Archivo de la Academia Nacional de Ciencias
Exactas, Físicas y Naturales. Alberto C. Taquini,
Entrevista realizada por Ariel Barrios Medina,
Archivo del Museo 'Bernardo A. Houssay'
A
fines del siglo pasado,
Groussac
afirmó acerca del sistema social de la ciencia: "Los
hombres de genio, las grandes obras originales que dominan un siglo, no se
presentan aisladas sino en las concepciones infantiles de las multitudes.
En realidad, esas cosas y esos hombres de proporciones sobrehumanas y
tempranamente legendarias, no son tales más que por el simbolismo y
la representación: podría decirse que no tienen
individualidad más que por sus cúspides brillantes, pues el
resto de su mole se confunde con las masas vecinas y no se destaca"
(Groussac, 1895).
Este hombre de letras francés, emigrado en la República Argentina, se expresaba acerca de una sociedad cuyas moles científicas estaban, apenas, naciendo juntamente con aquellas menos elevadas con las que se confundirían solidarias.
Hacia los años en los cuales Groussac escribió estas líneas, otro emigrante, catalán en este caso, iniciaba el esfuerzo con el que alcanzó una posición económica desahogada.
El 1° de abril de 1902, nació Venancio, el primer hijo de ese catalán comerciante de muebles, Tomás Deulofeu, y Camila Gascons, una coprovinciana que había llegado al país a fines del siglo XIX.
Luego de concluir la escuela primaria, Venancio ingresó, en 1914, al Colegio Nacional "Mariano Moreno" de donde, en 1919, egresó bachiller con mención honorífica.
Quizá porque junto a un compañero hacían algunas manipulaciones que llamaban experimentos químicos, fue que ingresó, en 1921, a la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales en la calle Perú 222.
En la facultad de esos años, solamente dos profesores efectuaban investigaciones en química orgánica: "Uno era el doctor Enrique V. Zappi quien en 1915 había preparado los primeros heterociclos que contenían arsénico como heteroátomo; el otro era el doctor Luis Guglialmelli, quien se había ocupado de las reacciones de algunos hidrocarburos aromáticos, en particular del bifenilo y el fluoreno". (Deulofeu, 1973; Silva, 1933b).
Enrique V. Zappi, el profesor de química orgánica, fue el primero que estimuló la vocación y el interés de Venancio enseñándole el manejo de las técnicas de investigación de los productos naturales.
Un día de 1923, Deulofeu entabló conversación, después de la clase, con el profesor de Química Biológica: "Pienso que debo haberle preguntado algo sobre la insulina, pues algunos días después me preguntó a su vez si quería acompañarlo en un trabajo que estaba realizando con el fin de preparar insulina de una pureza que permitiera su empleo en experiencias con animales. La única condición era trabajar gratis 'et amore'." (Deulofeu, 1981).
De ese modo, aún estudiante de la facultad, Venancio inició, dirigido por el profesor Alfredo Sordelli (1891-1967), jefe de la Sección Sueros y Vacunas del Instituto Bacteriológico, el aislamiento y el control biológico de productos naturales.
Venancio acompañó a Sordelli cuando, luego de obtenerlas, llevaron las primeras muestras de insulina a Houssay quien, al saber del descubrimiento, le había encarecido que la produjera. Tres meses después, Houssay comprobó la acción terapeútica, "útil, eficaz y notable", sobre la diabetes del producto obtenido por ambos colaboradores. (Deulofeu, 1981).
Este acontecimiento, que había sido posible por la estrecha relación personal y científica que unía a Houssay con Sordelli, Auxiliar Docente de Química Biológica en el Instituto de Fisiología dirigido por Houssay, unió la estrella de Deulofeu a la de ambos.
En julio de 1923, Venancio sintió, además, el agradable sabor de la letra impresa pues Sordelli agregó el nombre del joven colaborador al artículo en que publicaba esos primeros métodos y resultados en la obtención de la insulina. (Deulofeu, 1948)
En la Sección Físico-Quimica del Instituto Bacteriológico, Venancio conoció al químico Raúl Wernicke (1888-1949) de quien sería ayudante y con quien, nuevamente con Sordelli, colaboró en otro trabajo publicado sobre la preparación de la insulina.
Por obra de estos químicos, y de un estudiante de química, los diabéticos de la República Argentina, como ocurría con los de América del Norte y Europa, dispusieron de la insulina que les aseguraba la supervivencia.
Luego de estos resultados, y sobre la marcha, Sordelli lo comprometió a trabajar sobre un tema de producción de sueros: "Así es como al terminar mi carrera, tenía hecha mi decisión de entregarme por completo a la investigación científica. En este punto SordelIi es el único culpable". (Silva, 1934).
La decisión de Deulofeu de dedicarse a la investigación científica en la Argentina de 1920, fue producto de las condiciones de la sociedad que concedía mejores recursos a las Ciencias Biológicas y, en particular, las directamente relacionadas con la salud pública. (Deulofeu, 1973).
Al
graduarse en 1924, el doctor Ventura Morera propuso a Deulofeu como
sustituto del curso de Química Biológica en el Instituto de
Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de la
Universidad del Litoral en Rosario. Ese instituto estaba dirigido por uno
de los primeros discípulos de Houssay, el doctor Octavio Pico
Estrada, con quien investigó las variaciones del contenido de la
glucosa en la sangre por la acción de la insulina y la adrenalina.
Concluidos esos cuatro meses de experiencia docente y científica, Deulofeu retornó a Buenos Aires y, en la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, fue profesor suplente de Química Orgánica en la carrera de Ingeniería Industrial y el Doctorado en Química.
En 1929, la vocación institucional de Deulofeu lo integró al consejo directivo de la facultad que aprovechó: "Su extraordinaria eficiencia para la labor colectiva. Nunca habla sin saber, nunca juzga con pasión, nunca procede con precipitación ni admite trabas o influencias con su pensamiento. Por eso su consejo y opinión tienen tanto peso en las discusiones de los cuerpos colegiados. Y además, trabaja como pocos: con método, tesón y constancia; sin apuro pero sin interrupción". (Braun Menéndez, 1948).
En 1930, Deulofeu presentó la tesis doctoral "I", que había debido elaborar autodidácticamente, pues nadie desarrollaba investigación sobre los hidratos de carbono. (Lederkremer y Gros, 1988) Pese a ello, logró un resultado importante desde el punto de vista de la estereoisomería al incorporar un azúcar raro -la treosa- al grupo de los monosacáridos.
A mediados de 1930, ya casado, Deulofeu decidió viajar a Munich a trabajar en el laboratorio de Heinrich Otto Wieland (1877-1957): "Se trataban varios temas y me incorporó al que consideraban más importante, como era la estructura química de los ácidos biliares, relacionados con la colesterina y que se consideraban compuestos muy importantes para el progreso de otros campos". (Deulofeu, 1973).
En el laboratorio de este eminente químico, Premio Nobel 1927, Deulofeu obtuvo del ácido cólico, mediante un tratamiento suave de deshidratación que eliminaba un hidroxilo, el ácido apocólico.
Con el resultado de estas experiencias, Wieland estableció un ciclo de siete átomos de carbono como estructura de los esteroides. Para la investigación de esa estructura, que luego se reveló inadecuada, incorporó parte del trabajo experimental de Deulofeu.
En diciembre de 1930, Deulofeu recibió una carta de Houssay comunicándole la vacancia de la cátedra del curso de química orgánica en el Instituto de Fisiología: "Varias personas que conocen a usted y que tienen responsabilidad científica me han significado la conveniencia de interrogar a usted acerca de su posible candidatura para este cargo".
Deulofeu aceptó la propuesta de ser candidato al concurso, que ganó estando en Alemania.
En marzo de 1931, Deulofeu retornó a Buenos Aires para integrarse al Instituto de Fisiología en el que, aun cuando la colaboración con los trabajos de investigación de Houssay fue pequeña, permaneció, hasta 1948, como Auxiliar Docente de Química Biológica. (Deulofeu, 1981)
Con la experiencía adquirida en el laboratorio de Wieland, Deulofeu estableció que la bilis de las serpientes argentinas contenían ácido cólico. También inició estudios sobre los venenos de los sapos y la secreción de sus glándulas de las que aisló adrenalina, bufotonina, dehidrobufotenina y bufotenina.
Esta investigación lo mantuvo vinculado a Wolfgang, hijo del profesor Wieland, quien años después hizo su tesis sobre los venenos de los sapos que él le proveería.
También retornó al Instituto Bacteriológico en el que Sordelli, ahora Director, lo promovió a Jefe de la Sección Organoterapia, a la que ambos estaban asociados desde los inicios de la producción industrial de insulina.
En el desempeño de esa función, Deulofeu aisló estrona de la orina de padrillo, en forma independiente del químico Haussler en Suiza, lo que constituyó la primera prueba de que parte de la acción estrogénica encontrada en la orina de este animal macho se debía a una hormona femenina.
En esa misma sección, Deulofeu desarrolló las insulinas de acción lenta. En 1936, el investigador danés Hagedorn produjo estas insulinas asociándolas a la proteína extraída del salmón: la protamina.
Ante la imposibilidad de obtener esa proteína en el país, Deufoleu produjo otra proteína a partir del hígado -la histona- con la que obtuvo resultados comparablemente satisfactorios para producir insulinas de acción lenta: la insulina-histona.
De esa manera, Venancio Deulofeu multiplicó su actividad docente y científica en el Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas, el Instituto Bacteriológico del Departamento Nacional de Higiene y la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
Deulofeu también colaboró en las instituciones que servían a la organización de la ciencia en la República Argentina.
En una sesión de agosto de 1933, un miembro de la Cámara de Senadores expresó, más bien incidentalmente, acerca de un proyecto de ley para reconocer validez a los diplomas profesionales obtenidos por los argentinos en el extranjero que "No hay en nuestro país quienes se dedican exclusivamente a estudiar la filosofía y a investigar la ciencia y transmitir a sus alumnos el resultado de sus estudios o investigaciones" (Houssay, 1964 y 1989).
Houssay consideró injusto este juicio, pero su nota de protesta no fue respondida. Carlos Alberto Silva (1895-1958), taquígrafo del Congreso Nacional y periodista de la revista El Hogar, indignado por tal desconocimiento, redactó y publicó en la revista una serie de reportajes sobre la labor de los científicos argentinos con el título: "Enterémonos de lo que se hace en nuestra propia casa".
Silva entrevistó, además de Houssay, a los químicos Alfredo Sordelli y Horacio Damianovich, al ingeniero Enrique Butty, al ingeniero agrónomo Lorenzo Raimundo Parodi, a Venancio Deulofeu, al médico pediatra Pedro Elizalde, a los colaboradores del Instituto de Fisiología, los bioquímicos Agustín D. Marenzi y Pedro Mazzocco, al microbiólogo Juan Bacigalupo, Juan Vignaux, Adolfo T. Williams, al químico Enrique V. Zappi, al biofísico Raúl Wernicke y al médico Alfredo B. Biasotti.
Mientras llevaba a cabo esa tarea, Silva convocó a una reunión el 6 de diciembre de 1933, en el restaurante "La Sonámbula", en la cual propuso constituir una sociedad para "el mejoramiento de la investigación científica en la República Argentina, acrecentamiento y expansión de los centros existentes y la creación de ambiente propicio para tan altas disciplinas". Esa reunión fue la sesión constitutiva de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias. (Houssay, 1964 y 1989).
En la flamante Asociación, de la cual Houssay fue elegido presidente, Venancio Deulofeu fue el tesorero. En estas funciones, y reelegido en sucesivos períodos, desplegó la capacidad de trabajar en conjunto.
También en esos años, en 1937, Deulofeu publicó con Agustín Marenzi (1901-1967), discípulo de Otto Folin y auxiliar docente de Química Biológica para el doctorado en Bioquímica y Farmacia en el Instituto de Fisiología, el libro Química Biológica en la que ambos plasmaban su experiencia docente.
[fotografía] Reproducida del original conservado en el Museo 'Bernardo A. Houssay'
Los graduados recurrían a Deulofeu para mejorar su formación. Entre muchos otros, Luis Federico Leloir (1906-1987) le escribía desde Inglaterra, adonde había viajado para perfeccionar su formación en el laboratorio de Frederick Gowland Hopkins (1861-1947) en Cambridge, que le estaba sirviendo de mucho todo lo que había aprendido con él, con Zappi en química orgánica y con Julio Orozco Díaz en fisicoquímica.
Cuando, en 1940, un grupo de médicos clínicos experimentales, entre ellos Alfredo Lanari (1910-1985), fundó la revista Medicina, lo integraron al comité editorial, "núcleo de personas con la capacidad científica necesaria, con el tiempo y dedicación consiguientes y con la independencia indispensable", para decidir acerca de la calidad de los artículos a publicarse.
En 1942, fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales y, en ese carácter, en setiembre de 1943, invitó a Houssay a dictar una conferencia sobre la situación universitaria.
Y cuando, en octubre de 1943, fue dejado cesante por el nuevo gobierno nacional como presidente de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias, Houssay recurrió a Venancio Deulofeu para superar el desconcierto que le provocaba ese agravio.
En 1946, el mismo año que la Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales lo incorporaba como miembro titular, Deulofeu fue miembro de la asociación que fundó la revista Ciencia e Investigación de cuyo comité de redacción fue parte, junto con Eduardo Braun Menéndcz, Horacio J. Harrington, Juan T. Lewis y Lorenzo Parodi.
En 1949, tras superar la crisis de esos años, el colegiado de la Asociación Argentina para el Progreso de las Ciencias eligió presidente a Venancio Deulofeu, para suceder a Houssay.
EL año anterior, en 1948, Deulofeu había sido elegido miembro titular de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires para ocupar el sitial dejado vacante por Juan Aníbal Domínguez (1876-1946), un reconocido investigador de los productos naturales.
De ese modo, la Academia reconocía la tradición que había unido la medicina y la química hasta que la química surgió como ciencia independiente.
Las investigaciones de Venancio Deulofeu en aquellos años consolidaron la tradición fitoquímica iniciada por Pedro Narciso Arata (1849-1922) y continuada por Juan Aníbal Domínguez (18 -19 ).
Cuando hubo grandes dificultades para disponer del cardiotónico quinidina, comprobó que una de las fagarinas obtenida de la Fagara Coco de la provincia de Córdoba, poseía una actividad similar, o aún superior, restaurando el ritmo cardíaco en los aleteos auriculares y las fibrilaciones ventriculares. (Deulofeu, 1945; Taquini, 1946).
En los años de desolación y miseria de la posguerra en Alemania, Deulofeu acudió en auxilio de su maestro Wieland enviándole paquetes de alimentos. Esta ayuda, como lo expresó la doctora EIisabeth Deane, estrecha colaboradora de Wieland: "provocaba alegrías que él no se podía imaginar, pues en los buenos tiempos dábamos tantas cosas por supuestas que ahora solamente eran posibles por su bondad".
A principios de la década de 1950, una década de transformaciones en la universidad y del país, Venancio Deulofeu debió jubilarse, así como Alfredo Sordelli, en la Facultad de Medicina y el Instituto Bacteriológico.
En 1952, fue nuevamente ese maestro quien, como treinta años atrás, lo llamó a su lado a trabajar, esta vez en los laboratorios de investigación que la empresa E. R. Squibb había fundado en la Argentina para aprovechar las ventajas económicas que ofrecía la República Argentina en los años del Primer Plan Quinquenal.
En la coyuntura internacional en que los laboratorios se habían lanzado ansiosamente a la búsqueda de antibióticos, Deulofeu aisló la curamicina de un hongo hallado en la provincia de la Pampa, aventajando a otros investigadores que sólo años después encontrarlan antibióticos con estructura similar.
En
ese momento, su obra científica había traspasado las
fronteras de la patria. Por ello, en noviembre de 1955, la Universidad de
París le otorgó el doctorado Honoris Causa.
Ya en su país, el 9 de abril de 1956, Deulofeu fue homenajeado públicamente. En esa ocasión, Houssay recordó: "Venancio Deulofeu es un maestro que ha realizado una de las obras universitarias más extensas e importantes en la Argentina. Es maestro por vocación que una larga experiencia ha consolidado. Tiene fe en su patria y en el valor intrínseco de la ciencia, porque sabe que ella ilustra al espíritu y da riqueza y bienestar a las naciones. Su aptitud de maestro auténtico se ha revelado en su obra de más de 30 años como docente e investigador".
En 1958, el Presidente Provisional Aramburu creó el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). En la reunión constitutiva para elegir el primer directorio, Venancio Deulofeu propuso a Houssay como presidente lo que fue aceptado por unanimidad.
También en 1958 fue refundado el Instituto Tecnológico, que dependía del Ministerio de Asuntos Técnicos, creándose el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) de cuyo consejo directivo fue elegido vicepresidente.
Los miembros del consejo de este nuevo Instituto se vincularon en "un compañerismo muy grande" y hubo fundamental acuerdo en todas las cuestiones que debieron resolver pues, en realidad, fue un reencuentro con algunos de quienes había compartido los años de facultad: Salvador María del Carril, Roberto José Recoder.
Por su firme creencia de que no podía hablarse de industria sin una base científica organizada, Venancio Deulofeu fue llamado, amistosamente, "el cienzudo" por sus compañeros de directorio.
Fue esa vocación por la ciencia la que apoyó el desarrollo de la metrología en la Argentina, propulsando la creación de firmes lazos con el Instituto Técnico de Física de Braunschweig.
La preocupación para superar el arraigado empirismo de los industriales argentinos, impulsó a Deulofeu a la formación de la biblioteca del INTI de cuya comisión fue su presidente. Pues, además: "Estaba orgulloso de ser consejero del INTI", al cual aportaba el criterio independiente de los intereses creados de las empresas.
En 1956, al retornar al antiguo edificio de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la calle Perú, retomó la formación de discípulos quienes utilizaban el polarímetro y el espectrofotómetro de Beckmann, adquiridos con sus recursos y puestos a disposición del Departamento de Química Orgánica.
Su dura escuela por la institucionalización de la ciencia en la Argentina le hacía desconfiar de la cuantiosa asignación de recursos económicos a la ciencia ("Big Science") que en esos años impulsaba Rolando García, el decano de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales. En ese sentido, era "un conservador ilustrado" al cual algunos hechos no dejaban de darle razón.
Pero los acontecimientos sociales de esa turbulenta década, cuyas generaciones jóvenes reclamaban otras experiencias culturales, lo excedieron.
Al año de la violenta intervención policial a la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, en julio de 1966, numerosos alumnos le puntualizaron: "la libertad de opinión no es una reivindicación revolucionaria sino, podría decirse, condición esencial de existencia de la universidad. Siglos de historia así lo indican. Nada más lejano de esta imagen que la universidad argentina de 1967". Pero Deulofeu, como Houssay, no pronunció las palabras que estos discípulos le reclamaban.
Empero, su condición de maestro científico permaneció indiscutida y, en ese mismo año, Deulofeu recibió el Premio Bunge y Born de Química.
En 1969, Alberto Carlos Taquini, tras advertir la carencia de una política explícita de la ciencia en la Argentina, propulsó la creación de la Secretaría de Estado de Ciencia y Técnica, de la que fue el primer titular. Llamó para asesorarlo a quien sabia que conocía muy bien el problema científico: "Deulofeu tenía el despacho al lado mío. Y todo lo que se hizo en la secretaría lo hicimos de común acuerdo. Yo no hice prácticamente nada en la secretaría sin hablarlo con Deulofeu".
Deulofeu fue asesor de la flamante Secretaría, tanto porque la consideró un organismo nuevo que podía tener influencia beneficiosa e importante en el desarrollo de la ciencia y la tecnología de la Argentina como por la persona del secretario a quien conocía y apreciaba desde 1930.
Nuevamente, en 1973, fue reconocida la excelencia científica de Deulofeu cuando la Organización de Estados Americanos (OEA) le otorgó el premio que llevaba el nombre del científico con quien, de un modo u otro, había colaborado durante mas de 40 años: el Premio Houssay.
En la década de 1970, tanto la preeminencia científica de su generación como su estricto apego a las leyes, fue desafiada por las nuevas generaciones en pos de una ciencia para la liberación social.
Aunque ya no dirigía el Departamento de Química Orgánica de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, tales conmociones afectaron a los discípulos y provocaron alguna amargura en quien era el Néstor de la química argentina.
Pues no dejó de señalar, infructuosamente, a la autoridad responsable el daño que acarrearía al desarrollo científico de la Argentina la separación de investigadores, entre ellos la del bioquímico Ranwel Caputto en Córdoba.
Pese a todo, superó esas turbulentas circunstancias y, en 1977, le fue otorgado el Premio Consagración Nacional que recibió tres años después.
Al cabo de su vida, un discípulo puntualizó el significado de esa preeminencia: "Los maestros son un fenómeno raro: sólo unos pocos aparecen en cada generación. La Química Orgánica en la Argentina tuvo la suerte de contar con uno: Venancio Deulofeu". (Comin, 1982)
Venancio Deulofeu, tras una rápida decadencia física, murió el 4 de octubre de 1984. También la memoria de su vida y obra comenzó a desvanecerse rápidamente.
Años después de la muerte, quien lo había llamado a asesorarlo en la Secretaría de Ciencia y Técnica, expresa acerca de este olvido de su memoria: "Me sorprende como desapareció Deulofeu. No se puede explicar. No tengo una explicación razonable".
Hace cien años, Groussac dió esa explicación razonable. Venancio Deulofeu no es una de esas altas cumbres que deslumbran sino una de aquellas firmes mesetas que las sustentan.
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