En
1904, el joven Houssay fue llamado a cumplir el servicio militar, que realizó sin atrasar
ni interrumpir ninguna de sus actividades.
Durante 1909 y 1910, Bernardo residió en el Hospital de Clínicas donde era practicante menor. De esta manera, vivía muy cerca de donde estudiaba, investigaba y trabajaba. Sin embargo, nunca perdió contacto con la familia y si bien no le gustaba bailar, de vez en cuando acompañaba a sus hermanas.
En
1909, su padre, Alberto Houssay, murió de diabetes. Tenía 58 años. Aunque ya en este entonces Bernardo sostenía la
necesidad de la dedicación exclusiva a las tareas de docencia e investigación, tras la muerte del padre se convirtió en el principal soporte económico de la familia, por lo que debió tomar cargos adicionales.
En los últimos años, la relación entre padre e hijo se había estrechado. Alberto se sentía muy orgulloso de los logros de su tercer hijo, a quien consideraba muy parecido a sí mismo. Tenían largas charlas en las que solían conversar de las potencialidades de Argentina y que despertaron en Bernardo un "deseo ferviente de ver a mi país al nivel de las primeras naciones del mundo". Bernardo recordaría, en años subsiguientes, que sus logros no tenían como objetivo su gloria personal sino cumplir con el deseo de que Argentina se convirtiera en una de las grandes culturas del siglo XX.
Entre
los parecidos con su padre, además de una contextura física similar, Bernardo contaba con la misma resistencia a la fatiga. Durante los años de estudiante, y mientras tuvo tiempo, Bernardo practicó deportes: "en
realidad yo era delgado y no tenia un tipo muy atlético pero me agradaba hacer ejercicio por razones de salud y de placer, de modo tal que he practicado fútbol, rugby, remo y carreras.
No era un jugador destacado de ningún deporte, pero como capitán del segundo equipo de rugby de la facultad me ocupaba de cuidar a los jugadores, obligarlos a llegar puntualmente a los partidos y mantenía el espíritu
de grupo y la disciplina"
"Era sumamente resistente y por eso me estimularon a correr carreras de 800 metros., muchas de las cuales he ganado". Para entrenarse, Houssay aplicó algunos de los principios de fisiología que había aprendido. Esto provocó algunas reacciones de sorpresa entre los espectadores cuando, en una ocasión, inmediatamente después de cruzar la meta, se tiró al piso para relajar los músculos en forma inmediata.
En 1915, Houssay era jefe de á Sección Sueros del Instituto Bacteriológico, donde conoció a la joven química María Angélica Catán (1896-1962) quien sería su esposa.
Fuente: Herbert MacLean Evans., cap. 2 y 3.
Copyright © los Autores