Por: Ariel Barrios Medina
En
la conferencia de inauguración de los cursos de la Universidad Nacional de Cuyo, en abril de 1942, Houssay habló largamente sobre la que consideraba función primaria de la universidad: la investigación científica.
Y, al expresarse acerca de la formación de investigadores, enfatizó que los sabios llegaban a serlo: "a pesar de la pobreza o la riqueza, no por ellas". (Houssay, 1989a)
Sin proponérselo, Houssay alcanzaba con esas palabras a aquellos de sus discípulos que llegaron a ser sabios pese a la holgura económica.
Luis Federico Leloir nació en París, el 6 de septiembre de 1906, donde el padre, Antonio Federico, había recurrido a los médicos para tratarse de la enfermedad de la que falleció meses antes del nacimiento del hijo.
"La bioquímica y yo nacimos y crecimos casi al mismo tiempo. En 1906 aparecieron dos revistas que trataban el tema, la Biochemische Zeitschrift y la Biochemical Journal. La revista Journal of Biological Chemistry había comenzado a publicarse sólo un año antes". (Leloir, 1983a)
Dos años después, Luis Federico conoció la patria del padre cuando la madre regresa a Buenos Aires.
Puesto a elegir una carrera universitaria, tras completar los estudios secundarios, Luis Federico ingresó, en 1925, a la Escuela de Medicina de la Universidad de La Plata. Pero, al año siguiente, tras aprobar dos materias pasó, "por ninguna razón importante", a la Escuela de Medicina de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires.
Durante los años de estudiante de medicina, tuvo reiterados tropiezos en Anatomía Topográfica. Luego del aplazo, en julio de 1926 y, nuevamente, en marzo y diciembre de 1927, aprobó esa materia en julio de 1928. Como observara un compañero, "Vos no sos muy inteligente, pero, con todo, puede ser que llegues a algo porque sos persistente". (La Nación, 1965)
Desde 1930 a 1932, al cabo de los estudios, fue Practicante Menor y Mayor en el Hospital Ramos Mejía donde debió socorrer a los pacientes con casi nulos recursos terapéuticos: "Dios lo ayudaba al enfermo, o no, porque nosotros lo ayudábamos muy poco".
Ya médico, en la Sala IV del Hospital de Clínicas, Leloir se convenció de que la medicina se ejercía de una manera muy superficial y sin los conocimientos básicos necesarios. (Leloir, 1981)
Solicitó consejo a su pariente Carlos Bonorino Udaondo, Jefe de Sala y profesor de Semiología y Clínica Propedeútica, con quien había colaborado en gastroenterología clínica.
Al advertir su interés por la ciencia, Bonorino Udaondo presentó Leloir a Houssay quien le propuso diversos temas de trabajo para la tesis doctoral. (Leloir, 1981)
En 1932, Houssay estaba investigando cómo se producía la atenuación de la diabetes pancreática luego de la extirpación de la hipófisis, esto es, el papel de la glándula hipófisis en el metabolismo de los hidratos de carbono.
Contra lo descubierto por Houssay, numerosos investigadores afirmaban el predominio de las glándulas suprarrenales en el metabolismo de los hidratos de carbono puesto que las inyecciones de adrenalina provocaban el aumento de glucosa en la sangre.
Houssay encomendó a Leloir la investigación de las relaciones entre las glándulas suprarrenales y el metabolismo de los hidratos de carbono,
Para ello, Alfredo Benito Biasotti (1903-1991), uno de los colaboradores más estrechos de Houssay, lo adiestró en la medición del contenido de glucosa en la sangre, y el mismo Houssay, en la extirpación de las glándulas suprarrenales.
Aunque "los perros que operé sin la ayuda de Houssay murieron prematuramente o no llegaron a ser suprarrenoprivos", Leloir demostró, en dos años de trabajo, que la inyección del extracto de la corteza de las glándulas suprarrenales no producía hiperglucemia y que el extracto de la parte anterior de la hipófisis tenía acción hiperglucemiante en los perros privados de las glándulas suprarrenales. (Leloir, 1981)
Juan Treharne Lewis (1898-1976), discípulo de Houssay y profesor de Fisiología en Rosario, expresó a éste último, acerca de la tesis de Leloir que completaba y desarrollaba las propias investigaciones: "Coincido con Ud. en que es muy buena. Llama la atención la claridad y la precisión con la cual ha expuesto el problema y las investigaciones originales son importantes". (Lewis, 1934)
En 1934, la capacidad científica de Leloir fue reafirmada por el jurado que otorgó a la tesis el Premio Facultad de Ciencias Médicas.
Al concluir ese año, "sin transición brusca", Leloir había dejado la práctica clínica en la Sala IV del Hospital de Clínicas por la fisiología. En 1935, fue designado Ayudante de Investigaciones en el Instituto de Fisiología: se había convertido a la ciencia.
Iniciación en la Bioquímica
Leloir manifestó a Houssay el propósito de continuar dedicándose a la investigación. En esa ocasión, Houssay puntualizó sus lagunas de formación.
Aconsejado por Venancio Deulofeu (1902-1984), profesor de Química Biológica del Instituto de Fisiología, Leloir se aplicó a superar su "insondable" ignorancia en química siguiendo los cursos de fisicoquímica de Julio Orozco Díaz (1902-1980) y de química orgánica de Enrique V. Zappi en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.
Houssay, ponderando ese celo de quien "quería aprender y no dar examen ni conseguir un diploma", le indicó que se perfeccionara en el exterior. (Houssay, 1989c)
Leloir, tras consultar nuevamente a Deulofeu, uno de los amigos que más influyó sobre él, y al bioquímico Romano Humberto de Meio, profesor en Rosario, decidió perfeccionarse en el Biochemical Laboratory de la Universidad de Cambridge.
En septiembre de 1935, Leloir viajó por sus propios medios a Inglaterra, coincidentemente en el mismo buque que Houssay, quien iba en gira de conferencias a Cambridge, de allí a París donde recibiría el doctorado honoris causa de la Sorbona y luego a Boston a pronunciar las Dunham Lectures en la Facultad de Medicina de Harvard: "Esto significaba una importante distinción y creo que marcó el principio de su actuación internacional". (Leloir, 1981)
Durante el viaje, el discípulo fue, quizá obligadamente, el maestro de su maestro quien leía las conferencias para mejorar la pronunciación del inglés.
El laboratorio en el que Leloir permaneció durante 1936, estaba dirigido por Sir Frederick Gowland Hopkins (1861-1947), en esos momentos presidente de la Royal Society, quien, en 1929, había compartido con Christiaan Eijkmann (1858-1930) el premio Nobel por el descubrimiento de las vitaminas.
Leloir, en esa ocasión, "estaba medio asustado como están todos los becarios que recién llegan".
Leloir no permaneció mucho más de un año en Cambridge ya que, en 1937, regresó a Buenos Aires.
Al regreso a Buenos Aires, y al Instituto de Fisiología, Leloir declinó la indicación de Houssay a investigar las transformaciones químicas del organismo en los perros privados de páncreas.
Pero asociado con Juan Mauricio Muñoz, miembro del Instituto de Fisiología con sólida formación bioquímica, "a mí siempre me ha gustado trabajar con otra gente, no solo", estudió la oxidación del alcohol y las grasas en las células del hígado: "Esto me costó un pequeño distanciamiento con Houssay, pero que, por suerte, duró poco tiempo". (Leloir, 1981)
Era sabido que el organismo obtiene energía mediante el proceso metabólico de la oxidación de las grasas. Era admitido, además, que las células enteras eran indispensables para realizar el proceso de oxidación. Pero Leloir se propuso probar que podía llevarse a cabo el proceso metabólico sin células enteras. A ese fin, se asoció con Muñoz: "porque él ya había estado trabajando sobre el metabolismo del alcohol y tenía un método muy sensible para medirlo".
A diferencia de los investigadores que, mediante el aparato diseñado por Otto Warburg (1883-1970), medían la transformación del alcohol y las grasas por el consumo de oxígeno en preparados de tejidos con células enteras, Leloir y Muñoz lo midieron en preparados de tejidos cuyas células habían sido destruidas: "Eso fue una combinación de lo que Muñoz estaba haciendo con lo yo había aprendido a hacer en Cambridge".
Pero, pese a comprobar que algunos de los preparados sin células oxidaban las grasas, la mayoría de los experimentos fallaban.
Aprendiendo de sus errores, Muñoz y Leloir advirtieron que debían trabajar rápido y en frío para conservar la actividad de los preparados. Para eso era necesario centrifugar los extractos en frío para fraccionarlos. Como en esa época no existían las centrífugas enfriadas recurrieron a rodear la centrifuga con un neumático relleno de hielo y sal.
Así comprobaron que los preparados oxidaban las grasas: "Y se pudo ver que sí, que efectivamente no hacían falta las células enteras".
Leloir y Muñoz habían determinado la importancia funcional de ciertos elementos de la célula en el proceso bioquímico de la oxidación, antes que los citólogos hubieran establecido la estructura íntima de la célula.
Uno de los miembros del Instituto de Fisiología, el histólogo Jorge Porto, intentó, infructuosamente, identificar los elementos de la célula que intervenían en esas reacciones.
Esto fue logrado, hacia mediados de la década de 1940, por los investigadores Albert Claude, Christian de Duve y Georges Palade del Instituto Rockefeller, quienes mediante la centrífuga refrigerada y el microscopio electrónico, separaron e identificaron a los elementos de la célula, entre ellos las mitocondrias, como los organoides responsables.
Pero Leloir, en ese momento, ya había abandonado el tema.
Houssay había ideado emprender el estudio experimental de lo que se conocía clínicamente como hipertensión maligna, luego que Juan Guglielmetti (1891-1922), "uno de los jóvenes más capaces y talentosos" del Instituto de Fisiología, falleciera a causa de ella. Pero los intentos de sus discípulos Biasotti y Eduardo Braun Menéndez (1903-1959) para provocar experimentalmente hipertensión, habían fracasado. (Houssay, 1989b)
Esos fracasos no doblegaron a Houssay, y mientras Leloir colaboraba con Muñoz en la investigación del metabolismo de los ácidos grasos, encomendó a otro discípulo, Juan Carlos Fasciolo (1911-1993), que desarrollase una técnica para provocar hipertensión arterial en perros. Sin embargo, fue Harry Goldblatt, en el Instituto de Patología de la Western Reserve University de la ciudad de Cleveland, quien logró la técnica adecuada estrechando la arteria renal con pinzas de plata, reduciendo el flujo sanguíneo en el riñón, lo cual causaba el ascenso permanente de la presión arterial. (Goldblatt, 1937)
Houssay y Fasciolo reprodujeron la técnica de Goldblatt. Luego, extrajeron uno de esos riñones pinzados, lo injertaron a un perro normal y comprobaron que la presión arterial aumentaba de manera permanente. Dedujeron, entonces, que el riñón vertía, a la sangre, una sustancia que producía hipertensión. (Houssay y Fasciolo, 1937; Fasciolo, 1981)
Al año siguiente, Alberto Carlos Taquini (1906- ), también guiado por Houssay, comprobó que el plasma de la sangre del riñón pinzado contenía una sustancia vasoconstrictora que no existía en el plasma de la sangre normal. (Houssay y Taquini, 1938)
El riñón pinzado, que no estaba siendo drenado ni nutrido ni recibía oxígeno en forma adecuada, interpretaba, mediante los receptores fisiológicos, la ausencia de flujo sanguíneo como una pérdida de presión arterial y vertía al torrente circulatorio la sustancia hipertensora.
En esa coyuntura, con los fisiólogos y los bioquímicos del Instituto de Fisiología, Houssay formó un equipo de investigación: "Estaban Braun Menéndez y Fasciolo, más expertos en la parte fisiológica, y nosotros [Leloir y Muñoz] un poco más expertos en la parte bioquímica". Se agregó, poco después de su regreso de Boston, Taquini. (Houssay, 1989b)
Para establecer la existencia de la sustancia que provocaba la elevación de la presión sanguínea registrada por los fisiólogos, los bioquímicos del equipo incubaron extractos de riñón isquemiado con plasma sanguíneo. Sin embargo, pese a reiterados intentos, la sustancia no aparecía.
Pero, cierto día de abril de 1939, la insistencia de Braun Menéndez obligó a Leloir a repetir la incubación una vez más: "Para hacerle el gusto, se la mezclo, la incubo, y lo probamos y anduvo".
Leloir había logrado demostrar que la sustancia hipertensora era una sustancia formada por la enzima renina actuando sobre un sustrato del plasma de la sangre del riñón isquemiado.
Los investigadores denominaron a esa sustancia hipertensina y, al sustrato plasmático, precursor de la hipertensina o hipertensinógeno. (Braun Menéndez et al., 1939)
Leloir pudo explicarse por qué habían fracasado los intentos anteriores: "usaba extractos demasiado completos de riñón, sin purificar, y había una sustancia, una enzima, que después le dimos el nombre de hipertensinasa, que destruía la sustancia hipertensora tan rápido como esta se formaba".
Los resultados del equipo del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Buenos Aires, fueron simultáneos con los del de Irving H. Page en el Laboratorio Lilly para la Investigación Clínica del Hospital Municipal de Indianápolis. (Page, 1939; Helmer and Page, 1939; Muñoz et al., 1939)
El equipo argentino no pudo reclamar un descubrimiento sino, solamente, un co-descubrimiento: "Me acuerdo que cuando leímos el artículo de Page y colaboradores estábamos muy deprimidos. Sí, fue una época de mucha depresión cuando apareció eso".
El equipo también debió soportar y vencer dificultades económicas.
En un momento dado, la investigación casi se interrumpió ante la carencia de recursos pero, muy oportunamente, las empresas Hoffman-LaRoche y Padrós donaron, respectivamente, 1000 pesos y 800 litros de alcohol. (Evans, 1941)
Por su parte, Leloir, ayudante de investigaciones del Instituto de Fisiología con un sueldo de 150 pesos, pagaba casi el doble para tener un ayudante. (Evans, 1944)
El año 1942, Leloir inició la carrera docente en la Facultad de Medicina dando conferencias internas y de repaso a los alumnos: "Siempre era medio martirio tener que hacer docencia, evidentemente no nací para docente".
El 4 de junio de 1943, mas allá del Instituto de Fisiología, la continuidad institucional fue interrumpida súbitamente, "me enteré una mañana con gran sorpresa", cuando las fuerzas armadas dirigidas por el general Pedro Pablo Ramírez (1884-1962) depusieron al gobierno civil que pretendía instrumentar el fraude electoral para su candidato.
Algunos meses después, octubre de 1943, numerosos ciudadanos, y entre ellos Houssay, solicitaron en la prensa lo que consideraban la solución reclamada por la mayoría: "democracia efectiva por medio de la fiel aplicación de todas las prescripciones de la Constitución Nacional y la solidaridad americana por el leal cumplimiento de los compromisos internacionales". (Houssay, 1989d)
El 13 de octubre de 1943, el presidente de facto Ramírez respondió a esos ciudadanos y, entre ellos a Houssay, dejándolos cesantes en los puestos públicos.
Esta "inesperada y desproporcionada" reacción del gobierno de facto, que quebrantaba la escuela científica del Instituto de Fisiología al perder al director, desconcertó a los colaboradores cuya mayoría, solidariamente, renunció. (Leloir, 1983, 1986)
A ese momento, Leloir ya había decidido el casamiento con Amelia Zuberbuhler que realizó en noviembre, el mes siguiente de aquellos acontecimientos. Dado lo inseguro del ambiente de Buenos Aires para el trabajo científico, Leloir decidió pasar una temporada en el exterior.
Los flamantes esposos viajaron a Nueva York donde conocieron a Severo Ochoa (1905-1993) y su esposa Carmen, con quienes inician una larga amistad.
Ochoa, quien ya dirigía su propio laboratorio como Investigador Asociado en la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, indicó a Leloir que fuera a trabajar donde, durante 1937 y 1938, él se había adiestrado en el aislamiento y caracterización de enzimas: el Departamento de Farmacología de la Facultad de Medicina de la Universidad George Washington en la ciudad de Saint Louis del estado de Missouri.
Este Departamento estaba dirigido por Carl Ferdinand Cori (1896-1984) quien, junto a su esposa Gerty Theresa Radnitz (1896-1957), había orientado su investigación a las reacciones producidas en los sucesivos pasos metabólicos de los azúcares en el organismo.
Hasta esos años, la mayor parte de la investigación sobre los hidratos de carbono se había hecho en animales enteros y la del metabolismo intermedio no había sido iniciada. (Cori, 1931)
El resultado de las investigaciones de Cori, que condujo al descubrimiento del éster glucosa 1-fosfato (éster de Cori), estableció uno de los eslabones de la degradación de la glucosa mediante la ruptura de la cadena del glucógeno. Ese resultado contribuyó a cimentar el concepto de fosforolisis en la bioquímica.
En 1938, los Cori lograron la primera síntesis enzimática in vitro de un polisacárido: la conversión en tubo de ensayo de @-glucosa-1-fosfato en glucógeno y fosfato.
La permanencia junto con los Cori, desde febrero a agosto de 1944, puso a Leloir en contacto con una escuela y una línea de investigación que no abandonaría.
En 1946, al regresar a Buenos Aires, Leloir encontró que Houssay había sido repuesto como director del Instituto de Fisiología.
Entonces, en el subsuelo del Instituto de Fisiología, junto con el bioquímico Ranwel Caputto (1914-1994), de brillante desempeño en Cambridge, y el químico Raúl Trucco, Leloir emprendió investigaciones sobre el metabolismo de la lactosa.
Esta situación no duró. En agosto de 1946, Houssay fue jubilado de oficio y debió regresar al Instituto de Biología y Medicina Experimental, en la calle Costa Rica, junto con sus discípulos.
Leloir reinició allí las investigaciones: "en un cuarto, con una heladera y unas pocas pipetas". (Leloir, 1983, 1986)
El bioquímico Carlos Eugenio Cardini (1911-1992), ex-compañero de Leloir en el Instituto de Fisiología, interesó a su cuñado Jaime Campomar, un importante empresario textil, a promover una fundación científica de apoyo a la bioquímica.
El empresario consultó a Houssay quien indicó la conveniencia de proponer a Leloir la dirección del instituto de investigación bioquímica que deseaba crear y dotar: "Houssay no estaba muy convencido de que las cosas hubieran de andar bien pero, sin embargo, propuso mi nombre". (Leloir, 1983, 1986)
Para esos fines, Jaime Campomar compró la casa vecina a la del Instituto de Biologia y Medicina Experimental e instaló el Instituto de Investigaciones Bioquímicas Fundación Campomar: "Cinco habitaciones, un hall central, un patio, baño, cocina y un altillo". (Paladini, 1971)
El 3 de noviembre de 1947, se inauguró el nuevo instituto, con un primer becario, Alejandro Constantino Paladini (1919), para "realizar investigaciones básicas en el campo de la bioquímica, así como la formación de investigadores y técnicos en la materia". (Memoria, 1951)
El flamante grupo de investigación decidió investigar la degradación del azúcar de la leche, la lactosa, por la levadura (Saccharomyces cerevisiae), con la idea de que, conociendo el proceso de degradación, conocerían el proceso de su síntesis.
Desde 1948, Leloir y su equipo procuraron elucidar el ciclo de transformación de la glucosa.
Había dos coenzimas en este proceso y
se aplicaron a aislarlas. La primera con la que tuvieron éxito fue la glucosa 1,6 difosfato.
Al concluir de aislar la coenzima, Leloir dijo a su colaborador Paladini: "Esto va a estar en los libros". Efectivamente, en los libros de texto de bioquímica es conocida como el éster de Leloir.
Ahora quedaba establecer la existencia del segundo factor termoestable o coenzima: "Cuando acabamos de trabajar con la glucosa 1,6-difosfato continuamos con el otro cofactor. Se encontró que los concentrados activos absorbían la luz a 260 nanómetros y tenían un espectro similar al de la adenosina, pero con ciertas diferencias. En ese entonces los únicos nucleósidos solubles presentes en los tejidos que se conocían eran los ácidos adenílicos y el inosínico. Fue muy emocionante el día en que Caputto llegó temprano con un ejemplar del Journal of Biological Chemistry, el cual mostraba el espectro de la uridina. Este era idéntico al de nuestro cofactor". (Leloir, 1971)
Uno de los colaboradores recuerda: "En esta investigación jugó un papel muy importante una nueva técnica analítica que probablemente fuimos los primeros en usar en esta zona del mundo: la cromatografía en papel" (Paladini, 1971; Martin, 1947; Zechmeister, 1953)
En 1906, en el Instituto Fitofisiológico de la Universidad de Varsovia, el botánico Mikhail Tswett (1872-1919) había podido separar los componentes de la clorofila filtrando, a través de un tubo relleno de yeso, un extracto de hojas en éter de petróleo.
Tswett había creado un instrumento de análisis químico, al que llamó "análisis cromatográfico", utilizando la diferente afinidad de las sustancias absorbentes y adsorbentes. (Tswett, 1907)
Más de treinta años después ese instrumento, y la variante realizada sobre papel de filtro, sería fundamental en la investigación bioquímica donde "nos pasamos separando cosas".
Dibujos de Leloir que ilustran estados de ánimo y los aparatos utilizados en el laboratorio: "A un cierto solvente muy usado le tocó en suerte ser envasado en un frasco que tenía grabado el nombre de la loción original: 'Flor de Loto'" (Paladini, 1971)
Fue en 1951, con elementos más bien escasos, que Leloir y sus colaboradores identificaron la segunda coenzima, un nucleótido azúcar: la uridina difosfato glucosa (UDPG).
Este descubrimiento, que convirtió al éster de Leloir en un primo pobre, estableció una nueva línea de investigación que orientaría a numerosos investigadores posteriores.
Uno de estos investigadores solía responder, cuando se le preguntaba acerca de su investigación: "'Estoy interesado en la Plaza Pigalle y camino por la calle Leloir'. Nadie comprendía el chiste inmediatamente. Pues cuando mencionaba a la Plaza Pigalle, significaba Pgal (phophogalactose) y no el conocido barrio de París donde se hallan los ateliers de los pintores, los cafés de los escritores y los night clubs. Y, por calle Leloir, entendía algunos de los caminos del metabolismo de la galactosa y los nucleótidos azúcares, que nosotros también estudiábamos". (Leloir y Paladini, 1983)
La consolidación de las instituciones científicas también comprometieron el esfuerzo de Leloir, y, en 1951, organizó la primera reunión de la que sería la Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica.
En sucesivos años, Leloir y su equipo produjeron nuevos descubrimientos: 1952, la UDP-acetilglucosamina GDP-mannosa; 1953-1955, la UDP-ácido glucurónico; 1953, la biosíntesis de los disacáridos trehalosa y sacarosa.
En 1957, hallaron la enzima que transfería glucosa del UDPG al glucógeno, probando que la síntesis y la degradación del glucógeno se producían por reacciones diferentes.
En 1947, cuando la Academia Sueca entregó el Premio Nobel de Fisiología y Medicina a los esposos Cori, que compartían con Houssay, afirmó que sus investigaciones habían resuelto el enigma de la transformación del glucógeno. En 1970, el miembro de la Academia de Ciencias de Suecia en la entrega del Premio Nobel de Química a Leloir, puntualizó que la conversión de glucógeno en glucosa lograda por los Cori se producía solamente en ciertas condiciones particulares.
Los resultados de la investigación de Leloir superaron a los de sus maestros. Pero ambos, Cori y Leloir, habían recorrido un camino aún no terminado: tampoco hoy sabemos la solución completa de la síntesis del glucógeno.
En 1956, la reorganización de las universidades argentinas desmembró el grupo inicial del Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar..
Al regreso de Nueva York, donde en el Instituto Rockefeller había estudiado la separación de péptidos por distribución en contracorriente, Paladini organizó un laboratorio para polipéptidos y proteínas en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Medicina, en colaboración con Eduardo Braun Menéndez. Ranwel Caputto, quien había emigrado y creado en la provinciana ciudad de Oklahoma una escuela de investigación, se radicó en Córdoba donde fue designado profesor titular de bioquímica en la Facultad de Ciencias y, posteriormente, llamó a su lado a Raúl Trucco.
Dos años después, en 1958, la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales asoció al Instituto de Investigaciones Bioquímicas y designó Profesor Extraordinario de Investigaciones a Leloir. "Siempre que no tenga que firmar papeles y dar clases", subrayó Leloir al aceptar.
También ese año, Leloir integró el primer directorio del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas.
Houssay dice: "Leloir es reflexivo", Leloir dice, "Yo más que imaginativo soy experimental. No tengo mucha fe en lo que pienso. Prefiero experimentar. No vale la pena pensar demasiado". (La Nación, 1968)
A mediados de la década del 60, Leloir había conformado el grupo de investigadores en bioquímica que justificaba la creación de una sociedad, quienes fundaron la Sociedad Argentina de Investigación Bioquímica.
A principios de 1970, el abatimiento físico de Houssay inquietó a la comunidad científica argentina pues, aunque no doblegaba su personalidad, hacía necesario reemplazarlo al frente de las instituciones que dirigía: "Tal vez se quedó demasiado tiempo".
En esa circunstancia, numerosos investigadores recurrieron a Leloir para que presidiese el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas. Leloir, empero, rechazó esa exigencia: ya dirigía su grupo de trabajo en la mejor forma que sabía. (Caputto, 1973)
En noviembre
de 1970, Houssay, ya postrado, tuvo la alegría de saber que
la Academia Carolina de Ciencias de Estocolmo había concedido
a Leloir el Premio Nobel de Química por el descubrimiento de los nucleótidos azúcares.
Ante la presión de la súbita popularidad, Leloir recordó el esfuerzo de esos años: "Es como estar en un cuarto oscuro. Uno saca cosas de allí, saca cosas. No sabe cuanto queda por sacar, ni qué sucederá cuando se saque todo. En representación de mi equipo recibí un premio por haber sacado algo del cuarto oscuro". (La Nación, 1970)
La amistad entre Amelia, la esposa de Leloir, y Carmen, la esposa de Severo Ochoa, tendría otro motivo para compartir. Ambas reprenderían a los maridos diciéndoles: "Parece mentira que te hayan dado el Premio Nobel".
La preparación de la herenciaTras el otorgamiento del Premio Nobel, Leloir orientó su esfuerzo a consolidar su obra: la construcción del nuevo edificio de la Fundación Campomar.
Para ello, además de establecer que los laboratorios careciesen de despacho, diseñó las líneas de investigación: laboratorios de mecanismos de regulación (análisis de los procesos que aseguran a las distintas sustancias los niveles adecuados para mantener el funcionamiento óptimo de las células vivas), laboratorios de hidratos de carbono (investigación de la formación de hidratos de carbono en células vivas), laboratorios de glicoproteínas (investigación de síntesis de glicoproteínas), departamento de desarrollos especiales (investigación y desarrollo de programas para la simulación de modelos enzimáticos).
En 1981, a diez años
de recibir el Premio Nobel, Leloir inauguró el nuevo edificio frente al Parque Centenario.
Convertido en una figura pública, Leloir fue obligado a responder por la obra realizada y, ante la insistencia de un periodista sobre la aplicación práctica de un resultado científico básico, respondió: "Por ahora es saber más". (La Nación, 1981)
En 1983, ante la queja de un colaborador por la desinformación de la sociedad sobre la actividad de los investigadores, apoyó la formación de un núcleo de periodismo científico en el Instituto de Investigaciones Bioquímicas de la Fundación Campomar.
Esta iniciativa sería fecunda: el núcleo se extendió a la mayoría de las facultades de la Universidad de Buenos Aires.
Leloir murió el 17 de diciembre de 1987, cuando culminaban los homenajes por el centenario del nacimiento de Houssay.
En tanto que Houssay fue un hombre público que fundó las instituciones de la ciencia en la República Argentina -el Instituto de Fisiología, la Sociedad Argentina de Biología, la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, el Instituto de Biología y Medicina Experimental, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas-, Leloir fue un hombre privado en el laboratorio del instituto de una fundación.
Pues, así como la vocación de Houssay superó la modestia económica, la vocación de Leloir logró superar la holgura económica para ser el artífice de la obra en la que fue maestro
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