En 1959, el Instituto de Biología y Medicina Experimental fue trasladado al edificio de Obligado 2499,
pues la necesidad de mayor espacio se había hecho imperiosa y desde 1950 venia reclamándose insistentemente, para aumentar la enseñanza y la investigación. Por esta razón las posibilidades de trabajo aumentaron,
por el mayor número de investigadores, los modernos equipos y el aumento de los ingresos.
Con todo, dos pérdidas sensibles habían afectado al Instituto. La desaparición de su primer gestor, consejero y hombre de visión, don Miguel Laphitzondo (Febrero 5 de 1956) y la de uno de los hombres clave en su desarrollo científico y autoridad mundial sin discusión, Don Eduardo Braun Menéndez (Enero 16 de 1959).
El traslado a la nueva sede, mucho más amplia, permitió compartirla con la Fundación Campomar (que la había ocupado en 1958) dirigida por el Profesor Luis F. Leloir, y posteriormente con el Laboratorio de Investigaciones Agrícolas, (VI/1959) cuyo director es el Ingeniero Agrónomo Jorge Molina, y con el Laboratorio de Neurobiología (26/XII/1969) hoy transformado en Instituto de Neurobiología (12/XII/1969), que tiene hoy una nueva sede, a cargo del Doctor Juan Tramezzani. Los tres Institutos mencionados funcionan con total autonomía científica y financiera.
Además,
pudieron incorporarse mayor número de becarios, nacionales o extranjeros, técnicos, y aumentar el número de equipos e iniciar nuevas líneas de investigación. Al mismo tiempo se constituyó en sede de la
Secretaria de dos importantes revistas científicas: Acta Physiologica Latinoamericana y Revista de la Sociedad Argentina de Biología.
Los recursos económicos han provenido de fuentes múltiples, pero siempre de origen argentino. La ayuda extranjera sólo se admitió en forma de donaciones de revistas, libros, aparatos o drogas, y en algunos casos de becas, pero en ningún momento y como principio, se aceptó dinero.
Los fondos de mantenimiento fueron exclusivamente privados, desde su fundación hasta 1955. Se iniciaron con la crucial ayuda de la Fundación Sauberán en 1943, a la que se agregó la del Comité de Ayuda tres años después (1946). La biblioteca y parte de los equipos fueron donados por la Fundación Rockefeller o los Institutos de Salud de los Estados Unidos (NIH) y también por la Fundación Guggenheim. El alquiler del edificio no fue cobrado por el Señor Mauricio Braun.
Después
de 1955, el Gobierno ayudó extraordinariamente, por intermedio de tres Instituciones que sumaron sus esfuerzos a las anteriores, inicialmente con un préstamo por 10 años del Ministerio de Asistencia Social, que luego lo
transfirió al Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). La Universidad de Buenos Aires ayudó
substancialmente al considerarlo Instituto propio, suministrando cargos y subsidios para gastos. El CONICET proporcionó cargos, becas, subsidios para viajes e investigación, sumas para reparaciones del edificio. El Ministerio de Salud
Pública otorgó sumas importantes para los mismos objetivos. En 1960, los aportes de estas instituciones superaron y consolidaron los de las instituciones privadas que lo habían sostenido en los comienzos: la Fundación
Sauberán desde 1943, el Comité de Ayuda desde 1946, las fundaciones Rockefeller y Guggenheim y los Institutos de Salud (NIH) de los Estados Unidos de América. La nueva sede fue compartida con el Instituto de Investigaciones
Bioquímicas de la Fundación Campomar dirigido por Luis F. Leloir.
Durante esos años el IBYME fue afectado, el 5 de febrero de 1956, por el fallecimiento de Miguel Laphitzondo, el primer gestor y consejero, y el fatal accidente aéreo, el 16 de enero de 1959, de Eduardo Braun Menéndez, fundador institucional y maestro científico.
La
investigación científica realizada en el IBYME es desinteresada y aborda problemas básicos de biología o medicina pues, en palabras de Houssay: "La investigación científica fundamental
busca desinteresadamente el conocimiento de la verdad por el estudio de los principios y mecanismos básicos. Es la fuente inmediata o mediata de todos los progresos y mantiene la vida de las ciencias aplicadas, como son la medicina, la biología,
la ecología, la agricultura y las industrias. De ella provienen los adelantos que mejoran la salud, previenen o curan las enfermedades del hombre y animales o plantas y sirven de base a las tecnologías que dan bienestar a la humanidad".
El IBYME ha cumplido tres finalidades:
Los temas estudiados en el Instituto son variadísimos y cubren campos de disciplinas diversas como la histología, la fisiología, la farmacología y la bioquímica, normales o patológicas. Continúan las líneas de trabajo iniciadas en la Facultad de Medicina, a las que se agregan nuevas.
Tal vez, los más conocidos son los temas que se refieren a endocrinología hipertensión y reproducción.
Al referirnos a endocrinología lo hacemos también a diabetes y a metabolismo. Durante este período el estudio de la diabetes aloxánica y la pancreática en sapos, ratas y perros constituyó uno de los temas más estudiados. Se analizaron en estos animales, las alteraciones renales, las oculares, las de los glóbulos blancos, la diferencia sexual, la influencia de la hipófisis y la tiroides, los trastornos de la cetogénesis y las grasas, la acción de las sulfamidas, la de las vitaminas, y diversos problemas relacionados con la hipófisis, el timo, las suprarrenales y las catecolaminas, el metabolismo de los esteroides donde han trabajado numerosos grupos de investigadores. Los estudios sobre hipertensión de origen renal, que se convirtieron en clásicos, demostraron la producción y liberación de renina a la sangre y su interacción sobre proteínas plasmáticas para originar hipertensina y pudieron explicar el mecanismo de la hipertensión arterial.
Los estudios sobre reproducción, principalmente en el sapo; llevaron a la descripción de la conocida reacción del embarazo. En efecto la inyección de gonadotrofinas al sapo macho, libera espermatozoides que pasan a la orina y se pueden recoger en la cloaca. Asimismo se ha estudiado la regulación del ciclo sexual de la rata hembra y su modificación por diversos factores y drogas u hormonas.
A estos temas se agregan los estudios sobre génesis de tumores, crecimiento del pelo; acción farmacológica de diversas sustancias, apetito específico; intoxicación por el plomo; regulación de la respiración y neurofisiología.
La lectura de las 778 publicaciones aparecidas en libros o revistas, nacionales o extranjeros, bajo la dirección de Houssay muestra un promedio anual de 28 artículos originales de distintos investigadores.
Trabajos originales publicados anualmente por los miembros del Instituto de Biología y Medicina Experimental
| 1944-19 | 1951-32 | 1958-27 | 1965-18 |
| 1945-14 | 1952-31 | 1959-35 | 1966-40 |
| 1946-19 | 1953-37 | 1960-35 | 1967-27 |
| 1947-35 | 1954-25 | 1961-18 | 1968- 9 |
| 1948-29 | 1955-28 | 1962-21 | 1969-14 |
| 1949-27 | 1956-23 | 1963-32 | 1970-14 |
| 1950-32 | 1957-38 | 1964-29 | 1971-38 |
La larga y delicada tarea de formación de investigadores es esencial en el funcionamiento de una institución científica. .
Varias condiciones son básicas para llevar a cabo eficazmente esta tarea: tener personal con capacidad suficiente para enseñar; disponer de equipos y medios de trabajo suficientes; dar condiciones económicas a quien trabaja y se dedica y disponer de un ambiente científico general reconfortante. Todas estas condiciones las ha podido cumplir el Instituto, dentro de las limitaciones naturales de nuestro país.
El Instituto dispuso desde un primer momento de la capacidad científica y técnica de investigadores formados. Baste recordar que el doctor Houssay sería laureado con el premio Nobel de Medicina y Fisiología en 1947. Los restantes tenían larga experiencia en la enseñanza y la investigación universitaria.
El Instituto dispuso, desde el inicio, de una excelente biblioteca, un bioterio que suministraba el material biológico necesario y el equipo indispensable.
El personal científico, técnico y auxiliar fue remunerado con fondos de origen privado y, luego de 1955, sostenido por la Universidad de Buenos Aires o el CONICET. Muchos investigadores trabajaban en condiciones de dedicación exclusiva y otros con dedicación parcial. Hubo numerosos becarios argentinos y extranjeros.
La actividad científica, fundada en el amplio y libre intercambio de ideas requiere, de manera indispensable el contacto personal con otros científicos y la lectura cotidiana de las publicaciones.
El personal científico del Instituto ha viajado y conocido otros laboratorios. Todos sus miembros, en una u otra época, estuvieron becados en el extranjero por uno, dos o más años y visitaron o realizaron estadías en otros laboratorios argentinos.
También científicos extranjeros permanecieron meses o años en el Instituto, o realizaron cortas visitas.
Las investigaciones fueron publicadas en revistas nacionales o extranjeras de la especialidad respectiva. Entre las primeras cabe mencionar por su jerarquía y difusión: Revista de la Sociedad Argentina de Biología; Acta Physiologica Latinoamericana y Ciencia e Investigación. La biblioteca del IBYME ha sido actualizada permanentemente con las publicaciones periódicas y los libros de la especialidad de todos los países del mundo.
Houssay, Braun Menéndez y Foglia fundaron en 1956, junto con los delegados de Chile y Uruguay, la Asociación Latinoamericana de Ciencias Fisiológicas, que luego incorporó a casi todos los países del continente. La primera reunión fue en Punta del Este (ROU) del 24 al 27 de abril de 1957, en 1958 y 1959 en Buenos Aires y, en agosto de 1966, tuvo lugar el VII Congreso en Mar del Plata que fue inaugurado por el Profesor Houssay .
Los miembros del Instituto de Biología y Medicina Experimental, con Houssay como Presidente, organizaron, en 1959 en Buenos Aires, el XXI Congreso Internacional de Ciencias Fisiológicas.
En 1981, en el décimo aniversario de la muerte de su maestro, Virgilio Foglia afirmó del Instituto de Biología y Medicina Experimental: "Ha permitido mantener viva la llama votiva de la investigación científica desinteresada durante años de adversidad, ha producido trabajos científicos y ha formado investigadores. Ha demostrado con su creación y existencia la posibilidad e importancia de la ayuda privada y la necesidad de mantener y fomentar la existencia, de instituciones similares destinadas al estudio de los problemas básicos de la ciencia", concluyendo, "El Instituto de Biología y Medicina Experimental honra a la ciencia argentina y al espíritu de sus habitantes, cumple una noble misión y es deber de todos los argentinos y de sus gobiernos mantenerlo y desarrollarlo en beneficio del propio país y en bien de todos".
Fuente: Foglia, V. G. y Deulofeu, V. (editores), Bernardo A. Houssay, Su vida y su obra, 1887-1971, Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales, Buenos Aires, 1971.
Memoria del Instituto de Biología y Medicina Experimental (1957).
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