En 1921, Houssay y Leopoldo Giusti (1889-1958), emprendieron el estudio de las modificaciones cutáneas del sapo privado de hipófisis. "Las partes normalmente verdes adquieren un color bronce obscuro, que a veces llega al negro... Este oscurecimiento de los sapos se observa siempre y solamente en los hipofisoprivos [animales privados de hipófisis]... no es imputable al traumatismo operatorio puesto que no se observó en 10 sapos craneotomizados, pero sin sacar la hipófisis...ni a una alteración trófica de origen cerebral porque no se produjo en 16 sapos a los que, previa craneotomía, se quemó el cerebro con una aguja caliente cerca de la hipófisis, pero sin lesionarla".
Los fisiólogos sostenían interpretaciones contrapuestas acerca de los efectos observados en los animales privados de la hipófisis. Algunos autores proponían que éstos eran, efectivamente, una manifestación de la ausencia de ciertas sustancias producidas por la glándula. Otros, en cambio, aseguraban que eran consecuencia del daño producido en los tejidos circundantes durante la manipulación quirúrgica.
Como las lesiones cerebrales que no tocaban la hipófisis se hacían a cierta distancia de la glándula, los investigadores realizaron experimentos complementarios en los que dañaban metódicamente zonas del cerebro, alejadas o próximas a la hipófisis: "Se obtuvo el ennegrecimiento de algunos sapos con lesiones cerebrales a pesar de que la glándula estaba intacta. Sin embargo, la zona cerebral capaz de producir el ennegrecimiento parece extremadamente limitada".
Para contrarrestar una posible insuficiencia glandular como causa del ennegrecimiento, Houssay y Giusti estudiaron comparativamente diversos grupos de animales: sapos testigos, craneotomizados, privados de hipófisis y veinte sapos privados de hipófisis alimentados con lóbulo anterior de glándula fresca de buey, además de testigos craneotomizados que recibían igual dosis de uno u otro lóbulo. En este experimento, todos los sapos privados de hipófisis, ingirieran o no la glándula bovina, ennegrecieron.
Además, inyectaron extracto de hipófisis fresca a sapos a los que habían extirpado la hipófisis. Houssay concluyó: "la inyección diaria de hipófisis no modifica la evolución del ennegrecimiento. El trastorno cutáneo se debe atribuir a la lesión de una zona nerviosa cerebral y especialmente de la región perihipofisaria [alrededor de la hipófisis]".
Fuente: Tesis doctoral de Ariel Barrios Medina
(Giusti y Houssay, 1921, c).
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