En
1904, Carlos Malbrán (1862-1940), presidente del Departamento Nacional de Higiene y profesor de Bacteriología en la Facultad de Ciencias Médicas, puso la piedra fundamental del Instituto Bacteriológico destinado a la
investigación microbiológica y la producción de sueros y vacunas. El empuje de José Penna (1855-1919), sucesor de Malbrán en la presidencia del Departamento Nacional de Higiene, logró que el instituto,
fundado según el modelo de los de Viena, París y Berlín, fuese concluido e inaugurado
el 10 de julio de 1916.
El
instituto había sido fundado en 1911 "para la investigación, producción y control de sueros, vacunas y medicamentos de origen bacteriano y opoterápico". Su construcción y equipamiento fue el
instrumento que libraría a la Argentina de las enfermedades infecciosas. El emblema del nuevo instituto expresaba la voluntad de que las instituciones de salud de la Argentina quedasen en manos de médicos formados científicamente:
"Salus Populi Suprema Lex Esto" (Sea la Salud Pública la Ley Suprema).
Entre los firmantes del acta de inauguración del Instituto Bacteriológico se encontraba un joven "fisiólogo organoterápico". Ese joven, el doctor Bernardo Alberto Houssay, había sido invitado en 1915 a integrarse al personal del instituto por el científico austríaco Rudolf Kraus, miembro del Instituto Seroterápico de Viena, que había sido contratado para dirigir al flamante instituto. Kraus conocía a Houssay como a un hombre dedicado a la ciencia e infatigable en su trabajo.
Kraus también
invitó a integrarse al Instituto Bacteriológico al químico Alfredo Sordelli, quien trabó una profunda relación
científica y amistad personal con Houssay. Ambos investigadores colaborarían en la investigación de los venenos y sus efectos sobre la coagulación sanguínea.
Houssay fue designado Jefe de la Sección Sueros, donde organizó la producción de sueros antiofídicos. También editó, de su bolsillo, un folleto sobre serpientes venenosas; ideó y dispuso el envío de recipientes al interior del país para que, al devolverlos con serpientes, se entregaran a cambio ampollas de suero antiofídico; gestionó y obtuvo el flete gratuito por ferrocarril de estos envíos y la difusión por la prensa del proyecto. Además investigó, provechosamente, otros problemas genuinamente nacionales: las plantas venenosas y el bocio endémico.
En el Instituto
Bacteriológico, Houssay conoció a la joven química María Angélica Catán a quien, como
jefe de la Sección Sueros, proveía de las ponzoñas de serpiente que ella requería para elaborar la tesis doctoral. En
1920, contrajeron matrimonio.
"En el año 1919 fui designado Profesor de Fisiología de la Facultad de Ciencias Médicas de Buenos Aires, cátedra a la que opté por considerarlo necesario para el progreso de la materia y de las ciencias médicas en el país. Pedí y obtuve que se me considerara profesor full time, e hice establecer reglamentariamente que no podría ocupar otros puestos. Esta decisión me obligó a dejar, con verdadero sentimiento, la posición científica en el Instituto Bacteriológico. Aunque mis entradas pecuniarias disminuyeron mucho con el ascenso, en cambio pude servir mejor a mi país y a mis ideales, consagrándome con dedicación exclusiva al ejercicio de la docencia y la investigación".
Rudolf
Kraus, el científico extranjero que había llamado a Houssay a colaborar al Instituto Bacteriológico, fue quien ponderó plenamente el alcance de esta decisión, considerándola un "acontecimiento
memorable en la evolución de la medicina teórica argentina".
Fuente: Herbert MacLean Evans., cap. 2 y 3.
Tesis doctoral del doctor Ariel Barrios Medina
Misionero entre gentiles (biografía de Houssay)
Recuerdos de un profesor y consideraciones sobre la investigación
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