Discurso en el homenaje al 80º aniversario de su nacimiento

Fuente: Pronunciado en la Academia Nacional de Medicina el 10 de abril de 1967. Secretaría de Estado de Cultura y Educación, 27-30, 1967; en Foglia y Deulofeu (eds) ob. cit., 257-261.

El 10 de abril de 1967, en el homenaje al octogésimo aniversario de su nacimiento, a su derecha el Edecán Ibérico Saint Jean del Presidente de la Nacion. El magnifico acto de hoy me honra sobremanera y compromete toda mi gratitud, porque es una manifestación de amistad, adhesión y simpatía por la obra en que he estado empeñado toda mi vida, con numerosos colaboradores y discípulos en la lucha para el adelanto de la ciencia, el progreso de nuestro país y en beneficio de la humanidad.

Hay quienes, en mi patria y más aun fuera de ella, me miran como un representante o símbolo de los que en la Argentina se dedican al adelanto de las ciencias por medio de la investigación, al afán de instruir mejor a la juventud y al perfeccionamiento de las Universidades y centros de estudio superior. Esto explica las numerosísimas altas distinciones que me han otorgado las más prestigiosas Universidades, Academias, corporaciones y sociedades científicas del mundo. Comprendo que ellas sobrepasan ampliamente mis modestos méritos personales, pues los premian con excesiva generosidad, pero están destinadas a enaltecer con justicia la obra de muchos investigadores que la han realizado conmigo o junto a mí; así como también honran el adelanto científico de nuestro país. Son homenajes a mi patria, que nos dio los medios para instruirnos y poder trabajar, y a mis colaboradores de los que fui por mi mayor edad y mi posición el jefe visible, un primus entre pares, aunque la obra fue de toda una escuela numerosa.

No apruebo que se realice un acto de homenaje por cumplir 80 años u otra edad. La obra humana debe ser ininterrumpida durante toda la vida hasta que la detenga la muerte. Cada hombre debe trabajar continuamente para si y sus semejantes, mientras lo permitan su salud física y mental. Cambiará en parte sus tareas cuando lo aconseje la edad, pues no debe bloquear los puestos y promoverá la llegada continua de hombres mas jóvenes y de nuevas ideas de progreso. No considero un ideal humano aconsejable el querer jubilarse para ser inactivo, lo que dañaría el cuerpo y el alma y a la sociedad.

Considero que no se me debe tributar un homenaje por un simple hecho cronológico fatal e inevitable. Se deben reservar para premiar algún descubrimiento o distinción o nombramiento. O bien para señalar el fin de una carrera o glorificar a un muerto, pero por mi parte no cumplo con estas dos últimas condiciones, pues aun no me he muerto ni pienso dejar de trabajar.

Abel Sánchez Díaz, promotor y responsable incontenible de este acto, ha traído viejos y queridos recuerdos personales o de nuestra antigua amistad. No olvido la Infancia y la juventud, ni las luchas de la edad madura, pero me interesa sobre todo lo mucho que hay que hacer todavía para ayudar a la juventud y hacer adelantar al país.

Uno de los defectos más feos es hablar de sí mismo. Obligado hoy a ello trataré de hacerlo en la forma mas objetiva que pueda.

He sido médico, fisiólogo, profesor y hombre de ciencia, porque esas actividades me apasionan y porque creo que son útiles a mis semejantes y a mi país.

Fui desde 1919 el primer profesor full time de la Universidad, a pedido mío, pero el año pasado había ya 650 miembros con dedicación exclusiva en la Universidad de Buenos Aires.

A mi lado trabajaron muchos de los que han sido o son los más destacados científicos del país y han venido decenas de graduados, profesores y aun decanos de Universidades de América del Sur, Estados Unidos, Canadá, Europa y Japón. Sólo les di orientación inicial y guía, pero luego se formaron por sí mismos, por su esfuerzo personal. No los formé, los ayudé a que aprendieran a volar solos y a desarrollar sus aptitudes, pues cada uno es artífice de su propio destino.

El porvenir de la Universidad es la base del futuro del país. Es el centro de la vida intelectual y Cultural superior, preserva los conocimientos adquiridos, crea los nuevos por medio de la investigación, los difunde por la enseñanza, forma los profesionales, perfecciona a los graduados, prepara a los docentes e investigadores necesarios. Sus profesionales deben estar bien adiestrados, ser capaces de observar y hallar los problemas y aprender a resolverlos, tener la aptitud de instruirse toda la vida, aprender a pensar, ser capaces de emprender con reflexión y acción acertada.

La Universidad es delicada, cualquier agresión la conmueve y daña en forma no prevista. Se necesitan largos años para formar un hombre de ciencia o un instituto, pero puede anularse o destruirse en un instante y por muchos años. Debe estar libre de toda intromisión política, dedicada a los estudios, tener plena autonomía (en sus orientaciones, planes, carreras, etc.), libertad de enseñanza, respeto a los profesores, que deben tener la responsabilidad de gobernarla. Debe ser respetada por todos los gobiernos y partidos, como sucede en Chile, Brasil y la mayor parte de los países europeos.

He estado siempre vinculado a la Universidad durante los últimos 67 años. He luchado por mejorar la enseñanza universitaria, por medio de la palabra y la acción, pero aun hay mucho que hacer para perfeccionarla, a pesar de los grandes adelantos que ha ido alcanzando. La enseñanza debe ser activa, objetiva, razonada, acostumbrar a pensar, a buscar y resolver problemas. Debe formar hombres emprendedores, que tengan confianza en sí, en su país y en la ciencia que cultivan. Sobre estos problemas he publicado más de 100 artículos y dado numerosas conferencias.

Me he dedicado a trabajar en ciencia, con centenares de colaboradores que han aprendido a quererla y cultivarla. Con ello no nos limitamos a la labor repetitiva, sino en lo posible a la actividad original. A pesar de la escasez de medios y colaboración y la existencia de innumerables dificultades, si se eligen bien los temas posibles se pueden hacer descubrimientos importantes y ellos se han hecho y se hacen en nuestro país.

Además de cultivar la ciencia, quise y quiero desarrollarla en el país. Pudimos estudiar, graduarnos y trabajar gracias a los recursos aportados por los esfuerzos de todos nuestros compatriotas: agricultores, obreros, industriales, comerciantes e intelectuales, y tenemos el deber de retribuirlo trabajando aquí para hacer progresar a nuestro país. Por eso nunca quise emigrar y no acepté posiciones y cátedras honrosas ofrecidas desde América del Sur, Estados Unidos y Europa.

Farmacéutico a los 17 años, médico a los 24, profesor universitario desde los 23, llevo 57 años en esa posición. Concurrí 6 años a servicios clínicos y fui jefe de sala durante 4 años. Trabajé en 4 laboratorios consecutivamente. En el de la facultad de Veterinaria en hipófisis, endocrinología, cateterismo cardíaco, digestión, plantas venenosas para el ganado, farmacología, etc. En el Instituto Bacteriológico en endocrinología, ponzoñas de serpientes, arañas y escorpiones y sus seroterapias, bocio endémico, patología experimental.

El Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas visto desde la Maternidad Pardo en la calle Viamonte.En la Facultad de Medicina, en el Instituto de Fisiología que dirigí se dictaban 7 cursos regulares, de Fisiología, Bioquímica y Biofísica de Medicina, Odontología y Bioquímica, varios cursos de especialización. En el se realizaron además trabajos de Farmacología y Química orgánica. Realizaban trabajos prácticos diarios 800 alumnos en 5 laboratorios, había 120 personas trabajando en enseñanza o especialización, de las cuales unas 35 realizaban investigaciones originales. Vinieron unos 50 becarios extranjeros, graduados, profesores y aun decanos de Estados Unidos, Canadá, Chile, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Paraguay, Brasil, Suecia, Suiza, Francia. España, Japón, etcétera.

Se realizaron estudios de fisiología, cardiología, hipertensión, metabolismo, endocrinología, diabetes, farmacología, ponzoñas, histofisiología, bioquímica, biología, hematología, patología experimental, etcétera.

Siempre he creído que un fisiólogo auténtico debe experimentar, pensar, leer e intercambiar ideas todos los días, sin excluir ninguna de ellas. Trabajar en algo que interesa o apasiona es un placer, es una de las felicidades humanas más grandes. El trabajo es la diversión más barata y permite ser útil a sus semejantes.

La ciencia y la técnica y la investigación son la base de la salud, bienestar, riqueza, poder e independencia de los pueblos modernos. El signo actual es la aceleración en la ciencia, técnica y su aplicación. Esto no es ya discutible, país que las desarrolla es rico y poderoso, país que no las cultiva vive en la pobreza o se estanca. Esta noción no la aprendieron los hombres educados hace 50 o 30 años atrás y que hoy tienen posiciones de mando.

Muchas veces dicen que me anticipo a propiciar cosas que solo serán posibles de aquí a 30 o 40 años. Pero eso no es exacto, porque preconizo lo que es actual y urgente, que ya existe en los países más adelantados, mientras que mis contradictores no lo saben porque están 30 o 50 años atrasados y lo ignoran.

También hay quienes creen que la investigación científica es un lujo o entretenimiento interesante pero dispensable. Grave error, es una necesidad urgente, inmediata e ineludible para adelantar. La disyuntiva es clara, o bien se cultiva la ciencia, la técnica y la investigación y el país es próspero, poderoso y adelanta. O bien no se la practica debidamente y el país se estanca y retrocede, vive en la pobreza o la mediocridad.

No es cierto que las generaciones actuales sean mejores o peores que las precedentes. Los jóvenes de hoy tienen igual idealismo e iguales virtudes que los de antes, con idénticas cualidades y defectos en potencia; pero hay más recursos y escuelas, por lo tanto más ocasiones y más obligación de progresar. Es responsabilidad nuestra, de los que dirigimos y orientamos, desarrollar en cada joven la confianza en sí mismo, fe en su patria, el amor a la ciencia o el arte o la empresa que cultivan, el altruísmo y amor a sus semejantes.

La juventud debe tener ideales elevados y pensar en alcanzar grandes cosas, porque si la vida rebaja siempre y no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto alcanzaréis mucho más. Las conquistas del presente son sueños juveniles realizados y que alguna vez se tuvieron por imposibles.

A la larga los idealistas en acción son los que triunfan; los que alardean de prácticos suelen ser muchas veces los que ven poco y corto; a menudo creen ser prácticos y sólo son rutinarios.

La juventud es la esperanza del futuro, pues de lo que piensan y saben hacer los jóvenes de hoy dependerá lo que se realice en el país, de aquí a 20 o 50 años.

María Angélica Catán, esposa de Houssay.Para terminar quiero rendir homenaje de profunda gratitud a mi esposa a la que tanto debo, que me comprendió y ayudó abnegadamente, a mis numerosos colaboradores de todos los tiempos, aunque por desgracia perdimos algunos, entre los cuales varios eran sobresalientes, a los que fueron mis alumnos y discípulos, muchos de los cuales son hoy profesores aquí o en el extranjero; así como a las renovadas generaciones que comparten nuestros ideales, a los patriotas clarividentes que ayudan a la ciencia y la investigación y así forjan el porvenir de nuestra patria para que alcance los altos destinos que anhelamos y le auguramos.

No hallo palabras suficientemente expresivas para manifestar mi agradecimiento a la presencia y paciencia de los que me han escuchado y me manifiestan así generosamente su amistad y adhesión.


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