los gérmenes, han sido innumerables y fructíferas. Mencionaremos algunas:
Durante siglos la medicina fue descriptiva y de observación y sólo se llegó a conocer la anatomía macroscópica del hombre. Pero más tarde los adelantos de la química y la física y el método experimental permitieron investigar las funciones del organismo, normal o enfermo.
La introducción del criterio funcional ha sido una de las revoluciones más fructíferas que ha sufrido la medicina. Tuvo lugar principalmente durante el siglo pasado, pero su difusión y florecimiento se han hecho más completos en los últimos cincuenta años. En presencia de un enfermo, el médico actual no desea saber sólo las lesiones que tiene, sinó cuáles son los trastornos funcionales que presenta y cómo pueden normalizarse o hacerse llevaderos.
La doctrina celular en histología y la doctrina de la patología celular extendieron los conocimientos en el siglo pasado. Pero hoy la histología y la patología han adquirido el concepto funcional. Procuran correlacionar estructuras y funciones, y estudian los factores de su evolución y mantenimiento. Con esto han adquirido mayor vigor y fecundidad.
El examen morfológico tiende a penetrar cada vez más en lo pequeño. Del órgano a la célula y luego a los componentes de la misma. Se emplean el microscopio electrónico, el protónico, el de fase, la investigación espectroscópica, la microquímica, la microcirugía, etc.; y cada vez se estudia más la célula viviente.
El método anatómicoclínico puro ha muerto y ha sido completado con provecho por el examen y el razonamiento funcional, que lo han ampliado y perfeccionado.
En medicina se considera a las enfermedades como funciones normales desviadas o como reacciones funcionales propias de cada organismo a los factores que tienden a alterar su estructura o función. Por eso se dice que la medicina es la biología del hombre enfermo.
Otra noción importante es la de la unidad funcional (integración funcional). Cada organismo es una unidad específica por su morfología, composición, funciones y comportamiento. Tiene caracteres propios de su especie y otros de su familia o individuales. Algunos son hereditarios y otros son adquiridos.
El organismo tiende a mantener su individualidad, conservar sus funciones a un nivel muy estable, y volverlas pronto a su equilibrio habitual cuando factores accidentales tienden a modificarlas. Claudio Bernard, en el siglo pasado, hizo notar esta fijeza del medio interno que es la condición de la vida libre e independiente de los organismos superiores. Cannon llamó homeostasis a los procesos fisiológicos coordinados que mantienlen relativamente constantes los equilibrios dinámicos de las funciones del organismo.
La unidad del organismo está asegurada por: a) integraciones nerviosas, de acción rápida y precisa; b) integraciones humorales (hormonas, anhídrido carbónico, etc.). El sistema nervioso puede mantener la secreción de algunas hormonas (adrenalina) o provocar su descarga (gonadotrofinas). Recíprocamente ciertas acciones del sistema nervioso sobre los tejidos parecen ejercerse por medio de intermediarios químicos: adrenérgicos o colinérgicos (Loewi, Dale, etc.).
El reconocimiento de que en los seres vivientes las funciones están vinculadas a fenómenos químicos y físicos ha traído un gran desarrollo de métodos químicos, fisicos y biológicos para el diagnóstico y el tratamiento de las enfermedades.
La investigación clínica en sus variados aspectos ha adquirido gran desarrollo en todas las ramas de la medicina y es la base de su adelanto rápido e intenso.
Se han creado laboratorios en todos los hospitales, con químicos, patólogos, bacteriólogos, inmunólogos, hematólogos, endocrinólogos, etc. y se han desarrollado numerosas especialidades dentro de lo que se llama patología clínica, nombre que encuentro objetable.
Se ha reconocido la importancia de varios equilibrios fisiológicos, como ser: volúmen de fluídos, electrolitos, balance mineral, equilibrio ácido base, temperatura, tensión de oxígeno y anhídrido carbónico, hormonas, substancias nitrogenadas, etcétera.
Estos conocimientos han permitido prevenir o tratar el shock operatorio, traumático o por quemaduras. Se vigila mejor el pre y postoperatorio y esto, unido al empleo de la transfusión de sangre o plasma, el empleo de los antibióticos, la anestesia, etc., permite hoy a los cirujanos practicar con éxito operaciones amplias y atrevidas antes inimaginables.
Se ha transformado el pronóstico de las operaciones del hipertiroidismo, debido al tratamiento previo con yodo o antitiroideos. Lo mismo las de los diabéticos, mediante la insulina, la dieta y la vigilancia continua.
La precisión de los métodos ha mejorado la exactitud de los diagnósticos y los resultados terapéuticos en todas las ramas médicas.
Se exploran los fenómenos eléctricos del corazón, encéfalo, sistema nervioso y músculo. Se registran las presiones arteriales, venosas o cardíacas por medio de catéteres que llegan hasta el corazón. Se inspeccionan todas las cavidades naturales por endoscópios (vejiga, esófago, estómago, recto, laringe, bronquios) y aun se introducen en el tórax o el abdomen, se hace microscopía del ojo vivo ; se hacen visibles a los rayos X los ventrículos cerebrales, los vasos centrales o regionales (Egas Moniz, para el cerebro; Castellanos, para el corazón, etc.), el riñón y la vesícula biliar (Graham y Cole).
Los isótopos permiten estudiar el intercambio mineral en el organismo (sodio, Potasio, cloro), explorar la función tiroidea y tratar el hipertiroidismo y el cáncer tiroideo. Está en estudio la eficacia paliativa de algunos isótopos en la leucemia y ciertas neoplasias.
La vigilancia continua de las embarazadas permite prevenir la eclampsia y algunas gestosis. La transfusión de sangre y los antibióticos y bacteriostáticos han disminuido mucho la mortalidad por hemorragias o por infecciones puerperales y han mejorado los resultados de la operación cesárea.
El empleo de métodos funcionales adecuados para el estudio de los enfermos permite diagnósticos y tratamientos nuevos. Han nacido la cirugía torácica, la de los vasos y el corazón, la de la hipertensión, la neurocirugía, el tratamiento del desprendimiento de la retina. Todas estas ramas de la cirugía se han desarrollado en este siglo. Otras se han perfeccionado, como la cirugía gastrointestinal y la de las vías biliares. El examen funcional renal ha revolucionado la cirugía del riñón y de la próstata.
El tratamiento de la anemia perniciosa, antes rápidamente mortal, es hoy posible mediante los preparados antianémicos hepáticos y gástricos, la vitamina B12, el ácido fólico y otros factores nuevos. La vía fue abierta cuando Minot y Murphy (1926) demostraron el papel de los preparados hepáticos, a los que Whipple acababa de reconocer acción eritropoiética en sus perros sangrados.
Un campo importante de investigación es el de la influencia del enrarecimiento del oxígeno en la altitud. Interesa porque millones de hombres viven permanentemente en las altas mesetas o montañas. Es también fundamental para la aviación en tiempo de paz y de guerra, lo que explica el enorme desarrollo de los laboratorios de altitud (Suiza, Perú, etc.) y de los laboratorios y servicios médicos de aviación.
Una rama biológica de gran importancia es la genética, aunque su aplicación al hombre presenta problemas y dificultades por el considerable cruzamiento de los seres humanos, donde no hay ni razas ni familias puras.
El conocimiento de las secreciones internas se inició en el siglo pasado (Brown Séquard) durante el cual se habían demostrado ya los resultados benéficos del tratamiento del mixedema por la ingestión de tiroides.
Se debe a Bayliss y Starling (1902), la demostración de los mensajeros químicos específicos que van de un órgano a otro y producen efectos fisiológicos específicos e importantes. Luego les dieron el nombre de hormonas, por sugestión de Hardy.
Poco antes se había aislado la adrenalina, principal hormona de la médula suprarrenal, por Takamine (1901) y Aldrich (1902), que terminaron con éxito los estudios químicos de Abel. Fue ésta la primera hormona que se identificó.
En 1909 Dale demostró la acción ocitócica del extracto de lóbulo posterior de la hipófisis, cuya acción vasopresora se conocía (Oliver y Schafer, 1895). La acción oligúrica se demostró más tarde (Farini, 1913; Von der Velden, 1913, etc.).
La acción de extracto de lóbulo anterior que aumenta el crecimiento fue demostrada por Long y Evans (1921) y la hormona activa fue aislada más tarde (Li y Evans, 1944). Las gonadotrofinas fueron descubiertas en 1927 a raíz de los estudios de Aschheim y Zondek y de Smith y Engle. Su conocimiento permitió hallar diversos métodos de diagnóstico biológico precoz del embarzo (Aschheim y Zondek, Friedman, Galli Mainini y otros).
El descubrimiento de la insulina (Banting y Best, 1921) tuvo gran influencia en el adelanto de la fisiología y la bioquímica. Esta substancia alargó la vida de los diabéticos manteniéndolos en buenas condiciones,
disminuyó enormemente la frecuencia del coma y unida a los antibióticos permitió combatir las infecciones y operarlos sin riesgo, e hizo que las diabéticas pudieran llevar a término sus embarazos. La insulina es
uno de los grandes triunfos de la medicina científica. Más recientemente las insulinas de absorción lenta y prolongada (insulina protamina de Hagedorn, etc.) han significado un progreso importante.
La tiroxina fue aislada de la tiroides (Kendall, 1915), se demostró su fórmula y fue sintetizada (Harrington, 1926). Su conocimiento resultó importante para el conocimiento de la fisiología de la tiroides y de la función del yodo. La profilaxis del bocio endémico por la sal yodada se aplica hoy mundialmente y con éxito. El tratamiento del hipertiroidismo por el yodo (Plummer, 1923) o por los antitiroideos (Astwood, 1943) permite contener el hipertiroidismo y operarlo con poca mortalidad. El yodo radiactivo es actualmente un medio inestimable y valioso para explorar la función tiroidea y aun para tratar el hipertiroidismo; se ensaya también su aplicación para moderar el cáncer tiroideo.
Al descubrimiento de la estrona, en 1929, siguió el de numerosos estrógenos naturales. En estas investigaciones tuvieron papel destacado Butenandt, Doisy, Girard, Marrian, etc. Más tarde se prepararon estrógenos sintéticos (Dodds, Miescher, Horeau, etc.).
Después de aislarse la androsterona de la orina (Butenandt, 1931-32) y la testosterona del testículo (David y Laqueur, 1934) se aislaron otros andrógenos del testículo y la suprarrenal.
Se obtuvieron extractos suprarrenales capaces de mantener la vida de los animales suprarrenoprivos (Swingle y Pfiffner, 1930) y luego se aislaron de la suprarrenal hasta
veintiocho esteroides bien identificados y una porción amorfa activa (Kendall, Reichstein). Sus acciones fueron extensamente estudiadas en animales, en el hombre sano o enfermo (Kendall, Thorn, Long, Ingle, etc.).
Un resultado que produjo sensación fue la demostración de las mejorías rápidas y espectaculares que produce la inyección de cortisona en la artritis reumatoide (Hench, Kendall y col., 1950). Con esta substancia y la adrenocorticotrofina se han hecho investigaciones importantísimas para la fisiología y la patología del metabolismo del tejido conectivo y de los procesos de inmunidad.
Importante ha sido la demostración de la acción estimulante de algunas hormonas sobre el desarrollo de tumores malignos (Lacassagne, 1933) o benignos (Lipschütz). Recíprocamente se comprobó que la castración y los estrógenos pueden inhibir el desarrollo del cáncer de la próstata (Huggins, 1940) y los andrógenos el del cáncer de la mama.
Los estudios sobre las hormonas se han hecho mediante investigaciones científicas fundamentales, que han sido generosamente apoyadas por cuantiosos medios provistos por la gran industria farmacéutica. Han colaborado en ellas eminentes fisiólogos, químicos y farmacéuticos.
Es indudable que el conocimiento de las hormonas ha traído una profunda revolución en la fisiología, terapéutica, medicina clínica, metabolismo, ginecología, urología y endocrinología.
Una noción muy importante en fisiología y patología es la de que la secreción de cada órgano endocrino está regulada por mecanismos homeostáticos que tienden a mantenerla a un nivel constante. También hay un balance equilibrado entre las secreciones de los varios órganos endocrinos que intervienen en las diversas funciones. Existen estimulaciones o inhibiciones recíprocas entre dichas glándulas para mantener esa homeostasis. Los procesos endocrinos o metabólicos perturbados en el organismo se deben a trastornos del equilibrio endocrino, que en grado variable afectan más de una glándula de secreción interna, aunque el papel de alguna de ellas sea inicial o principal.
No es posible estudiar y comprender el metabolismo sin conocer las funciones endocrinas. Recíprocamente no puede hacerse endocrinología sin estudiar el metabolismo, puesto que las hormonas son principalmente reguladores de procesos metabólicos generales o especiales.
Los progresos obtenidos en el estudio de la nutrición tienen una importancia tan grande como el descubrimiento del papel de los gérmenes como causas de enfermedad. Los adelantos han resultado del trabajo en cooperación de los investigadores de laboratorio (fisiólogos, bioquímicos y químicos) con los clínicos y los higienistas. Existe una interdependencia marcada entre la nutrición y las ciencias básicas.
La mejora de la salud humana ha sido muy grande, pero desgraciadamente hay aún masas de población mal nutridas, debido a los azotes humanos: ignorancia, atraso, pobreza, sequías, guerras, etc.
La calorimetría era ya conocida, pero en estos últimos cuarenta años se ha popularizado la calorimetría indirecta respiratoria para determinar el metabolismo básico del hombre, en diferentes condiciones: sexo, edad, clima, alimentación, etc. Su medición se aplica en clínica, en especial para hacer el diagnóstico y seguir la evolución de las enfermedades tiroideas.
La Sociedad de las Naciones y las Naciones Unidas se ocupan de los graves problemas que plantean: a) la alimentación insuficiente o defectuosa de algunas poblaciones; b) la producción insuficiente de alimentos por la deterioración de los suelos o una agricultura primitiva y rutinaria; c) la sobrepoblación creciente; d) las dificultades económicas o de transporte para la distribución y conservación de los alimentos. Se han establecido normas y se han recomendado las cantidades de substancias nutritivas aconsejables. En casi todos los países hay organizaciones oficiales que se ocupan de la nutrición.
Se han realizado estudios sobre la influencia del sexo, la edad, el crecimiento, el embarazo, la lactancia, el trabajo, la temperatura, la altitud. Se han establecido normas particulares en relación con dichos factores.
Se han creado laboratorios especiales para el estudio de la fisiología del trabajo y el ejercicio. Existen algunos institutos para estudiar la biología del hombre en la altitud, en Suiza, Perú, etc. (Monge, Hurtado y sus colaboradores, etc.). El desarrollo de la aviación militar ha dado lugar a la creación de grandes laboratorios bien dotados y dirigidos por hombres de ciencia eminentes.
En estos últimos cincuenta años han sido intensos los estudios sobre el metabolismo de las proteínas, en especial sobre el mínimo proteico, la hipoproteinemia y deficiencia nitrogenada de los enfermos u operados y otros sujetos mal nutridos. Se han determinado cuáles son los aminoácidos indispensables (Osborne y Mendel, Rose) en la dieta y cuáles son las cantidades requeridas. Se ha demostrado la transaminación y la síntesis y el catabolismo de los aminoácidos. En los últimos años se ha comprobado el papel importante de la nucleoproteinas en el crecimiento, la herencia, los virus, la formación de proteínas, los procesos celulares, etcétera.
Se han estudiado las necesidades en grasas, su interconvertibilidad, su síntesis y su catabolismo. Se ha investigado la formación de fosfolípidos y colesterol. Algunos ácidos grasos (linoleico, linolénico, araquidónico) son indispensables en la dieta.
La excesiva acumulación de grasa en el hígado puede provocar cirrosis o insuficiencias funcionales. Es prevenida o combatida por las llamadas substancias lipotrópicas (Best) como son la colina, homocistina, betaína, etc. Se han encontrado los procesos de transmetilación (Du Vigneaud). Si las dietas son deficientes en proteína se observa necrosis de hígado o se favorece su infiltración grasa.
Se ha comprobado que ciertas dietas insuficientes en proteína, aminoácidos con azufre o tocoferol, producen lesiones o aun la necrosis del hígado.
Los trastornos nutritivos del hígado graso o deficiencia de proteínas son causa de morbilidad y mortalidad importantes en diversas poblaciones, en especial en los niños. Los nuevos conocimientos permiten su profilaxis y tratamiento, así como el de la cirrosis y hepatosis humana.
El metabolismo intermedio de los hidratos de carbono ha sido objeto de intensos estudios, en especial después del descubrimiento de la insulina (Banting y Best, 1921). Se ha demostrado que en su regulación intervienen, además: la hipófisis (Houssay y col., 1924 a 1949), la suprarrenal (Long y Lukens, desde 1934) y en menor grado la tiroides y las gonadas.
En todos los estudios sobre metabolismo intermedio presta inestimables servicios el empleo de los isótopos, que permiten seguir el rastro de los productos de transformación de las substancias en estudio. Entre los métodos que facilitan la separación e identificación de productos metabólicos resultan de inestimable utilidad la difusión en contracorriente y la cromatografía en papel.
Se ha estudiado intensamente el metabolismo del agua, su absorción, distribución, tránsito y eliminación (en especial renal o por el sudor). Se han investigado estos procesos en los desiertos y en las temperaturas elevadas o bajas, con y sin ejercicio. Se conocen bien los síndromes de anhidremia y de hipocloremia.
Vinculado con el problema anterior está el conocimiento de la entrada, distribución y salida de los cloruros, el sodio y el potasio. Su concentración está regulada principalmente por la composición del organismo, la función renal y la presencia de hormonas corticoadrenales. El conocimiento del papel de las mismas ha permitido tratar los addisonianos con cloruro de sodio y restricción de potasio dietario o bien con desoxicorticosterona o extracto corticoadrenal.
El papel del potasio se ha estudiado y se han investigado los síndromes de hiper o hipokaliemia. Estos últimos deben tenerse en cuenta, por su seriedad, en las diarreas infantiles, en el coma insulínico o en el coma diabético tratado intensamente con insulina, en la parálisis familiar periódica, etcétera.
Se han estudiado los trastornos óseos por deficiencia de calcio o de fósforo o defectuosa relación entre ambos elementos. Se ha demostrado el papel de las vitaminas D y de la paratiroides en la regulación del metabolismo cálcico, lo que permite diagnosticar y tratar el raquitismo, la insuficiencia paratiroidea y los síndromes de hiperparatiroidismo.
Se ha estudiado el metabolismo del hierro y su necesidad en diversas circunstancias (embarazo, lactancia, uncinariosis, etc.). Se ha investigado el papel del hierro, proteínas, hígado y diversos alimentos en la formación de los eritrocitos y la hemoglobina.
El conocimiento de metabolismo de las porfirinas, pigmentos biliares y sus derivados, progresa con rapidez.
La necesidad de yodo y su metabolismo se han estudiado, así como el papel regulador importante que desempeña la tiroides en esos procesos.
El conocimiento científico de las vitaminas se ha realizado dentro de los cuarenta años últimos. Ha revolucionado la nutrición, la terapéutica, la bioquímica, la fisiología, la patología y la clínica.
Cronológicamente su existencia quedó bien demostrada entre 1912 y 1915 (Hopkins, McCollum y Davis, Osborne y Mendel, etc.). Las vitaminas puras se han ido aislando luego paulatinamente: la tiamina en 1926, el ácido ascórbico en 1928, las vitaminas D alrededor de 1931, la riboflavina en 1936, el tocoferol en 1936, la biotina en 1936, la nicotinamida en 1937, la piridoxina en 1938, la vitamina K en 1939, el ácido pantoténico en 1939, la vitamina B12 en 1948, etcétera.
Estas investigaciones representan una tarea enorme y difícil que ha sido posible por la colaboración de numerosos químicos, fisiólogos y médicos, aplicando cuantiosos recursos.
En los últimos cincuenta años se ha descubierto la mayor parte de los tratamientos más eficaces de que dispone la medicina y se han perfeccionado los antiguos. Entre los enteramente nuevos figuran: las hormonas, vitaminas, antibióticos, quimioterapia, antianémicos, ya citados en párrafos anteriores. Se adquirieron nociones nuevas, como ser la de la bacteriostasis y la de la competencia de substrato.
Aunque fueron descubiertos el siglo pasado, los rayos X (Roentgen, 1895) y el radio (los Curie, 1898) se aplicaron a la terapéutica principalmente en este siglo, en especial después que Coolidge (1913) inventó su tubo y se midieron las radiaciones. Progresos importantes se debieron a Regaud, Chaoul, Coutard y varios radiólogos alemanes.
La anestesia es hoy practicada por especialistas competentes que poseen conocimientos básicos de fisiología. Se introdujo la anestesia por gases, por los barbitúricos (Fischer y Mering, 1908), la anestesia espinal (Corning, 1885; Bier, 1899) y la anestesia local por novocaína o procaína (Einhorn, 1905). Los estudios químicos y farmacológicos de Fourneau abrieron la vía para la preparación de numerosos anestésicos eficaces. El curare y otros curarizantes (erythrinas, etc.) han vuelto a emplearse para obtener la relajación muscular, y diversos químicos y farmacólogos (Bovet y otros) han preparado curarizantes sintéticos.
Los adelantos continuos de la farmacología se deben al trabajo asociado de químicos, farmacólogos y clínicos. Las grandes industrias farmacéuticas y algunos institutos de sanidad (Instituto Pasteur, Roma, Washington). han organizado laboratorios de investigación farmacológica que estudian metódicamente substancias naturales u obtenidas por síntesis.
En esa forma se han descubierto los antihistamínicos, simpaticoliticos y adrenolíticos e inhibidores del parasimpático. Se han preparado nuevos analgésicos, hipnóticos, antitérmicos y antisépticos. Se han aislado los principios activos de diversas digitales (Stoll y otros) y otros cardiotónicos y se ha determinado cuáles son sus núcleos químicos activos. También se han identificado los alcaloides del cornezuelo (Jacobs, Rothlin) y se preparan cuerpos de acción análoga.
Se procuran encontrar analgésicos e hipnóticos ideales que no provoquen adicción, para reemplazar a los alcaloides del opio (morfina, etc.) y a la cocaína. Recientemente se ha propuesto el antabus para combatir el alcoholismo.
Se han estudiado medicamentos vasoconstrictores y vasodilatadores, anticoagulantes, substancias antianémicas o eritropoiéticas, sucedáneos de la vitamina K, diuréticos, etc.
El estudio de los grupos sanguíneos ha permitido desarrollar las aplicaciones de las transfusiones y otras formas de hemoterapia. Además ha auxiliado a la antropología, la genética, y permite investigar la paternidad y comprender algunas enfermedades fetales (eritroblastosis).
La terapéutica quirúrgica es cada vez más eficaz y más atrevida, en especial desde que se conocen los antibióticos y puede combatirse la hemorragia y prevenirse el shock. En el pre y postoperatorio se obtienen resultados excelentes desde que se sabe cuidar el volumen sanguíneo, el equilibrio proteico del plasma, los elementos minerales, el equilibrio ácido base, la regulación térmica, etc.
Se han descubierto numerosos medicamentos eficaces contra los parásitos animales o vegetales. Las enfermedades venéreas se tratan con mucho mayor eficacia: la sífilis por la penicilina, arsenicales y bismúticos; la blenorragia por la penicilina y las sulfanilamidas.
En la última centuria se fue conociendo el papel fundamental del sistema nervioso como regulador de las funciones vegetativas y como mecanismo integrador que asegura la unidad del organismo.
El conocimiento de las relaciones entre cuerpo y mente es tradicional en la medicina, pero en los últimos decenios tienden a ser estudiadas en forma más metódica. Los estudios de la escuela de Pavlov sobre los reflejos condicionados constituyen una investigación científica fundamental sobre las actividades superiores del sistema nervioso.
Los experimentos de Pavlov habían mostrado la influencia de los factores estimulantes (apetito) o inhibitorios, sobre la actividad secretoria y motriz del aparato digestivo. Los de Cannon probaron la influencia del miedo, cólera y otras emociones sobre fenómenos simpáticos, endocrinos y otros.
Se han realizado numerosas investigaciones para comprobar la influencia de los factores psíquicos sobre las funciones del organismo y sobre diversas enfermedades (hipertensión, úlcera gástrica, etc.).
La introducción del registro de los fenómenos eléctricos que acompañan la actividad nerviosa, ha ampliado en forma sorprendente los conocimientos sobre la fisiología del sistema nervioso.
El electroencefalograma (Berger, Adrian, etc.) se ha revelado como un método precioso para estudiar la epilepsia y otras disritmias y para localizar lesiones corticales.
Tanto el diagnóstico como el tratamiento han adelantado mucho en neurología. Los estudios fisiológicos de Sherrington y de Foerster introdujeron el concepto fisiológico en lugar del concepto puramente anatómico que prevalecía antes. Cirujanos con preparación.fisiológica y neurológica como Cushing fundaron la neurocirugía, cuyo campo de acción se extiende cada día: extirpación de tumores, cirugía del dolor, lobotomía prefrontal, simpaticectomías, etc. Medios auxiliares hacen más seguros los diagnósticos: encefalografías (Berger), angiografías (Egas Moniz), neumoencefalografías. Recientemente la neurología ha invadido la psiquiatría (Freeman, Watts, etc.).
Paulatinamente se han desarrollado sistemas de psicología aplicada a la medicina, y la psiquiatría ha adquirido una importancia social creciente. El psicoanálisis se ha difundido y es aplicado en todos los países.
Tres principios dominan la práctica médica:
La enseñanza médica tiene que ser individual y práctica, desarrollando el espíritu científico y la aptitud de aprender toda la vida. Las escuelas médicas deben formar médicos generales con preparación básica suficiente. Pero luego debe realizarse una enseñanza especializada, posterior a la graduación, que debe ser ordenada y metódica, realmente efectiva y no sólo verbal o formal.
El desarrollo de la higiene y medicina social hace necesaria la preparación de especialistas idóneos, en escuelas de higiene y salud pública eficaces y dirigidas por personas capaces y expertas.
La complejidad creciente de los métodos de diagnóstico y tratamiento ha creado la necesidad de auxiliares bien preparados técnica y éticamente. Se han creado escuelas de enfermeras, técnicos de laboratorio y de radiología. Los médicos necesitan la ayuda de químicos, físicos, hematólogos, especialistas en transfusión, patólogos, anestesistas, etc. Han tenido que organizarse enseñanzas especiales para su formación eficaz.
Por otra parte, es cada vez mayor la necesidad de reunir a los especialistas para formar grupos (team o equipos) que aseguren, con rapidez y a menor costo, un diagnóstico y tratamiento eficaz. Esto se ha concretado en el creciente desarrollo de hospitales, sanatorios y centros de salud. Las cosas han evolucionado en tal forma que, o bien los médicos se encargarán de organizar la medicina, o bien lo hará el gobierno, especialmente en los países de sistemas autoritarios o socialistas, con peligro de que se pierda la libertad e individualidad de los médicos y la relación voluntaria y responsable entre ellos y el enfermo.
En este siglo se ha desarrollado la llamada medicina social. Además de asegurar la prevención y profilaxis de las enfermedades, tarea principalmente confiada a los gobiernos o municipios, tiende a ocuparse de los problemas sociales conexos: vivienda, trabajo, alimentación, familia.
Los gobiernos socialistas tienden a dirigir la medicina, invocando la necesidad de hacerla llegar a todos los habitantes, realizar diagnósticos y tratamientos precoces, establecer los servicios en forma más eficaz y económica.
Dos conceptos sociales están frente a frente: la tendencia a la libertad individual e iniciativa privada (por ejemplo, Estados Unidos), y el sistema de dirección centralizada por el Estado (por ejemplo, Rusia) o fiscalizada por el Gobierno (por ejemplo, Inglaterra). No es éste el lugar para discutir las bondades y defectos que tiene cada sistema, cada uno de los cuales pretende asegurar mejor el bienestar humano.
Los adelantos realizados por la medicina en estos cincuenta años son portentosos y han revolucionado la vida de los individuos y la organización social. Pero quedan aún posibilidades de perfeccionamiento en todos los campos, y en muchos de ellos estamos aún muy atrasados. Así, por ejemplo, debemos estudiar mejor diversas afecciones para tratar de prevenirlas o curarlas, en especial las enfermedades degenerativas y de la edad avanzada, que son cada vez más frecuentes, porque la vida media se ha alargado. Queda mucho por conocer sobre el cáncer, la arterioesclerosis, diabetes, afecciones articulares y óseas, algunos virus (poliomielitis, etc.), reumatismo, tuberculosis, lepra, etc., con vistas a prevenirlas y curarlas. Estos problemas sólo podrán resolverse mediante la investigación científica fundamental. El deber de los hombres modernos es estimularla y ayudarla en toda forma. Haciéndolo, realizarán obra útil para sus semejantes, su país y toda la humanidad.
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