Fuente: Revista Ciencia y Tecnología en la Universidad. Agosto 1991.
Un Joven colaborador de Houssay observó por primera vez en la historia de la medicina que la privación simultánea del páncreas y la hipófisis no producía diabetes en animales de laboratorio. En la entrevista, el mismo Biasotti relata cómo fue el hecho.
Por: Ariel Barrios Medina
En la tarde del 8 de mayo de 1929 un médico de 26 años
ayudó a Bernardo Alberto Houssay, director del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas, a extraer el páncreas a un perro para convertirlo en diabético. El joven colaborador, graduado en 1926, había
regresado recientemente de un viaje de estudios a los Estados Unidos de Norteamérica y Europa.
Con una beca de la Universidad de Buenos Aires, solicitada por Houssay al rector Ricardo Rojas, había trabajado siete meses en el Pabellón de Enfermedades Metabólicas del Instituto Russell Sage de Patología del Hospital Bellevue, en Nueva York.
Al fin de su estadía su director Eugene Du Bois testimoniaba que el becario argentino "pasó la mayor parte del tiempo con el calorímetro de Atwater RoseBenedict. Aprendió a manejar el espirómetro de Tissot, el aparato de análisis de gases de Haldane Henderson, el aparato para determinar metabolismo basal de Benedict-Roth y muchos otros dispositivos en uso en nuestro laboratorio. Tiene un buen conocimiento de la ciencia de la nutrición".
Du Bois afirmaba además que el becario poseía la rara cualidad de llevarse bien con la gente, que había trabajado "hard and intelligently" y que tenía capacidad para investigar por sí mismo.
EL dominio que este graduado había adquirido en las técnicas de calorimetría y sus posibles aplicaciones clínicas decidió a Houssay a tomarlo como colaborador en el estudio del metabolismo de los perros a los que se habían extirpado la hipófisis y el páncreas.
EL 9 de mayo, al día siguiente de la operación, su colaborador informa azorado a Houssay que la sangre del perro operado tenía menos azúcar que la de un perro normal.
Houssay rechaza esa novedad con fastidio: los reactivos debían estar viejos o los análisis mal hechos. Pero, tras la repetición de los análisis con reactivos nuevos y ante la insistencia de su colaborador, comprueba "con gran impresión" que los perros privados de ambas glándulas, el páncreas y la hipófisis, no eran diabéticos.
Desde que Oscar Minkowski lo habla logrado por primera vez en 1889, se sabía que la extirpación del páncreas provocaba diabetes a un perro. Esto es, que perdía la capacidad de regular su contenido de azúcar en la sangre y en la orina. De ese modo Minkowski había logrado reproducir en el perro la patología que en los seres humanos es conocida como diabetes.
Desde fines del siglo pasado también se discutía la importancia fisiológica de la hipófisis a la que se consideraba un remanente embriológico. Empero la observación anátomo-clínica de Pierre Marie ya había señalado en 1886 que los tumores de la hipófisis estaban asociados a la acromegalia: gigantismo de la estatura y del desarrollo de la mandíbula, de las extremidades, gran voracidad y diuresis.
Sin embargo, desde 1900, numerosos investigadores, entre ellos Houssay, comprobaron que los extractos del lóbulo posterior a la hipófisis actuaban sobre las contracciones del útero y la presión arterial y, desde 1921, que el extracto del lóbulo anterior de la hipófisis promovía el crecimiento y el desarrollo sexual.
Ahora bien, aunque los clínicos hallaban un alto porcentaje de diabéticos entre los acromegálicos, los fisiólogos no encontraban vínculo entre la hipófisis y la regulación del metabolismo de los hidratos de carbono.
Es por esta razón que Houssay y su colaborador estaban tan impresionados ante la ausencia de glucosa en la sangre del perro privado del páncreas luego de la ablación de la hipófisis, pues era sencillamente impensable la atenuación de la diabetes en animales privados de ambas glándulas.
La publicación de estos resultados en los números de abril, junio y agosto de 1930 en la Revista de la Sociedad Argentina de Biología provocó una general sorpresa entre los fisiólogos que designaron "perros de Houssay" a estos animales privados de hipófisis y páncreas que no eran diabéticos.
Ese mismo año, Houssay reconoció la feliz ayuda de su colaborador, agregando a mano, algo más bien excepcional, en el informe acerca del cumplimiento de su adscripción docente para la que había presentado un trabajo sobre diabetes pancreática e hipofisectomía en los sapos, que "había trabajado diariamente en este laboratorio con mucha dedicación y capacidad".
Por ello Houssay lo designó Ayudante de Investigaciones en uno de los escasos puestos rentados con que contaba el Instituto de Fisiología y, años después, encargado de Investigaciones en Nutrición. Como tal ayudó a formar a otros investigadores, entre ellos a Luis Federico Leloir, a quien enseñó a medir el contenido de glucosa en la sangre.
Dirigido por Houssay, su colaborador continuó explorando la relación entre la hipófisis y el páncreas. Así probaron que extirpando el lóbulo glandular de la hipófisis de los sapos, equivalente al lóbulo anterior de los perros, provocaban la desaparición de la diabetes en los sapos a los que se había extraído el páncreas.
En consecuencia, quedó demostrado que la acción de la hipófisis sobre el metabolismo de los hidratos de carbono se debía a su lóbulo anterior.
Houssay concluyó la prueba de esta afirmación mediante la inyección de extractos del lóbulo anterior de la hipófisis, los cuales provocaban diabetes en animales normales. Así pudo afirmar que el extracto del lóbulo anterior de la hipófisis, además de promover el crecimiento, causaba diabetes.
Hacia fines de la década de 1930, Houssay consideró suficientemente probada esa acción diabetógena y orientó su esfuerzo a develar la relación de la hipofisis y el páncreas en la regulación del nivel de glucosa en la sangre.
Este cambio de frente de investigación lo apartó de su colaborador quien se orientó a la observación clínica de las insulinas de acción prolongada.
Los sucesos políticos y universitarios de la primera mitad de la década de 1940 completaron el distanciamiento entre ambos.
En 1947, la Real Academia de Medicina y Cirugía de Suecia otorgó a Houssay, junto con los esposos Carl F. y Gerty T. R. Cori, el premio Nobel de Fisiología por su descubrimiento de la relación del lóbulo anterior de la hipófisis con el metabolismo de los hidratos de carbono.
En su discurso de recepción del premio Nobel, aún cuando el vínculo ya había desaparecido, Houssay no dejó de mencionar a su joven colaborador como uno de los que contribuyeron al descubrimiento.
Ese colaborador, el doctor Alfredo Benito Biasotti, falleció el 27 de mayo de 1991 en la misma ciudad de Buenos Aires en la que había nacido el 23 de febrero de 1903.
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