Fuente: Boletín de la Academia Nacional de Medicina,
por el doctor B. A. Houssay
Tres razones justifican que exponga hoy una síntesis de los estudios que se han realizado sobre la función hipofisaria de tan humilde criatura viviente como es el sapo:
A estas razones se agregan otras que he podido apreciar experimentando en más de 15.000 sapos de la especie Bufo Arenarum Hensel (1) y que justifican su empleo, las cuales son: su abundancia y baratura, su resistencia a los traumatismos, la facilidad de las técnicas operatorias, el gran número y la nitidez de los síntomas de insuficiencia, la rapidez e intensidad de las reacciones observadas después de implantar uno u otro lóbulo de la glándula, la posibilidad de realizar pruebas y contrapruebas más fácilmente que en cualquier otro animal y en grandes series. Por esas razones lo hemos empleado con preferencia a la rana común de nuestro país Leptodactylus ocellatus (L.) Gir, que estudiamos en 1910/16/24 y que es mucho menos resistente (2)
Recordemos que la hipófisis consta (3) de 4 partes:
Las partes intermedia y neural están unidas estrechamente en un lóbulo que equivale al posterior de los mamíferos; pero como en el sapo es anterior, evitaremos confusiones y errores llamándolo lóbulo intermedio-neural.
Es fácil extirpar al lóbulo principal que se arranca entero. Si se saca luego el lóbulo neuro intermedio se tiene una hipofisectomía total. Hasta hoy no hemos podido extirpar o destruir este último lóbulo aisladamente.
La hipófisis está situada detrás del lobus infundibularis, que es un prolongamiento del hipotálamo, situado detrás del quiasma óptico. Lo llamamos corrientemente región infundíbulo-tuberiana.
El estudio de las funciones de la hipófisis y de la región tuberiana se hace practicando extirpaciones, lesiones o implantaciones. Las técnicas que empleamos sistemáticamente para estudiar cada función son: 1, extirpación trausesfenoidal del lóbulo principal sólo o de la hipófisis entera (4); 2, picadura con una aguja fría o al rojo o cauterización al galvanocauterio de la región infundíbulo tuberiana detrás del quiasma óptico o delante de él (5); 3, implantación subcutánea de la hipófisis entera de sapo o por separado de su lóbulo principal o del neuro-intermedio; 4, inyecciones de los extractos de éstos mismos lóbulos o de las partes anterior o posterior (o separadamente sus partes neural o intermedia) de la hipófisis de los mamíferos o de otros vertebrados. Los síntomas que se observan son: cutáneos, genitales, circulatorios, endocrinos, neuromusculares; de los metabolismos gaseoso, azoado, bidrocarbonado, hídrico, sensibilidad a los tóxicos, mortalidad, etc., los cuales han sido estudiados en nuestro Instituto y expuestos en más de 80 publicaciones (6).
Clasificaremos los síntomas comprobados hasta hoy, de acuerdo con su causa funcional, en 4 grandes grupos: 1, insuficiencias hipofisarias; 2, hiperfunciones hipofisarias; 3, síntomas infundibulo-tuberianos; 4, síntomas infundíbulo-hipofisarios.
Sus síntomas aparecen algunos minutos u horas después de la hipofisectomía total; pero no se producen si sólo se extirpa el lóbulo principal o si se lesiona al lobus infundibularis. La implantación o inyección de uno u otro lóbulo los corrige, en este sapo, pero es más activo el neuro-intermedio.
Los síntomas se observan después de extirpar este lóbulo sólo (que equivale al anterior de la hipófisis de los mamíferos) o toda la hipófisis; en el primer caso evolucionan un poco menos rápidamente. No se obtienen por simples lesiones infundíbulo-tuberianas. Estos síntomas aparecen lentamente. A los morfogenéticos y sexuales sólo los compensa la administración de lóbulo principal; a los metabólicos y generales la de uno u otro lóbulo, pero es más activo el principal.
Los síntomas j, m, n, o, p, se producen desde el momento de la operación, el t en 3 a 8 días, los l, s y otros sobre todo a los 1.5-25 días.
Todos los síntomas mencionados (en especial los metabólicos y generales) pueden ser prevenidos o corregidos por la implantación de lóbulo principal de hipófisis de sapo o por su equivalente inyección de lóbulo anterior de hipófisis de mamífero (36). Las modificaciones sexuales no son influenciadas sino por la hipófisis de sapo o menos fácilmente por la de algunos otros batracios (37).
Provocadas por la implantación de uno u otro lóbulo o por la inyección de sus extractos o por la de extractos de hipófisis de mamíferos. En general estos síntomas son opuestos a los de la hipofunción.
Se produce administrando lóbulo neuro-intermedio de sapo o lóbulo posterior de hipófisis de mamífero.
Se observan sólo implantando a este lóbulo las acciones morfogenéticas y endócrinas (sexuales, tiroideas); con este lóbulo y con el neuro-intermedio, se obtienen las acciones metabólicas y algunas generales, aunque es mucho más activo el lóbulo principal o glandular.
Se obtienen poco netas en los normales, pero con mucho más intensidad en los hipofisoprivos.
Se obtienen poco netos en los normales, pero con intensidad en los hipofisoprivos o sin lóbulo principal.
El único síntoma (47) puramente diencefálico, que se obtiene por quemadura con aguja candente o galvanocauterio en la región infundíbulotuberiana, aunque el sapo sea un hipofisoprivo y castrado es:
Lesionando al lobus infundibularis (49) se altera la hipófisis, produciéndose primero un paro de la circulación en su cara ventral, luego un infarto central en el lóbulo principal, se llega al máximo a los 7 días, persiste hasta los 11 a 17 y luego se produce una regeneración glandular, primero con células cromófobas y luego con cromófilas, en unos 25 a 30 días (50).
Como consecuencia de ello hay al principio una exagerada reabsorción de productos glandulares y más tarde una inhibición prolongada de la función hipofisaria (51).
El aumento de reabsorción inicial se traduce por:
La inhibición funcional del lóbulo principal de la. hipófisis se revela por:
Fuera de eso puede haber astenia (es rara, nunca hay en más de 10 a 15 %) (58), ligera diminución inconstante de la altura del epitelio tiroideo (12), glucemia normal o poco disminuida (59), el glucógeno es normal (59), la hemoglobina es normal (60), la frecuencia del corazón es normal (46); la presión arterial es algo irregular (alta o baja), término medio normal (10); los testículos son normales (61)
Aunque no hemos aislado a las hormonas, puede considerarse muy probable, por el análisis de las insuficiencias y restituciones y de las hiperfunciones, que existen las siguiente hormonas.
Lóbulo neuro-intermedio, posee en mayor proporción que el lóbulo principal las acciones melanóforodilatadora (38), vasotónica de capilares y arteriolas (62), oligúrica y reguladora del metabolismo hídrico (39), ocitócica (63) y posee con mucho menor actividad que él la acción reguladora sobre el metabolismo hidrocarbonado (24).
Lóbulo principal, le son propias y exclusivas las acciones: gonadotrópica (16, 41, 42), tirotrópica (12), de crecimiento, cutáneas (44, 45) Posee en común con el otro lóbulo, pero con mucho mayor actividad que él, la acción reguladora sobre el metabolismo hidrocarbonado (24). Posee también en común, pero con mucho menor actividad las acciones melanóforodilatadora (38) y vasotónica (62).
La hipófisis del sapo es un órgano importantísimo pues desempeña funciones metabólicas necesarias para mantener la vida del individuo y otras sexuales y reproductivas necesarias para mantener a la especie.
Es el órgano central de la constelación endócrina. pues es necesaria para desarrollar y mantener el estado anatómico y funcional de las demás glándulas de secreción interna.
El lóbulo neurointermedio gobierna varias funciones.
El lóbulo principal gobierna diversas funciones:
Las lesiones del túber producen lesiones hipofisarias, en los primeros momentos hay una reabsorción glandular inicial y luego un estado de hipofunción más o menos marcado.
Es evidente que todas estas funciones de la hipófisis no se observan en los mamíferos o no tienen igual intensidad que en el sapo. Pero en éste he hallado fenómenos funcionales que luego pude confirmar en los mamíferos. Por eso he estudiado siempre cada función de la hipófisis en este animal antes o al mismo tiempo que en los mamíferos, lo cual me ha sido de enorme beneficio para comprender mejor la de éstos.
(1) En los primeros trabajos mencionamos Bufo marinus como nombre de este animal, pero este error zoológico lo hemos corregido en 1930.
(2) Hemos observado síntomas análogos en Leptodactylus ocellatus (L.) Gir., (ver Houssay 1910-16; Houssay y Ungar, 1924), Bufo Marismus, Bufo panacremis, Bufo Dorbigny Ceratophrys ornata, Hyla sp.etc. , con pocas diferencias.
(3) La estructura de la hipófisis ha sido descripta por Houssay, 1910-16; Trefogli, 1915; Houssay, Giusti, Lascano González, 1920.
(4) Houssay, 1910.16; Giusti y Houssay, 1924.
(5) Delante del quiasma y profundamente se halla el núcleo supra-óptico, que es bastante grande (Greving, 1928; Seharrer, 1934; Carrillo, no publicado) y envía un haz de fibras nerviosas a la hipófisis.
(6) Resúmenes sintéticos anteriores a este: Houssay y Giusti, 1929, 1930 b; Houssay, 1934.
(7) Hogben y Wintou, 1922; Giusti y Houssay, 1924; Houssay y Ungar; 192-25
(8). En otras especies de batracio Alíen ha demostrado que sólo la pars intermedia era activa. El oscurecimiento provocado por implantación de lóbulo anterior es neto y muy persistente.
(9) Houssay, Giusti y Goñalons, 1925; Pasqualini, 1935-36; sobre absorción de agua por la piel aislada, Ungar y Di Benedetto, 1934.
(10) Orías, 1934a. Sobre acción hipertensora de extractos de hipófisis de batracios, Houssay, 1910; Houssay, Giusti y Lahille, 1912; Orlas, 1934a.
(11) Aubrun y Porto, 1934; Aubrun, 1935; Portú, 1936, confirmando a Krogh y Rehberg, 1922.
(12) Magdalena, 1932-33-34.
(13) Houssay y Mazzoeo, 1933.
(14) Giusti y Houssay, 1923.24; Houssay, Giusti y Lascano González, 1929; Houssay y Lascano González, 1929; Houssay y Giusti, 1929~30.
(15) Houssay, 1935.
(16) Houssay y Lascano González, 1930-31.
(17) Houssay,1934 consideramos conveniente afirmar esto más ampliamente.
(18) Datos de Artundo publicados por Houssay y Giusti, 1929.
(19) Houssay, Mazzocco y Rietti, 19,25a; Houssay y Biasotti, 1930; Houssay, Di Benedetto y Mazzocco, 1933.
(20) Orías, 1934b.
(21) Marenzi, 1933-1934b.
(22) Marenzi, 1934.
(23) Houssay y Di Benedetto, 1932.
(24) Houssay y Biasotti, 1930-31-33-36; Biasotti, 1930; Campos, Curutchet y Lanari, 1933; Houssay, Biasotti y Sammartino, 1935; Houssay y Leloir, 1935. Lo mismo observaron Orías (1932) en el pez Mustelus canis y Houssay y Biasotti (1933) en otros batracios y en reptiles.
(25) Di Benedetto, 1931.
(26) Houssay, Mazzocco y Rietti, 1925 Houssay y Potick, 1929. La sensibilidad a otros tóxicos no se altera (Houssay, 191.0, en rana; Giusti, 1921, en sapos)
(27) Braier, 1933.
(28) Magdalena, 1394; Houssay, 1934-45; Aubrun, 1935 Pasqualini, 1935.
(29) Houssay, 1910.16; Giusti y Houssay, 1922-23-24; Houssay y Giusti, 1929-30; Ungar, 193-2; Houssay, 1933-34; Cicardo, 1935a.
(30) Cicardo, 1935a.
(31) Esta astenia es de origen central, porque los primeros trastornos son de un reflejo postural y de la excitabilidad refleja (reobase alta y marcada fatigabilidad), además puede haber convulsiones; la excitabilidad del nervio motor y músculo y su fatigabilidad se alteran poco y tardíamente, (Cieardo), el factor periférico es menos importante (Houssay y Giusti, 192129; Cicardo, 1935).
(32) Giusti y Houssay, 1921-22-23-24; Puente, 1927; Houssay y Giusti; 1929-30; Ungar, 1932; Houssay, 1934; Aubrun 1935; Porto, 1936.
(33) Aubrun, 1934-35.
(34) Orlas, 1934b; Cicardo, 1935b.
(35) Kronhaus, inédito; Cicardo 1935b.
(36) Pero no los síntomas endocrinos puesto que la acción tirotrópica es nula o dudosa y la sexual es nula en este sapo
(37) Mientras que: otros batracios son sensibles a la acción sexual de la hipófisis de mamífero, este sapo es refractario a ella, hecho. aún inexplicado.
(38) Biasotti, 1922; Giusti y Houssay, 1922-24; mejor estudiado por Giusti, 1929-30; Houssay, 1924-34.
(39) Houssay y Potik, 1929; Pasqualini, 1930.
(40) Biasotti, 1930; Houssay y Giusti, 1929-30; Novelli, 1932; Pasqualini, 1935
(41) Houssay y Lascano González, 1929; Houssay y Giusti, 1929 30a; Houssay, Giusti y Lascano González, 1929; Houssay, 1934
(42) Houssay, Giusti y Lascano Gonzalez; 1929; Houssay y Giusti, 1929-10a b; Novelli, 1932a b; Houssay, Biasotti y Sammartino, 1935, La acción gonadotrópica del lóbulo principal no se modificó por tiroidectomía o castración (Novelli, 1932 a b). Hay acción gonadotrópíca en la hipófisis de los peces y reptiles (Houssay, 1932b), pero no para el sapo. En este no producen ovulación las hipófisis de mamíferos ni la orina grávida de mujer. La hipófisis de sapo no produjo acción en el ovario de ratas prepúberes o de conejas.
(43) Ungar, 1932; Houssay, 1933; Aubrun, 1935; Cicardo, 1935.
(44) Ungar, 1932.
(45) Aubrun, 1935.
(46) Orías, 1934b.
(47) Antes creímos erróneamente que eran diencefálicos: la ovulación, la poliuria, la capa córnea gruesa (ver síntomas diencéfalo hipofisarios).
(48) Houssay, Giusti, 1930.
(49) Anatomía e irrigación descriptos por Houssay, Biasotti y Sammartino, 1935.
(50) Houssay y Giusti, 1929;. Houssay y Biasotti, 1930; Lascano González, 1935.
(51) En el perro se observa lo mismo (Houssay, Davis, etc.).
(52) Giusti y Houssay, 1924, Houssay, Giusti y Goñalons., 1925; Houssay, Mazzocco y Rietti, 1925; Schurmeyer, 1926.
(53) Giusti y Houssay, 1922-23-24.
(54) Houssay y Giusti, 1930.
(55) Houssay, Giusti y Goñalons 1925; Houssay y Giusti, 1929-33; Pasqualini, 1935.
(56) Giusti y Houssay, 1922~23~24~29-3O b; Ungar, 1932; Houssay, Biasotti y Sammartino, 1930 b; Aubrun, 1934.35. Por otras lesiones encefálicas, Giusti y Houssay, 1922.
(57) Houssay y Biasotti, 1930; Houssay, Biasotti Y Sammartino, 1935.
(58) Houssay, 1933.
(59) Houssay, Mazzocco y Rietti, 1925.
(60) Parodi, Inédito.
(61) Houssay y Lascano González, 1929.
(62) Houssay, 1910; Houssay, Giusti Lahille, 1912; Orín., 1934 a; Aubrun y Porto, 1934; Aubrun, 1934-35.
(63) Houssay, Giusti y Lascano González (1929) hallaron: en el lóbulo principal, 0.001 unidad internacional por mgr. y 0.04 por lóbulo; en el lóbulo neuro-intermedio, 0.41 unidad por mgr. y 0.95 por lóbulo, es decir Igual a un quinto de lo que contiene el lóbulo posterior de hipófisis bovina. También contrae éste al esófago aislado de sapo (Houssay, Giusti y Lahille, 1912).
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