Fuente: Pronunciado en a facultad de ciencias medicas de Rosario el 6 de noviembre de 1929, Prensa medica argentina 16 Nro 17 840-841, 1929 E&D pags 511 a 513 .
Es con la más íntima satisfacción que veo ocupar la dirección del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas del Litoral al doctor Juan T. Lewis. Otra vez, y van ya varias, llega a la cátedra universitaria uno de mis discípulos o colaboradores, como ya lo lucieron antes Giusti, Pico, Sordelli, Morera, Hug, Rietti, Marenzi, etc.
El doctor J. T . Lewis trabaja ininterrumpidamente en fisiología desde 1918, con la mayor dedicación y eficacia, por propia vocación natural. Fue uno de los alumnos más brillantes de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, obtuvo el premio a la mejor tesis, luego comenzó su carrera clínica con buen éxito. Pero las tendencias naturales de su espíritu lo llevaron a consagrarse exclusivamente a la fisiología.
Su carrera docente se inició desde 1921 , como jefe de trabajos prácticos. En 1924 se le encargó dictar el curso oficial de fisiología de la Facultad de Medicina de Buenos Aires, al ausentarme a Europa durante tres meses. Fue ya candidato a esta ilustre cátedra en 1926 y fue solicitado por la Facultad de Medicina de Córdoba en 1927, ofrecimiento que declinó por razones personales.
En los años 1925 y 1926 fue becado por la Universidad Nacional de Buenos Aires y por la Fundación Rockefeller para perfeccionar sus conocimientos. Trabajo como research fellow en el laboratorio de fisiología de la Escuela Médica de Harvard, en Boston, bajo la dirección del doctor Cannon. Luego visitó los principales laboratorios de Estados Luidos y Canadá, más tarde las principales escuelas médicas de Francia, Suiza e Inglaterra.
De su labor en Boston da un juicio el eminente Porf. W. B. Cannon "Me enorgullezco de testificar que nunca antes he tenido un estudiante avanzado que viniera al Laboratorio que estuviera tan bien preparado para la investigación, debido a sus conocimientos, percepción y habilidades técnicas que el doctor Lewis".
A su vuelta se hizo cargo y concluyó de organizar la sección de Farmacología del Instituto Bacteriológico del departamento Nacional de higiene, que dirigió desde 1924 a 1928.
Pero su tarea fundamental consistió en la labor docente y de investigación cumplida en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, donde fue mi colaborador más dedicado, competente y eficaz. Su ausencia es una gran pérdida para nosotros, pero pensamos que hay la obligación para los hombres de Ciencia del país de ocupar las cátedras, para convertirlas en centros de trabajo de investigación rigurosa. No es el número de trabajos ni de las doctrinas aventuradas lo que debe preocuparnos, sino el empleo de métodos exactos, la comprobación experimental exige el respeto a la labor de los investigadores precedentes. Sólo así se hace obra verdaderamente sólida, adelanta la ciencia y se educa seriamente a las jóvenes generaciones.
La capacidad docente del doctor J. T. Lewis está bien acreditada; tiene un conocimiento nada común sobre las orientaciones médicas modernas y los mejores métodos pedagógicos actuales. Su labor científica en la materia es de las más importantes.
Es un investigador riguroso, dotado del más elevado idealismo y de un gran entusiasmo. Ansía, como yo, ver a nuestro país en primera fila, como centro científico, y no desmaya para contribuir a ese anhelo.
El doctor Lewis tiene el más ardiente deseo de formar discípulos y de constituir un núcleo científico importante. Luchará por enseñar los métodos rigurosos que son la base de todos los progresos, y que tan poco se conocen en nuestros ambientes dóciles a la sugestión de las palabras enfáticas, de las doctrinas ilusorias y al empuje de los hombres afirmativos, o enérgicos, aunque totalmente equivocados.
La labor científica del doctor Lewis se destaca por su calidad, que es mundialmente reconocida; su reputación es seguramente mayor en los centros científicos extranjeros que en nuestro país. Ha realizado importantes estudios sobre las suprarrenales, muy estudiadas en nuestro Instituto y luego aquí por uno de mis discípulos, Octavio Pico, y más tarde por su sucesor Cayetano Viale. Con Lewis demostramos en 1921, con una técnica simple y ya clásica, que la corteza y no la médula es la parte vital de las suprarrenales. Comprobamos que la médula suprarrenal no es necesaria para mantener la vida con buena salud, con reacciones simpáticas normales, que no es necesaria ni interviene en la producción de la diabetes pancreática. Tales estudios han sido confirmados en todas partes.
Lewis demostró que las ratas suprarrenoprivas bien operadas y cuidadas soportan bien la extirpación de las suprarrenales. Presentan una gran sensibilidad a numerosos tóxicos, lo que interpreta como consecuencia de una alteración nutritiva especial y no en el sentido de una acción antitóxica. Sobre este asunto hubo algunas discusiones, pero hoy está completamente confirmado por numerosos investigadores de nota.
Lewis y Magenta demostraron por primera vez que la adrenalina suprarrenal interviene como mecanismo esencial regulador durante la hipoglucemia insulínica; las ratas y perros suprarrenoprivos son por eso muy sensibles a la insulina.
Con Foglia y conmigo estudió la regulación de la secreción endócrina del páncreas, por vía humoral, en relación con la glucemia; el aumento de secreción en la hiperglucemia y la disminución en la hipoglucemia, la dosis normal segregada, el papel esencial de los factores humorales y el papel secundario de los factores nerviosos que rigen esa secreción.
El estudio de una hiperglucemia, la morfínica, sirvió para analizar los numerosos factores nerviosos y humorales que. intervienen en la regulación de la glucemia.
Estudió el bocio en Salta y organizó su profilaxis yódica.
Acaba de obtener pruebas cruciales del papel de la secreción de la paratiroides en la regulación de la calcemia.
Con Cannon pudo demostrar la posibilidad de mantener en vida a los gatos privados de todo su sistema nervioso simpático (extirpando ambas cadenas). Estudiaron las reacciones fisiológicas de esos animales.
En colaboración con Cannon pudo demostrar por primera vez la perfecta supervivencia de los gatos con corazón totalmente desnervado, experimento imperfectament realizado antes de ellos por Friedenthal. En esos animales pudieron estudiar la influencia de diversos factores sobre la secreción de la adrenalina. Todos los trabajos de Lewis son importantes, han sido confirmados completamente, son ahora clásicos. No es de extrañar que en atención a la labor docente y científica del doctor J. T. Lewis, el interventor doctor Roque lzzo, previa consulta conmigo, le ofreciera la cátedra de Fisiología vacante en esta Escuela por retiro del Prof. Viale. Llega aquí exclusivamente por sus méritos, sin pedirlo, sin actuación política o extrauniversitaria. El doctor Lewis puede enorgullecerse de ocupar esta Cátedra en la joven y ya tan importante Facultad de Medicina del Rosario, prestigiada por sus dignos predecesores o. Pico y C. Viale. Tiene todas las cualidades para dirigirla dignamente y con brillo, me permito desde ya augurárselo.
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