En septiembre de 1955, luego de los acontecimientos políticomilitares de la Revolución Libertadora, Houssay retornó a la facultad que
había
debido abandonar nueve años antes: "Debí hacerme cargo del Instituto de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires. Lo encontré en un estado de inactividad,
desorganización y corrupción imposibles de imaginar. Por ahora y por cierto tiempo sólo es posible realizar investigaciones científicas en el Instituto
de Biología y Medicina Experimental aunque es pequeño. Tenemos una tarea gigantesca que cumplir, pero nuestro deber es emprenderla con el máximo de nuestras fuerzas".
Designado Profesor de Investigaciones en la Facultad de Medicina, Houssay reorganizó el Instituto de Fisiología con la colaboración de quienes lo habían acompañado en el Instituto de Biología y Medicina Experimental. Aunque apartado del gobierno universitario, recurrieron a él para reorganizar la docencia y la investigación de las facultades de ciencias médicas.
En abril de 1958, al retirarse de la docencia universitaria, Houssay recomendó a los estudiantes la definición de la profesión médica que había escuchado de labios de Luis Güemes (1856-1927): "Es una ciencia difícil, un arte delicado, un humilde oficio, una noble misión".
Ese
mismo año, inició la obra que coronaría sus esfuerzos por la institucionalización de la ciencia en la Argentina, el
Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), que, creado en febrero de 1958 y bajo su presidencia, concedió, en marzo, las primeras becas internas.
Esos años fueron de explosión científica: se crearon el Instituto de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI), y se reorganizó la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).
En 1962 murió la compañera silenciosa de Houssay, su esposa María Angélica.
El 10 de abril de 1967, al recibir el homenaje del 80 aniversario, Houssay afirmó que los homenajes debían señalar el fin de una carrera o glorificar a un muerto: "Por mi parte no cumplo con ninguna de estas dos condiciones, pues aún no me he muerto ni pienso dejar de trabajar".
Pero, inevitablemente, llegaron los años de declinación física que no quebraron su voluntad de trabajo para la tarea que consideraba inacabada. Leloir diría: "Tal vez se quedó demasiado".
Porque, quizás, se había quedado solo pues los discípulos que sentía como los sucesores Orías, Braun Menéndez habían fallecido prematuramente.
En
1970, ya semipostrado, recibió con gran alegría, la noticia de que habían
conferido el Premio Nobel de Química a su discípulo Luis Federico Leloir.
Fue la última, pues falleció el 21 de setiembre de 1971.
Mirando hacia los más de cien años pasados, nos damos cuenta de que la obra de Bernardo Alberto Houssay legitimó a la sociedad argentina. Después de él, la Argentina no se constituyó, solamente, en pos del poder o del lucro sinoensanchando las fronteras del conocimiento.
Pero es necesario, también, darse cuenta de que esta tarea de legitimación no ha concluido sino que, en realidad, comienza con cada generación.
Fuente: Misionero entre Gentiles.
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