En
1921, Houssay encargó a Enrique Hug la
investigación del papel de la hipófisis en el crecimiento. Para establecer las consecuencias de la carencia de la glándula, Hug comparó perros a los que había
extirpado la hipófisis, total o parcialmente, testigos a los que había abierto el cráneo hasta llegar a la hipófisis pero sin lesionarla y animales no operados.
"La modificación más saliente y habitual que presentaban los hipofisoprivos es el retraso o el paro del crecimiento... Es importante mencionar que algunos pocos perros operados de la hipófisis han crecido normalmente; en algunos quedaban fragmentos importantes de la glándula pero en otros sólo había insignificantes vestigios de parte intermedia. Por otra parte, algunos de los que presentaron atraso marcado del desarrollo y otros síntomas, tenían aún restos importantes de glándula o de lóbulo anterior con parte intermedia".
Houssay y Hug concluyeron: "1°, o la glándula no es un factor esencial insustituible del crecimiento o 2°, la importancia funcional de lo que queda es variable (el examen de los casos no inclina a orientarse en este sentido) o bien 3°, los trastornos se deben a la lesión infundibular y son de origen nervioso. Sería prematuro decidir entre la 1° y 3° hipótesis; la 1° es más seductora hoy por hoy, pero la 3° debe someterse a prueba experimental y lo estamos haciendo actualmente".
Puesto que el atraso en el desarrollo podía atribuirse a la insuficiencia glandular, Houssay y Hug procuraron compensarlo con injertos, y la ingesta (organoterapia) e inyección de extractos de la glándula (opoterapia): "El injerto lo hicimos pocas veces...no dio nunca resultados. La administración diaria de lóbulo anterior o hipófisis entera fresca de bovino ...no dio nunca resultados favorables; tampoco los dio la inyección peritoneal de inyección glandular fresca".
Houssay afirmaría: "No implica deducir que los síntomas presentados por los animales no sean debidos a insuficiencia glandular; pero si esa es su causa, es evidente que la organoterapia no la cura, ya sea porque las sustancias glandulares sean lábiles o no se almacenen o no resistan a la digestión, o bien que la glándula actúa mejor en su sitio normal o sólo en él, o bien que modifique sustancias que le atraviesen, sin segregar nada específico. Antes de sacar conclusiones convendría estudiar si lesiones hipotalámicas dan esos síntomas y por otra parte si injertos que prendan bien atenúan las distrofias".
Seguidamente, Houssay indicó a Hug que estudiara la influencia de las lesiones nerviosas en la base del cerebro (infundíbulohipotalámicas) sobre el crecimiento. A ese fin, Hug lesionó la base del cerebro: "Bajo anestesia etérea y tras la incisión longitudinal del paladar blando, se les clavó unas púas delgadas de fonógrafo, de 12-15 mm. de longitud, perpendicularmente en medio de las dos apófisis pterigoideas, procurando que atravesaran la silla turca y se clavaran en la región infundibular e hipotalámica. Las púas se clavaron totalmente".
En estudios histológicos posteriores comprobaron que "la hipófisis estaba intacta en todos los casos y su estructura era normal. En este caso encontraron: desarrollo general y genital normal, a pesar de lesiones hipotalámicas".
En un segundo lote de perros, los investigadores lesionaron la región infundibular: "Abierto el cráneo a ambos lados se descubre la región hipofisaria insinuándose entre hipófisis y cerebro un gancho agudo de alambre de forma apropiada, con la punta hacia adelante; girando el mango se levanta el extremo agudo y penetra en la región infundibular, moviéndose un poco; luego, por un movimiento inverso se desclava y se extrae".
En este caso "El crecimiento general y genital fue normal, a pesar de extensas lesiones infundíbulohipotalámicas". "A algunos otros animales se les lesionó el cerebro, no se los operó o se les abrió el cráneo sin pinchar el infundíbulo y en estos el crecimiento fue normal".
Houssay y Hug concluyeron: "Lesiones extensas de la región infundíbulohipotalámica no afectan en lo más mínimo el crecimiento, a pesar de ser infinitamente más importantes que las que se producen al extirparse la hipófisis...Pero pudiera deberse esto a que la zona nerviosa que intervienen estuviese adyacente al tallo pituitario y no se lesionara en nuestros experimentos".
Houssay planteaba diversas interpretaciones: "En
favor del papel de la hipófisis en el crecimiento está el hecho de que la ablación extensa de la glándula produce un retraso en el crecimiento, salvo raras excepciones, las que se explicarían considerando a la hipófisis
como uno de los factores importantes y no esenciales del crecimiento...".
"Habla en favor del papel de la glándula el hecho de que en los renacuajos se observe un retraso o paro del crecimiento (con hipoplasia tiroidea, falta de metamorfosis y coloración albinótica de la piel),
cuando se saca el lóbulo anterior. El injerto glandular contrarresta estos trastornos. La ingestión de hipófisis entera (o lóbulo anterior) bovina no influencia ese estado, pero en cambio la inyección peritoneal de
extracto de lóbulo anterior de hipófisis bovina hace recuperar el crecimiento y el color normal, produciéndose la metamorfosis. Los resultados podían compararse con los de Evans y Long, que no pudieron influenciar el
crecimiento de las ratas por ingestión de hipófisis, pero sí por inyecciones peritoneales de su extracto.
En esa forma el hecho que señalamos en nuestro trabajo precedente, de que no conseguimos modificar al retraso de crecimiento de los hipofisoprivos suministrándoles por boca hipófisis fresca (o lóbulo anterior), no
significa una prueba decisiva en contra de la hipófisis.
Será preciso ensayar el efecto de las inyecciones peritoneales, lo que nos proponemos hacer. En último caso insistir con los injertos".
Fuente: Tesis doctoral de Ariel Barrios Medina
(Houssay y Hug, 1923 c).
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