18 de septiembre de 1970, un accidente

Fuente: Venancio Deulofeu.

Aunque la claridad intelectual de Houssay permanecía incólume,
un acontecimiento casual señaló, para quien nunca había estado enfermo, la declinación final.

Revista Análisis, Año 7, Nro. 350, 27 de Noviembre de 1967. La ciudad de Viña del Mar, en Chile, fue la sede de la Primera Reunión del Consejo Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura (CIECC), que fué planeada para los días comprendidos entre el 10 y el 16 de setiembre de 1970.

Razones circunstanciales determinaron que la reunión, empezada en Viña del Mar, finalizara en Santiago de Chile. El día 18, nos encontrábamos en un hotel de dicha ciudad, preparando el viaje de regreso, algunos argentinos que habíamos concurrido a la misma. Estaba el Doctor Bernardo A. Houssay, quien había asistido como Presidente del Comité Interamericano de Ciencia y Tecnología, el Doctor Antonio Rodríguez, profesor de la Universidad Nacional de La Plata, la señorita Marta Gil Montero, perteneciente al grupo de relaciones exteriores del Consejo Nacional de Ciencia y Técnica (CONACIT) y yo mismo, por ser en ese momento asesor de la Secretaría de dicho Consejo. Nos habíamos congregado todos en el mismo hotel.

En la mañana del 18 de setiembre, ya vestido para tomar el desayuno, golpeó en la puerta de mi habitación la señorita Gil Montero, quien me dijo que el Doctor Houssay se había lastimado. Me explicó que se había caído en un pequeño desnivel existente entre el corredor que conducía al comedor y el piso de este último. Lo encontré tendido en la cama, dolorido y evidentemente preocupado. El Doctor Rodríguez fue el primero que lo auxilió y estaba tratando de conseguir ayuda, lo que ese día, Fiesta Nacional de Chile, fue un poco más difícil que en un día normal. Por otra parte, algunos de sus antiguos colaboradores chilenos habían ya tenido noticia del problema y ayudaron con sus relaciones y con muy buena voluntad.

Posteriormente se hizo presente el profesor titular de Ortopedia de la Universidad de Chile, quien revisó al Doctor Houssay y le ofreció, si es que deseaba quedarse en Santiago, ponía una habitación y una enfermera para su sólo servicio. El Doctor Houssay le agradeció su ofrecimiento pero manifestó sus deseos de volver a Buenos Aires con los suyos. Fue fácil hablar con su hijo Raúl, explicarle lo que había ocurrido y que al llegar a Ezeiza sería necesario el directo traslado a una clínica.

Más dificultades hubo en conseguir un asiento en un avión de ese día, de manera que pudiera estar en Buenos Aires por la misma tarde o por la noche. Fue afortunado obtenerlo en un avión de Lufthansa, pero el personal de la Compañía manifestó que no podía aceptar un pasajero enfermo, sin que en el mismo vuelo hubiera una persona responsable del mismo. Como el Doctor José R. Llerena Amadeo, quien había asistido a la reunión como Presidente del Comité Interamericano para la Educación, la Ciencia y la Cultura, viajaba en el mismo avión, se le pidió que actuara en ese carácter y como conocía mucho al Doctor Houssay, aceptó inmediatamente la responsabilidad.

Al llegar a Buenos Aires, una ambulancia lo transportó al Servicio de Ortopedia y Traumatología que en el Hospital Italiano dirigía el Profesor Carlos E. Ottolenghi, quien tenía amistad personal con el Doctor Houssay y una gran consideración por el mismo. Allí le hicieron un estudio completo y permaneció en el mismo hasta que su recuperación le permitió abandonarlo. Debe haberle causado agrado que durante su estadia lo visitara el Presidente de la República, General Roberto M. Levingston y recibió con alegría y emoción la visita que le hiciera uno de sus discípulos dilectos, el Doctor Luis Federico Leloir, para anunciarle que le había sido otorgado el Premio Nobel de Química, correspondiente a 1970.

Al salir del hospital, el Doctor Houssay no fue a su casa de la calle Viamonte, donde viviera la mayor parte de su vida, sino que por consejo de su médico ortopedista, que deseaba evitar las escaleras, habitó un piso de la casa de la calle Libertad 1471, que era propiedad de la Fundación Lucio Cherny y que por ser presidente de la misma tenía derecho a ocupar.

Lucio Cherny fue un empresario conocido que creó una fundación con su nombre y en su testamento estableció que el Presidente de la misma debía ser Bernardo A. Houssay. Legó a la Fundación el piso donde vivía, en el domicilio mencionado, y estableció en los Estatutos que su Presidente tenía el derecho de utilizar el mismo como residencia personal. Era un ambiente agradable que ponía en manos del Doctor Houssay la posibilidad de comunicarse rápidamente con su familia y con sus amigos. Allí recibía visitas, teniendo siempre a mano unas cuantas revistas y libros que le interesaban. Allí lo visitó, poco antes de fallecer, el Presidente General Alejandro Agustín Lanusse, acompañado por el Doctor Alberto C. Taquini entonces Secretario de Ciencia y Técnica.

El Doctor Houssay no tuvo una recuperación plena de su accidente. Su vitalidad declinó lentamente hasta su fallecimiento el 21 de setiembre de 1971, pocos días después de cumplir un año de su dolencia.


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Síntesis de este período
Retorno a la Universidad
Nueva sede del Instituto del IBYME
El Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas
Muere María Angélica
Houssay cumplió ochenta años
Federico Leloir, Premio Nobel de Química
18 de septiembre de 1970, un accidente
El retiro de la docencia universitaria
Muerte de Houssay
Sepelio de Bernardo A. Houssay
Despedida de Osvaldo Loudet en el sepelio de Houssay
Algunos recuerdos de Bernardo A. Houssay
Proyección latinoamericana de la obra de Houssay

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