"Mi primer trabajo sobre la hipófisis fue empezado en 1908 sobre la rana y publiqué un resumen sobre ellos en 1910, presentándolo primero al Congreso Médico del Centenario que se realizó en Buenos Aires, donde nadie me prestó atención excepto los profesores italianos Lustig, profesor de patología en Florencia, y Perroncito, el célebre parasitólogo de Turín que fueron al microscopio, miraron mis preparaciones, conversaron conmigo y me estimularon".
Houssay justificó el estudio experimental sobre la hipófisis de la rana apelando a los resultados obtenidos por otros fisiólogos en la investigación de las funciones de las glándulas tiroides y suprarrenales, su similitud con la hipófisis de otras especies y la seguridad instrumental que ofrecía este animal sobre los vertebrados superiores.
Mediante esta investigación inicial, Houssay procuraba un estudio analítico de la función de la hipófisis para luego intentar investigaciones de síntesis fisiológica.
Con este objetivo retomó, mediante la lectura autodidáctica, las técnicas de sus contemporáneos: la quirúrgica (ablación o injerto de la glándula), la biológica (acción in vivo de extractos de la glándula) y la farmacoquímica (aislamiento del principio activo de la secreción de la glándula).
Hacia
agosto de 1907, Houssay lograba las primeras hipofisectomías exitosas en la rana, extrayendo la glándula a través del paladar mediante las técnicas de Arnoldo Casselli (1874-1898) y Gaetano Gaglio (1858-1925), las que había
perfeccionado.
Houssay subrayó, entonces, que el método de extirpación de las glándulas endócrinas era, en general, "el primer medio al que los fisiólogos recurren para averiguar sus funciones".
Tras cuidadosos controles histológicos análisis de los tejidos que le permitían determinar si éstos eran o no restos de hipófisis Houssay llegó a la conclusión de que la hipófisis era un órgano indispensable para la vida, aunque los animales privados de hipófisis podían sobrevivir si recibían injertos de la glándula.
En 1916, los trabajos de hipofisectomía en perros le permitieron corregir estas conclusiones: lo que había creído que eran restos de hipófisis que aseguraban la supervivencia, eran restos de otros tejidos. Por lo tanto, la extirpación total de la hipófisis, aunque altamente mortal, era compatible con la vida.
Fuente: Tesis doctoral de Ariel Barrios Medina.
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