Proyección latinoamericana de la obra de Houssay

Afirmaciones del doctor Roberto Caldeyro Barcia,
efectuadas el 22 de setiembre de 1977 en un acto académico para honrar la memoria de Houssay.

En lo personal, es con profunda emoción y agradecimiento que recuerdo las innumerables ocasiones en que el Profesor Houssay me orientó, me aconsejó y me prestó el mayor apoyo desde los comienzos de mi carrera de fisiólogo en 1942, hasta el final de su fecunda existencia.

Se puede afirmar sin pecar de exagerado que el Profesor Bernardo A. Houssay es el investigador latinoamericano que más ha contribuido al desarrollo de las ciencias biomédicas en nuestro continente.

Promovió su iniciación en aquellas regiones donde aún no existían e impulsó su progreso donde se hallaban en incipiente grado de desarrollo.

Gracias a esta acción fecundante y dinamizadora, que junto con su Escuela ejerció sin interrupción durante más de medio siglo, América Latina tiene hoy una ciencia biomédica con tradición propia y de alto nivel.

A principios del siglo XX, en un subcontinente que en lo económico, tecnológico y cultural era dependiente de Europa y Angloamérica, se produce un fenómeno poco común: surge un científico investigador que se desarrolla sólidamente, a pesar de que el ambiente no era aparentemente propicio para ello.

Como lo describe Alfredo Lanari, el medio en el cual se desarrolló Houssay –la Argentina de 1908 a 1919– era indiferente, ajeno e ignorante en lo que concierne a ciencia e investigación, aunque no necesariamente hostil.

"Houssay efectuando en un perro una investigación sobre adrenalina con los doctores Magenta y Solari; abril de 1928" (la fotografía y el epígrafe reproducen el original del archivo de Caras y Caretas, preservado en el Archivo General de la Nación).Dotado de excepcionales condiciones intelectuales, disciplina y capacidad de trabajo, comenzó sus tareas de investigación en 1908 a los 20 años de edad, siendo aún estudiante, cuando era instructor en la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires.

Sus primeros trabajos versaron sobre los efectos de la hipofisectomía en el sapo y en el perro, tema que él había elegido cuidadosamente por considerar que los conocimientos sobre el mismo eran claramente insuficientes.

A los 23 años, en 1910, fue encargado de la Cátedra de Fisiología de la Facultad de Medicina Veterinaria, y dos años más tarde fue nombrado Profesor Titular de la misma. En 1919 abandonó algunas actividades clínicas y se dedicó por entero a la investigación y docencia en Fisiología por considerar que en esa actividad podía ser más útil a su patria. Para esa época ya era Profesor Titular de Fisiología en la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

Fue el primer profesor en América Latina que se dedicó exclusivamente, full-time, al trabajo en su cátedra, predicando con el ejemplo sobre un aspecto fundamental para el desarrollo científico. Porque, como él mismo lo decía, el hecho de trabajar full-time no confiere dotes de investigador a quien carece de ellas, pero a quien las tiene le permite desarrollarlas y sacar el mejor partido de las mismas.

A diferencia de la mayoría de los investigadores, que se forjan trabajando con otros maestros, Houssay tuvo el extraordinario mérito de haberse "autoformado". Pudo realizar tal hazaña gracias a su firme determinación, a su confianza en sí mismo y en su país, y a una clara visión del camino que se proponía recorrer.

No tuvo oportunidad de tomar contacto directo con grandes maestros de la Fisiología porque no existían en su medio. Solamente a través de la lectura de la historia del conocimiento biomédico y del método empleado por los grandes investigadores del siglo XIX, Houssay podía satisfacer su curiosidad y conocer el desafío que experimenta el investigador nato.

Fue un autodidacta que tuvo que descubrir el método científico por sí mismo.

La lectura de las obras de Claude Bernard, particularmente la "Introducción al estudio de la medicina experimental", lo estimularon en la ruta emprendida y lo afirmaron en su vocación de dedicarse por entero a la investigación y docencia en las ciencias biomédicas.

Siempre expresó su admiración por Claude Bernard, entre otros motivos, por el equilibrio que existe en su obra entre la capacidad de descubrir hechos nuevos, bien controlados, y la de elaborar hipótesis que los interpreten adecuadamente.

Según Houssay la Fisiología avanza entre dos peligros: por un lado el de aceptar teorías no demostradas; por el otro, el temor a formular hipótesis y síntesis. Siempre enfatizó que el mayor peligro en América Latina era la fantasía incontrolada por el trabajo experimental.

En sus giras por América Latina se esforzaba en promover el espíritu crítico y preguntaba continuamente: ¿Cuáles son los hechos en los que se basa su hipótesis? ¿Cuáles son los controles empleados en sus experimentos?

Su formación cultural y científica se realizó totalmente en Buenos Aires. Sus primeros viajes a Europa y América del Norte los hace mucho más tarde, cuando ya había realizado sus descubrimientos fundamentales y creado una sólida escuela de excelentes fisiológos y cuando sus trabajos ya eran reconocidos mundialmente.

Houssay y su escuela, pues, tienen un origen y desarrollo argentino que se proyectó sobre América Latina y luego sobre otros continentes.

Houssay en el Instituto de Biología y Medicina Experimental, en octubre de 1947, cuando recibe el anuncio del otorgamiento del Premio Nobel. Preservada en la Editorial Abril.Este hecho adquiere cada día mayor importancia histórica. Demuestra la posibilidad del desarrollo científico en nuestro continente sin necesidad de formarse en otros. Creemos en la gran utilidad de complementar la formación científica en centros de alto nivel del hemisferio Norte. Ello ensancha los horizontes, abrevia el aprendizaje de lo ya iniciado y permite establecer vínculos directos y amistades con los científicos de otros continentes. Pero estamos convencidos de que uno de los grandes méritos de Houssay y de sus colaboradores es haber abierto el camino de un desarrollo autóctono al crear una escuela fisiológica de raíces propias en un país latinoamericano.

Desde hace varias décadas, concurren a perfeccionarse a esta escuela fisiológica argentina, cultores de las ciencias fisiológicas de los países hermanos. Muchos de ellos están aquí presentes esta noche. En ellos estimuló Houssay el desarrollo de su respectiva personalidad científica, para que a su vez pudieran transformarse en maestros, creadores de nuevos centros de investigación y perfeccionamiento en los numerosos países en que, para su desgracia, está dividido nuestro continente.

Si bien Houssay dedicó su principal esfuerzo a la Argentina, los países hermanos merecieron una alta prioridad en su tarea. Se preocupó continuamente en estimular, ayudar y aconsejar a los fisiólogos latinoamericanos que concurrieron a su laboratorio y a los que conoció en sus continuas giras por el Continente.

Cito textualmente a Houssay cuando dice: "Debemos cooperar para el adelanto científico de los países de la América Latina, como si fuera el propio de la Argentina. Pueblos de orígenes y problemas semejantes, nuestros destinos, reputación y evolución son en gran parte paralelos. El adelanto de uno de ellos beneficia a los otros".

El ejemplo de su labor y su continua prédica van elevando el nivel científico de numerosos centros de ciencias fisiológicas latinoamericanas.

En innumerables facultades e institutos de América Latina, además de presentar los resultados de las investigaciones originales de su Escuela, Houssay enseña con fervor y entusiasmo su credo científico y humanista. Lenta, pero progresivamente va logrando que en más y más centros se adopten los principios básicos que él preconiza para la organización de los centros científicos biomédicos.

Así se va estableciendo el régimen de dedicación exclusiva, que, en Latino América, Houssay fue el primero en adoptar en 1919, expresamente. En 1966, Houssay declaraba con satisfacción que en la Universidad de Buenos Aires había 650 doctores con dedicación exclusiva y que el régimen estaba establecido en la mayoría de los institutos básicos de América Latina.

Su permanente insistencia sobre la necesidad de realizar actividades de investigación original y de no limitarse a la mera labor repetitiva, fue también produciendo frutos en numerosos países latinoamericanos. Explicaba continuamente cómo a pesar de la escasez de recursos materiales y de la diferencia del medio, se pueden realizar descubrimientos originales importantes si se eligen bien los temas capaces de ser abordados con los equipos y el personal disponible.

Lo cito nuevamente: "Sostuve siempre que no hay tipos de hombres privilegiados, ni razas inferiores. Siempre creí que nuestros hombres pueden hacer lo que hacen otros en otros países más adelantados, si se preparan intensamente y trabajan tenaz y reflexivamente. Nuestro atraso era y es remediable aunque corregirlo exija un gran esfuerzo. Es importante tener en todo momento una conciencia clara de nuestras posibilidades y adelantos, pero sobre todo de nuestras limitaciones y atraso, y tener la voluntad inquebrantable de contribuir a remediarlas. Considero igualmente dañinos el escepticismo estéril y el patrioterismo jactancioso".

El 5 de abril de 1958, pronunciando la conferencia en la inauguración de cursos de la Facultad de Medicina en la Universidad de Buenos Aires, y con motivo de su retiro como profesor titular de fisiología. Su reiterada práctica sobre este aspecto estimuló a muchos jóvenes latinoamericanos para iniciar trabajos de investigación que constituyeron el primer paso de una sólida carrera científica.

En las últimas décadas de su vida su gran prestigio internacional hizo que sus palabras fueran atentamente escuchadas por las autoridades universitarias y los gobernantes de los países latinoamericanos. Utilizó su prédica y su ejemplo para impulsar cambios de ordenanzas universitarias y de legislaciones que facilitaron grandemente la labor científica en muchos países latinoamericanos.

A las autoridades académicas les recordaba que la Universidad en América Latina debe ser el centro de la vida intelectual y cultural superior; que debe preservar los conocimientos adquiridos para transmitirlos y crear nuevos conocimientos por medio de la investigación.

Que debe formar profesionales bien adiestrados, con espíritu crítico, capaces de observar y descubrir los problemas y aprender a resolverlos por sí mismos.

Que deben adquirir la aptitud de instruirse toda la vida, ya que luego de graduados tendrán que continuar asimilando nuevos conocimientos y renovar el enfoque de su actividad profesional.

Nunca perdía la ocasión de manifestar a quienes ejercían el poder en los diversos países latinoamericanos que Houssay visitaba, que la investigación científica es una de las bases de la civilización actual. De ella dependen la salud, el bienestar, la riqueza, el poder y hasta la independencia de las naciones; en nuestra era científica y tecnológica una de las principales riquezas de un país está en la calidad y cantidad de científicos y técnicos que posee.

A los gobernantes latinoamericanos les recordaba que el porvenir de la Universidad es una de las bases fundamentales del futuro de un país y que la Universidad es delicada: cualquier agresión la conmueve y daña en forma no prevista. Que se necesitan muchos años para formar un científico o un instituto, pero que se pueden destruir en un instante con efectos nefastos de larga duración. Que la Universidad debe tener plena autonomía (en sus orientaciones, planes, carreras), que debe estar libre de toda intromisión política y que la Universidad debe ser respetada por todos los gobiernos y partidos.

A los universitarios latinoamericanos les recordaba que habían tenido el privilegio de estudiar, graduarse, perfeccionarse e investigar gracias a los recursos aportados por el esfuerzo de todos sus compatriotas: agricultores, obreros, industriales y comerciantes, y que por lo tanto tenían el deber de retribuirlo trabajando en su país para hacerlo progresar.

En ese campo dio personalmente el ejemplo no aceptando cátedras muy bien equipadas, con excelentes recursos materiales y humanos, que continuamente le fueron ofrecidos en Europa y Norteamérica.

Sufría cuando se enteraba de la emigración hacia el Norte de algún científico latinoamericano y continuamente los exhortaba a permanecer trabajando en sus países, ayudándoles a resolver aquellos problemas que estuvieran dentro de sus posibilidades.

Expresó siempre que la juventud latinoamericana es la esperanza del futuro, pues de lo que piensan y aprenden los jóvenes de hoy depende lo que cada país o continente realice en los próximos veinte o cuarenta años. Que la juventud debe tener ideales elevados y pensar en realizar grandes cosas, porque si la vida rebaja siempre y no se logra sino una parte de lo que se ansía, soñando muy alto se alcanzará mucho más. Que los idealistas en acción son los que triunfan y contribuyen a mejorar la vida de sus semejantes.

Siempre estuvo dispuesto para prestar su apoyo decidido a la realización de tareas con enfoque latinoamericano. Fue un entusiasta propulsor en 1957 para fundar la Asociación Latinoamericana de Ciencias Fisiológicas. Participó activamente en todas las sesiones científicas y de organización. Era siempre el primero en llegar con puntualidad ejemplar y el último en retirarse. No faltó a ninguno de los congresos de esta Asociación Latinoamericana y siempre se interesaba por todas las novedades que presentaban los participantes de los diversos países, a los que estimulaba con su consejo o con su crítica constructiva.

Fundó el "Acta Physiologica Latinoamericana" destinada a difundir en todo el mundo la producción de los fisiólogos de nuestro continente. Gracias al prestigio de Houssay, editor jefe del Acta y al buen nivel científico de los trabajos aceptados, esta revista se encontraba en las bibliotecas de las principales universidades de todos los países, donde hacía conocer la labor que realizaban los fisiólogos latinoamericanos.

Sesión Constitutiva del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas presidida por el Félix González Bonorino. De izquierda a derecha: Rolando García, Raimundo L. Parodi, Félix Gonzáles Bonorino, Venancio Deulofeu, Alberto José Zanetta, Pedro E. Aramburu, Bernardo A. Houssay, Ignacio Pirosky, Eduardo Braun Menéndez, Humberto Ciancaglini, Fidel A. Alsina Fuertes, Luis F. Leloir, Eduardo De Robertis; semioculto Julio César Gancedo.Quiero terminar este homenaje con un deseo: que América Latina pueda tener en un futuro cercano muchos hombres de la talla moral e intelectual de Houssay, con su tenacidad, patriotismo y visión de futuro y que esos hombres puedan ejercer su influencia en diversos campos de la actividad humana. Estoy seguro que dentro de dos o tres décadas nuestro continente se hallará entre los más adelantados del mundo, tanto en lo moral como en lo material.

Fuente: Bernardo A. Houssay – VI aniversario de su muerte,
Fundación para la Educación, la Ciencia y la Cultura, 1978.


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18 de septiembre de 1970, un accidente
El retiro de la docencia universitaria
Muerte de Houssay
Sepelio de Bernardo A. Houssay
Despedida de Osvaldo Loudet en el sepelio de Houssay
Algunos recuerdos de Bernardo A. Houssay
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