A
comienzos de 1910 quedó vacante la cátedra de Fisiología en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, en la que se desempeñaba el Profesor Jules Lesage, el cual envió su renuncia desde Europa: "El
decano, doctor Horacio Piñero y le inquirió quiénes eran las personas que podían dictar interinamente el curso. Se
tuvieron en cuenta tres candidatos, y como resultado de dicha conversación, fui invitado ese mismo día a entrevistarme con el doctor Arata, el cual me distinguía con especial amistad desde que me felicitara por un examen de química
orgánica. El doctor Arata me propuso que me hiciera cargo inmediatamente de la cátedra y, como me viera sorprendido, me hizo presente que él había sido profesor a los 18 años. Pedí unas horas para
reflexionar, consulté opiniones y, finalmente, acepté. Tres horas después se me nombró encargado del curso".
La designación suscitó oposición entre los estudiantes, quienes arguyeron que Houssay era demasiado joven y que provenía de otra facultad. Decidieron, entonces, enviar un grupo que evaluase la clase del profesor antes de tomar alguna acción en su contra. Houssay dió una clase teórica y práctica e hizo que los alumnos participaran de ella, los que escucharon con actitud crítica e informaron a los ausentes. La opinión resultó favorable. La segunda clase contó con el doble de asistentes y, a la tercera, asistieron todos los alumnos. A las pocas semanas, los estudiantes que tenían clases con Houssay en la mañana regresaban por la tarde para seguir sus demostraciones y experimentos.
En 1912, Houssay ganó el concurso de profesor titular.
En la
Facultad de Agronomía, Houssay dispuso de un laboratorio equipado y animales para la investigación: "Fue para mí una gran suerte poder trabajar en la Facultad de Agronomía y Veterinaria por que tuve
una posición más independiente y también medios de trabajo, porque en la Facultad de Medicina se tenía la idea de que los gastos de laboratorio eran para los trabajos prácticos y no para realizar investigaciones".
Ese
primer laboratorio se encontraba en un edificio precario: "Los días de lluvia había goteras y solía correr el agua por fuera y por dentro de las paredes, llenando a veces, parte del sótano. Las mañanas
de invierno cuando llegábamos a las siete y media, con la escarcha afuera, era tal el frío, que había que calzar zuecos y poner rejillas de madera sobre el piso glacial para que el profesor y los alumnos pudieran permanecer de
pie, haciendo las demostraciones".
Hug recordaba "la intensidad y seriedad de la labor desarrollada a pesar de la estrechez y de la escasez de elementos con que se contaba".
En esas circunstancias, Houssay formó los primeros discípulos: "Es falsa la creencia de que bastan los recursos y los laboratorios o los sueldos para tener ciencia. Esta depende de hombres selectos, no de
edificios suntuosos...".
Fuente: Herbert MacLean Evans., cap. 2 y 3.
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