La carrera de la medicina

Fuente: Conferencia dada en el Colegio Nacional de Buenos Aires el 13 de octubre de 1926 bajo los auspicios del Instituto de Orientación Profesional y Psicotécnica. Semana Médica, 33, Nro 45, 1267-1271; Revista Médica de Cuyo, 3, Nro 35, 17-22, 1926; Escritos y Discursos, 119-133.

Al terminar los estudios secundarios se plantea para el joven bachiller el serio y grave problema de su orientación profesional. De una acertada elección puede depender su futuro éxito en la vida, mientras que una equivocación puede llevarlo a tomar un camino que no esté de acuerdo con sus inclinaciones o aptitudes. Una iniciación inapropiada puede obligarlo luego a abandonar la carrera elegida, por no estar de acuerdo con su vocación; produciéndole con frecuencia una desmoralización excesiva, como es propia del carácter juvenil. Aún en el caso de graduarse, si la profesión emprendida no consulta sus inclinaciones, la ejercerá en forma rutinaria, con probabilidad de verse sobrepasado por muchos y de cansarse de ella o aun se denigraría, como ocurre a veces.

"Dictando su cátedra de Fisiología en la Facultad de Ciencias Médicas. Abril de 1928" (la fotografía y el epígrafe reproducen el original del archivo de Caras y Caretas en el Archivo General de la Nación).Prácticamente todo hombre tiene gustos y capacidades que le permiten ejercer con eficacia y provecho alguna actividad, en la que puede conseguir una situación y ser útil a la humanidad: el verdadero problema, no siempre fácil de resolver, consiste en descubrir su verdadera aptitud; si ha elegido un buen camino tiene mayores probabilidades de éxito y felicidad.

La corta experiencia del joven bachiller le hace aún más difícil la elección. Por eso pueden ser útiles estas conferencias como elementos de juicio, para que personas especializadas en distintas actividades humanas les señalen algunas de sus características más salientes. Con todo, no podrá conseguirse nunca una representación completa de la realidad.

Pero aunque el espíritu del joven bachiller sea muy cultivado y su mente muy clara, su inteligencia o su sentimiento pueden no revelarle aún su verdadera inclinación. Hasta es posible que ésta cambie con el tiempo o que se revele inesperadamente mucho más tarde, en cualquier momento de la vida.

A pesar de estas limitaciones reales, no hay que olvidar que es en este momento que se le plantea un problema ineludible y que debe resolver de la mejor manera posible. A ilustrar su juicio y a aconsejarlo tienden estas explicaciones.

Houssay en su escritorio del Instituto de Fisiología, a mediados de la década de 1930.Para esta conferencia sobre la profesión médica pudiera haberse elegido a algún hombre más capaz que el que habla, que dominara mejor el lenguaje, ordenara más armoniosamente sus ideas o hiciera vibrar con más perfección vuestra sensibilidad. No sé a qué se debe esta mi elección, pero la acepto como un deber inseparable de mi calidad de profesor y pondré toda mi experiencia de hombre consagrado a la Universidad durante veinticinco años, con diez años de experiencia clínica y diez y nueve en los laboratorios científicos, para exponer algunos de los aspectos principales de la carrera médica, tal como la comprendo.

No puedo hablaros de ella sino con elogio, porque la amo profundamente y creo haber hallado mi verdadera vocación en el estudio de la medicina y en el cultivo de la investigación en las ciencias biológicas.

Objeto de la medicina

El objeto de la medicina es evitar y curar las enfermedades y mejorar la salud y el bienestar biológico del hombre. La prevención de las enfermedades y el cultivo de una buena salud, que forman el dominio de la higiene, van adquiriendo hoy una importancia más general que el tratamiento de los males ya producidos.

Todo hombre puede poseer valores biológicos (vida, salud), valores económicos (riquezas materiales) y valores espirituales (intelectuales, morales, estéticos, religiosos). Estos grupos de valores se influencian recíprocamente, pero no hay duda de que es exacto el dicho vulgar de que lo primero es la salud y la vida; sin ellas no saben a bien las riquezas, ni el espíritu se desenvuelve con libertad y benevolencia.

Causas que deciden la elección de la profesión médica

Las causas que inclinan a estudiar medicina suelen ser muy variadas; enumeraré y discutiré algunas de las principales:

  1. El arrastre por el ejemplo de los compañeros es uno de los factores prácticamente importantes, pero del que debe libertarse el espíritu para hacer una elección correcta. No niego que buenas amistades pueden estimular y reconfortar durante la carrera, pero ellas se crean pronto durante los estudios siguientes.
  2. Los consejos de compañeros que ya se han orientado merecen ser tomados en cuenta, pero ejerciendo una cuidadosa crítica y examinándolos con el auxilio de personas competentes. Sobre todo, hay que rechazar todas las informaciones de estudiantes deficientes o irregulares (los llamados comúnmente crónicos), pues desorientan y envenenan el espíritu, desalentando o asustando con imágenes falseadas de la realidad.
  3. Los consejos de los padres valen según la información y criterio de los mismos. Deben tenerse muy en cuenta, antes que nada, por la cariñosa inspiración que los dieta y luego por la experiencia de sus autores en la vida. Pero es muy grave la responsabilidad paterna y debiera tener siempre en cuenta la verdadera vocación del hijo y no las preferencias del propio padre. Además, por desgracia, la mayor parte de los padres creen que sus hijos tienen al máximo todas las aptitudes.
  4. La vanidad de obtener un título, que algunos admiran a manera de un blasón de aristocracia, mueve a muchas madres y padres a aconsejar equivocadamente a sus hijos. Es mala consejera, que desvía a menudo de la verdadera vocación que podría dar felicidad, riqueza y eficiencia; es así el origen de muchos fracasos, a veces definitivos. Por otra parte, el prestigio muy grande de los diplomas de doctor, en nuestro país sin verdadera aristocracia, ha sido grande, pero ha declinado y disminuye por la excesiva producción de toda clase de doctores y por la calidad no siempre selecta de los mismos. Hoy ya se suele mirar mucho qué es lo que hay detrás de la etiqueta.
  5. El ejemplo paterno o de parientes o allegados o de personas que se conocen o se admiran puede inspirar frecuentemente una elección acertada; sobre todo si el candidato ha podido oírlos, auscultar las manifestaciones de su espíritu, observar su vida y su conducta. Estos son elementos reales y muy valiosos de información. Por otra parte, pueden pedírseles consejos o aun ayuda durante los estudios y al comenzar el ejercicio profesional.
  6. La tendencia a elegir la medicina puede deberse a una preferencia manifiesta por las ciencias biológicas.
  7. En otros casos nace de una gran admiración o respeto por la dignidad de la profesión y por su ejercicio o en la convicción de reunir aptitudes espirituales o físicas especiales.
  8. O se inspira en el amor a la gloria, el deseo de hacer grandes descubrimientos o el afán de descollar y de ser útil a sus semejantes.
  9. O bien obedece a una tendencia altruista y caritativa que impulsa a hacer el bien, aliviar dolores, consolar o curar a los dolientes.

Las razones indicadas en los párrafos 5to, 6to, 7mo 8vo y 9no, aisladas o juntas pueden constituir la base inicial de una verdadera vocación, que luego se ratificará o rectificará en el contacto de la realidad.

Algunos estudian medicina en la creencia de que es un medio seguro y fácil de conseguir fortuna y posición social. Miran el aspecto externo de la profesión sólo ven a la minoría que triunfa pecuniaria y socialmente, juzgan por las apariencias, el automóvil les parece un lujo cuando es un instrumento costoso de trabajo, etc. El que considera a la medicina como una carrera lucrativa, elige mal. La riqueza se consigue con más facilidad y frecuencia en el comercio, la industria, la agricultura y la ganadería. Los médicos de fortuna, aunque la inicien con la profesión, la consiguen si mejoran ocupándose a la vez de alguna de aquellas actividades más retributivas, siendo excepcional que entonces acaben por desviarse totalmente a ellas.

Cualidades convenientes o necesarias para ser médico

La primera es el amor y respeto a la profesión, sin la cual no se consiguen éxitos duraderos, ni las satisfacciones intelectuales y morales que aseguran la felicidad.

Las principales cualidades intelectuales para ser médico son: 1º espíritu de observación y capacidad de concentrar la atención; 2º aptitud para clasificar, describir y definir; 3º juicio crítico que permita establecer el verdadero valor y significado de cada cosa o fenómeno. En pocas palabras, podríamos decir que se puede llegar a ser buen médico con ser un regular observador y tener una buena dosis del sentido común, que no es tan abundante como el nombre hace suponer.

Puede tener mucha importancia una gran habilidad manual. Muchos renombrados operadores en especialidades medicoquirúrgicas han llegado a destacarse debido a esa cualidad. Pero sólo vale si hay una inteligencia equilibrada y buen criterio.

Una buena salud física es casi indispensable en una carrera fatigosa al que se está expuesto a contagios. Los jóvenes débiles o de salud ya afectada no conviene que estudien medicina

Las cualidades morales son extremadamente importantes en una profesión que puede dar tantas o más satisfacciones que dinero y en que el público se entrega inerme en manos de los profesionales, cuya capacidad y competencia no puede juzgar con exactitud, a pesar de que pueda creer lo contrario.

Para hallar satisfacciones en su carrera es indispensable la probidad en sus diversas formas: 1º la honestidad en la conducta; 2º la veracidad, salvo las piadosas atenuaciones que imponen la caridad. El que quiere engañar a los demás juega a pura pérdida, lo consigue por poco tiempo y acaba por ser desenmascarado; la mala tendencia se hace progresiva y acaba por dominar; al final el único engañado es el que cree que engaña a los otros. Si no la impusiera un sentimiento natural, la probidad resultaría la actitud más retributiva, moral y aun materialmente.

Son buenas condiciones la laboriosidad y la paciencia, que pueden educarse por la voluntad hasta ser hábitos cada vez más firmes. Todos los médicos y hombres de ciencias descollantes han sido laboriosos. Se dice, de algunos, que son inteligentes, pero no aplicados: en verdad si fueran bastante inteligentes, serían aplicados. La vida de todos los grandes médicos se señala por su laboriosidad y perseverancia; y recordemos el clásico dicho de que "el genio es una larga paciencia".

La última cualidad, sin la cual un médico no será nunca completo, es el espíritu humanitario, el altruismo, el desinterés. Joven o viejo, rico o pobre, avaro o codicioso, serio o alegre, sobrio o bon viveur, al médico deben distinguirlo siempre sus sentimientos caritativos y su satisfacción en hacer el bien a sus pacientes y a toda la colectividad.

Las reglas de la conducta moral profesional se adquieren o fortifican en contacto con los enfermos, bajo el ejemplo y la dirección de los maestros.

Los estudios médicos

El estudio de la medicina exige un esfuerzo considerable, no superado y no sé si igualado por el de ninguna otra carrera.

Durante seis o siete años el alumno está completamente absorbido por la enseñanza teorico-práctica y la frecuentación de hospitales. En los primeros años todo es nuevo y complejo, hay que afrontar una montaña de cosas desconocidas. Sin embargo, se vence fatalmente si se tienen las aptitudes y la preparación previa, que consiste en una cultura general y filosófica, en conocimientos claros de física, química, ciencias naturales y biología. Ventajoso es dominar varios idiomas, pues abren nuevos campos de cultura; por lo menos traducir bien el francés y además, si es posible, el inglés o el alemán; en estos idiomas se aprende a traducir pronto y luego se dominan poco a poco con el ejercicio.

Las dificultades iniciales no deben desalentar, porque se allanan con perseverancia y laboriosidad. Pero si se ve que no se aprende o que se fracasa en los exámenes, en lugar de atribuir las culpas a otros, debe hacerse una autocrítica, cambiar la manera de estudiar y razonar, bajo la dirección de compañeros sobresalientes o de los docentes. Si así no se adelanta, será preciso convenir en que se ha elegido mal la profesión y en que las aptitudes deben orientarse por otro lado. Y se encontrará otro camino buscándolo, porque todos los hombres son capaces de hacer bien alguna cosa.

A lo que no hay moralmente derecho es a perder tiempo y dinero, propio o del Estado, tratando de pasar malamente, pues así no se va muy lejos, o si se llega, se acaba por ser un médico amargado e incapaz.

Un método indudablemente útil, aunque poco empleado, para juzgar al alumno, consiste en buscar un estudiante adelantado o sobresaliente o un médico experimentado y estudioso para que a modo de tutor o consejero oriente o ayude frecuentemente al candidato.

Para ser médico hay que pasar 31 exámenes, seguir cursos por lo menos seis a siete años y gastar unos 14.000 pesos, según cálculos recogidos por el Instituto de Orientación Profesional.

Será preciso disciplinar los sentimientos instintivos para vencer la aversión a los trabajos anatómicos de disección y de autopsia, la repulsión provocada por el contacto con enfermedades repugnantes, el temor a los contagios, etc.

Ejercicio profesional

Concluidos los estudios se plantea uno de los momentos más difíciles de la vida del médico y que preocupa hondamente a su espíritu: es la iniciación profesional y el rumbo a seguir. Sobre esto sería prematuro que ahora dé consejos a candidatos a ingreso.

Las causas que llevan al éxito profesional son numerosas, citaremos entre las principales:

  1. Una buena preparación, que es única base sólida del éxito duradero. No siempre éste llega pronto para los competentes, sobre todo si no tienen otras condiciones especiales de carácter o buenas vinculaciones.
  2. Una laboriosidad continua, metódica y eficaz, que haga destacar entre los colegas, estudiantes y público, es la conducta más segura para adelantar.
  3. La bondad, el espíritu caritativo, las buenas maneras, la paciencia, son las cualidades más importantes para captar las simpatías, ganarse la confianza, y poder consolar siempre, que es uno de los privilegios y deberes fundamentales del médico.
  4. La autocrítica constante, que no disculpa las propias faltas, busca su corrección, hace dudar siempre de la exactitud definitiva de los diagnósticos, lleva a examinar a fondo y con prolijidad, a interesarse por sus enfermos, es una cualidad que impone respeto y lleva al éxito.
  5. Las buenas vinculaciones aceleran el adelanto; la publicidad periodística no es aconsejable y más bien merece censura, pues siempre lleva cierta dosis de charlatanismo.
  6. Es preciso estudiar siempre, porque la medicina progresa incesantemente y en pocos años se estaría retrasado.
  7. Una conducta personal digna y el autorrespeto son la base de la consideración de los demás y del propio mejoramiento. Al médico se le exige un comportamiento ejemplar.
  8. El respeto y amor a la profesión son necesarios para adelantar constantemente en ella, que es, por lo demás, exigente y penosa.

El ejercicio de la profesión exige un trabajo y estudio continuado en los hospitales, el consultorio, a domicilio. En pocos años se hace cansador y insoportable si el médico no se interesa y estudia a fondo sus casos y si no ama su profesión.

La profesión médica bien ejercida suele acompañarse de la consideración y respeto generales, a pesar de las críticas injustas inevitables.

Exige un cierto espíritu de sacrificio de las comodidades, como se piden al sacerdote o al soldado. En muchos casos no hay horas de reposo o de descanso que no se vean cortadas por la necesidad de ejercer el ministerio profesional.

En lo que suele haber un concepto erróneo es en creer que es una profesión muy retributiva. En una época ya lejana los médicos encontraban inmediatamente su clientela. Más tarde bastaba alejarse a los pueblos, luego a las estaciones o colonias para tener éxito profesional y pecuniario. Pero esta situación ha variado mucho y el médico nuevo tiene que ir a parajes cada vez más alejados para encontrar un campo sin competencia seria.

En nuestro país hay dos causas que conspiran contra el éxito pecuniario, aun modesto, de los médicos; son: 1ro, la plétora profesional; 2do, la competencia del Estado.

A medida que aumentan los hospitales y servicios oficiales, con médicos gratuitos o apenas retribuidos, una masa enorme de la población utiliza sus servicios, aunque no sea pobre. Este abuso y competencia desleal del Estado no se observa en ninguna otra profesión y oficio en igual grado.

Más de la mitad de los estudiantes universitarios de nuestro país cursan medicina, mientras que en Alemania sólo lo hace la séptima parte y en París la quinta parte. Nuestro país es el que tiene mayor proporción de estudiantes en relación con la población total, como se ve en el cuadro siguiente:

País Nro de habitantes por cada médico Médicos egresados por año Número de habitantes por cada estudiante de Medicina Numero de facultades
Argentina(1926) 1.666 455 1.869 4
Buenos Aires 780 - - -
Alemania (1925) 1.480(I) - 6.450 24
Estados Unidos (1925) 753 3.974 6.043 80
Inglaterra (1918) 1.087(2) - 5.893 17 univ.
Francia(1923) - 1.289 - 10
Italia (3) 1.000 800 - -
Uruguay (1926) (4) 1.973 108 1.758 1

Aun el número total de alumnos (6.969) es dos tercios del de Inglaterra (9.490), que tiene cuatro veces y media nuestra población, o de Alemania (9.263) con seis veces más habitantes, o más de la tercera parte del de los Estados Unidos (18.200) con doce veces más población.

(1) En 1926.

(2) En 1921.

(3) Datos aproximados obtenidos de un profesor universitario italiano.

(4) doctor Mario Simeto, Sindicato Médico del Uruguay.

Año Nro de escuelas de medicina Nro total de alumnos Nro de alumnos de primer año Nro de graduados Término me dio de alumnos por Fac. Mayor Nro para una Fac.
E.U.A 1925 80 18.200 5.492 3.974 227 573
Alemania 1924 24 7.354 - - - -
1925 124 9.263 530 - 385 1.068
Francia 1923 10 - - 1.289 - -
Inglaterra 18 (5) 9.409(6) 1.833(7) - 527(8)
Argentina 1925 4 5.887 1.299 455 1.471
1926 4 6.969 1.347 1.742 5.360
Facultades de Ciencias Médicas (Medicina, Odontología, Farmacia)
Año Nro de alumnos Aumento Población del pais Aumento
1915 3.695 8.000.000
1924 3.137 120% 9.500.000 180/o

La cifra de estudiantes ha crecido de tal manera que excede el número de plazas individuales de estudio de que disponen nuestras escuelas médicas y aumenta desproporcionadamente con el aumento de la población. La cantidad de los que abandonan la carrera alcanza al 60-70%, produciéndose las defecciones en todos los años de la carrera, como se ve en los cuadros siguientes:

Facultades de Medicina Año 1924 (4.682 alumnos)
Año 1ro 2do 3ro 4to 5to 6to
Inscriptos 1.089 811 823 738 695 472
Por 100 del total 23,5 17,5 17,8 15,9 15 10,1

(Datos publicados por el Instituto de Orientación Profesional)

(5) Son 18 universidades, cada una con varias escuelas.

(6) En 1919, el año de más alumnos.

(7) En 1922.

(8) Término medio por Universidad

El número de alumnos de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires aumentó desde:

1890 a 1900, 452 a 1.780, o sea 393%

1890 a 1910, 452 a 2.611, o sea 577%

1890 a 1920, 452 a 5.655, o sea 1.251%

Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires - Alumnos de medicina - Médicos egresados
Año Total de alumnos Total 1er año Año Nro Por 100 de ingresados
1885 351 - -
1890 452 364 114 1897 74 64
1895 855 642 182 1902 74 40
1900 1.780 1.332 322 1907 74(9) 23
1905 1.911 1.657 307 1912 164 53(10)
1910 2.611 2.127 392 1917 160 40
1915 3.188 2.412 633 1921(11) 265 41
1917 4.078 3.051 717 1923 268 37
1918 4.562 3.354 839 1924 324 38
1920 5.655 4.474 1.297 1926 375(12) 28(13)
1926 5.360 4.256 771 - - -

EL número de graduados ha aumentado también enormemente hasta llegarse a una situación que muchos consideran de plétora.

EL país necesita un número determinado de médicos; se considera que hay plétora cuando hay uno por cada mil a mil quinientos habitantes, como pasa en varios países de Europa y los Estados Unidos. En nuestro país existe ya esa plétora en las ciudades. En veinticuatro años (1900-1924) se han graduado 4.486 médicos e igual número se recibirá en menos de diez años (puesto que en 1925 se diplomaron 455 y aumentan todos los años), de modo que la plétora se hará pronto general en todo el país.

(9) Número anormal por haberse graduado muchos en Córdoba debido a la huelga.

(10) Las cifras bajas de 1907 y altas de 1908 se deben a la huelga de 1906 y se equilibran, salvo que algunos fueron a recibirse a Córdoba.

(11) Después de 1919 los estudios se hacen en seis años.

(12) Desde 1919 ingresan a tercer año los alumnos que vienen de La Plata y que engrosan el número de diplomados, mejorando así un poco al porcentaje de egresados en relación con los ingresos.

(13) Cifra que puede variar en pocas unidades en más o en menos.

En Estados Unidos había en 1925 un médico por cada 753 habitantes, en 1920 uno por cada 720, y en 1913 uno por cada 640. En Gran Bretaña, en 1921 había uno por cada 1.087. En el Uruguay hay uno por cada 1.973 (866 médicos para 1.677.686 habitantes). En Alemania uno por 1.480 y en Italia uno por mil, poco más o menos. Todas cifras de gran saturación.

En nuestro país, considerado en total, no habría aún tal saturación, pues existiría un médico por cada 1.666 habitantes, pero como el 40%, más o menos, ejerce en la Capital Federal, allí existe una plétora intensa, pues hay un médico por cada 780 habitantes.

Se aducirá que hay zonas extensas del país sin médicos y entregadas a la ignorancia, al charlatanismo y las endemias. Pero esa misma falta de proporción en la distribución de los médicos se observa en otros países donde hay plétora de ellos. La experiencia demuestra que prefieren acumularse y aun vegetar en las ciudades o zonas prósperas y que difícilmente van a zonas incultas y despobladas, donde se gana muy poco, la vida es penosa y la inteligencia se embota.

EL exceso de médicos no mejora su preparación y hace más difícil su seguridad económica. Conviene a la sociedad que el médico viva dignamente, sin angustias de dinero.

Buena parte de los diplomados busca puestos administrativos o cátedras de enseñanza secundaria, que desempeñan a veces sin amor.

Hoy, algunos médicos viven con estrechez, otros con situación discreta o mediana, algunos con holgura, sólo una minoría hace fortuna.

Resumen final

Al elegir una carrera hay que estudiar si se tiene la aptitud y las inclinaciones que permitan cursaría con éxito y ejercerla con amor.

Entre las profesiones liberales la medicina es la que tiene más diplomados cuya acción tiene íntimos contactos con toda la población. Su objeto es muy noble, puesto que se ocupa de acrecentar y mejorar la salud y conservar la vida. Es una profesión muy digna, en general respetada, cuyo ejercicio da sobre todo grandes satisfacciones intimas de carácter intelectual y moral. Permite ser útil, consolar o curar a sus semejantes, aumentar su bienestar físico.

Para ser médico es preciso tener espíritu observador, juicio crítico. Son muy necesarias una buena salud y alguna habilidad manual.

La carrera exige estudios universitarios pesados y absorbentes durante siete años y luego deben continuarse toda la vida.

Exige trabajar incesantemente, a todas horas, a menudo con sacrificio de la propia comodidad.

Para el éxito inmediato y futuro es indispensable querer a su profesión.

Los estudios son costosos, la clientela se hace lentamente. Se alcanza, en general, una situación pecuniaria más bien modesta para la mayoría. Sólo se llega a hacer fortuna por excepción, en el momento actual.

Para tener éxito en los estudios y en la profesión se necesitan ciertas cualidades esenciales, como ser: probidad, laboriosidad, espíritu humanitario y altruista, desinterés, autocrítica, conducta correcta.

Ruskin, dijo que las virtudes cardinales, que llamó las siete lámparas de la arquitectura, son: sacrificio, veracidad, obediencia, idealismo, piedad, creencia, amor; podríamos decir, que son necesarias también, para el médico, junto con las que ya hemos citado o con las que el eminente colega uruguayo Pou y Orfila les pide: modestia, generosidad, abstinencia, paciencia, sobriedad, caridad y diligencia.

La medicina es una hermosa carrera para los que sientan amor y vocación por ella, busquen sus satisfacciones intelectuales y morales y tengan aptitud para su estudio y ejercicio.


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